La peor selección del mundo
¿Tonga? ¿Bahamas? ¿Gibraltar? No... Solo una selección del mundo ha logrado alcanzar un nivel tan alto de consistencia cuando se trata de rendir por debajo de las expectativas.


Según el ránking FIFA (un índice con un grado de fiabilidad comparable al de las empresas que realizaron las encuestas sobre el Brexit o las elecciones estadounidenses), varias selecciones comparten el (des)honor de ser la peor del mundo. Entre las siete selecciones que no suman ni un punto en este ránking, se encuentran las islas caribeñas de Anguila o Bahamas, las africanas Yibuti, Eritrea o Somalia, la recién llegada Gibraltar o la selección de Tonga, una diminuta isla de la Polinesia.

La mayoría de estas selecciones comparten unas características comunes: una población reducida (Somalia es la excepción, con más de diez millones de personas), un patente desinterés por el fútbol como deporte y la existencia de problemas más acuciantes que reunir a once tipos en pantalón corto para que pateen un balón. Quizás debamos ir algo más allá que el ránking FIFA para encontrar a la peor selección del mundo. Este honor debería recaer en aquella selección que, en relación con sus recursos, obtiene los peores resultados. Imagino que, a estas alturas, habrán adivinado hacia dónde nos encaminamos irremediablemente.

Recurramos a algunos datos macroeconómicos, como la población o la renta per cápita, y a indicadores específicos sobre la práctica del fútbol, como la existencia de una liga potente o el número de practicantes federados. Tras Alemania, Reino Unido es el tercer país más poblado de Europa, justo por detrás de Francia. Es el quinto país del mundo con mayor PIB (por detrás de Estados Unidos, China, Japón y Alemania). La federación inglesa es la sexta con mayor número de federados en el mundo (le superan, en este orden, Alemania, Estados Unidos, Brasil, Francia e Italia). La Premier League es la liga de fútbol más seguida en el mundo y la que genera más dinero en derechos de televisión.

Y, sin embargo, Inglaterra, a pesar de inventar el fútbol y establecer sus normas, solo ha conquistado un título importante en su historia (el Mundial de 1966, organizado en suelo patrio). Su más reciente participación concluyó con una derrota ante Islandia, un país del tamaño de Leicester. Su población es tan reducida que un hombre islandés entre 20 y 40 años tiene una posibilidad entre 2.000 de jugar con la selección de su país.

Es difícil encontrar una selección que defraude consistentemente a sus aficionados como la inglesa. Argentina no pasa por el mejor momento de su historia reciente pero es subcampeona del mundo. Brasil fracasó estrepitosamente en el último Mundial tras caer en semifinales… una ronda que Inglaterra no alcanza desde la edición de 1990. Francia tampoco está para tirar cohetes pero al menos ha ganado un Mundial en color. Países Bajos no logró siquiera clasificarse para la última Eurocopa pero estamos hablando de un país con menos de 17 millones de personas. ¿Italia? Campeona del mundo en 2006, finalista de la Euro en 2012.

Y esta no ha sido una mala semana para Inglaterra. Goleó a Escocia por 3-0 y estuvo a punto de ganar al equipo suplente de la selección española. Algunos jóvenes, como John Stones, Dele Alli, Raheem Sterling o Harry Kane permiten mirar al futuro con algo de optimismo. Quién sabe, incluso soñar con la posibilidad de, un día, dejar de ser la peor selección del mundo.

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