La suerte del campeón
El Liverpool se ha acostumbrado a vivir en la agonía. A guardarse la alegría para el final. A las victorias 'in extremis'. Con su partido frente al Crystal Palace como ejemplo más reciente, los reds siguen rascando tres puntos en los últimos minutos y mantienen su liderato y distancia con respecto a sus perseguidores.
Milner penalti Leicester

El Liverpool es como aquel alumno pasota de clase que siempre sacaba buenas notas. El tipo al que todo el mundo le tenía un odio que guardaban en silencio y solo algunos pocos se atrevían a comentar por los pasillos. Aquel que nunca hacía la tarea, el que asumíamos que tenía un gran mundo interior porque nunca estaba atento en clase, a veces ni se presentaba. No sabíamos si había cambiado de instituto o estaba enfermo. Era un fantasma con cuerpo, valga la contraposición, el Mesut Özil de la clase. Sin embargo, el día del examen, reaparecía y sacaba un buen resultado. Y tú, que habías estudiado y te habías repetido que esa vez no ibas a fallar, pues fallabas. Tan previsible como un error de David Luiz, una mala temporada del Everton o el Wolverhampton fichando a un futbolista portugués.

El Liverpool se ha convertido en un tipo acomodado que conoce y asume sus cualidades. Se ha acostumbrado a hacer los deberes en el último momento y acabar los trabajos trasnochando. Si hay algo en lo que están destacando los de Jürgen Klopp esta temporada es que están sumando puntos agonizando, en los últimos minutos. La popularmente conocida como ‘suerte del campeón’.

La temporada pasada, los scousers aprendieron que la Premier League es una carrera de fondo, que hay que dosificarse. Toda la presión y victorias trágicas que el Liverpool conseguía en momentos puntuales las ha repartido a lo largo del curso. Hasta ahora. Los reds han llegado a un punto fronterizo que desconocían. A los de Klopp les cuesta ganar cómodamente. Es normal, porque los cambios tácticos son pocos y los análisis de los rivales van en aumento. Todos los equipos tratan de cortar las alas a Trent Alexander-Arnold y Andy Robertson, descubrir a Roberto Firmino, extirpar los pulmones a los centrocampistas, derrotar al gigantón Van Dijk y humanizar a Sadio Mané y Mohamed Salah. Algunos han quedado cerca de conseguirlo.

Tan solo en Premier League, los scousers han podido puntuar hasta en seis ocasiones en los últimos veinte minutos de partido. La suerte brotó ante el recién ascendido Sheffield United. Con un solitario gol de Gini Wijnaldum, el Liverpool asaltó Bramall Lane. El brote se prolongaría alguna semana más. En Anfield y ante el Leicester City, los de Brendan Rodgers salieron derrotados a causa de un penalti convertido por James Milner, una de las pocas certezas de esta vida, en el minuto 95. Un domingo más tarde, el Liverpool lo repitió, aunque fue empatando. En Old Trafford, Adam Lallana igualó el marcador a solo cinco minutos del final. Lallana cumplió, de esta forma, otro ciclo vital. Marcó, para recordarnos que sigue siendo jugador del Liverpool y que nos lamentásemos –pensando qué habría sido de su carrera sin las lesiones– para luego desaparecer y caer en el completo anonimato. En algunos meses, volverá a marcar y maldeciremos los contratiempos del inglés. En un punto indeterminado entre el primer y el segundo punto pensaremos que podría ser un recambio de garantías para el centro del campo red.

Tras coquetear dos jornadas seguidas con el pinchazo en liga, los reds fueron a por una tercera. En el Tottenham Hotspur Stadium, tras ir por detrás desde el primer minuto a causa de un gol tempranero de Harry Kane, Salah no falló desde el punto de penalti para salvar a los de Klopp en el minuto 75. Las dos últimas grandes proezas del Liverpool en la Premier League fueron lejos de Anfield. La primera de ellas fue en Villa Park, donde los de Klopp se llevaron los tres puntos (1-2) con un gol de Robertson en el 87 y otro de Mané en el 94. La segunda, en Selhurst Park con un tanto de Firmino en una jugada típica de patio de colegio, con muchos rebotes y gente por el suelo. Fuera de casa, el Liverpool ha marcado más de la mitad de sus goles (7 de 13) en el último cuarto de hora de encuentro.

El gol de Firmino en Selhurst Park fue la culminación de la última victoria agónica del Liverpool esta temporada. / Getty Image
El gol de Firmino en Selhurst Park fue la culminación de la última victoria agónica del Liverpool esta temporada. / Getty Images

La suerte ha acompañado al Liverpool durante toda la temporada, también en la Carabao Cup. Tras derrotar al MK Dons en la tercera ronda, el sorteo le emparejó con el Arsenal en octavos de final. No solo consiguió empatar en el descuento, gracias a un tanto de Divock Origi en el 94’, sino que se llevó la eliminatoria en la tanda de penaltis. Y aunque muchas veces las copas sirven como maquillaje a una temporada regular, son trofeos que han permitido a varios entrenadores seguir ocupando sus banquillos un tiempo más. Eso sí, con una suerte distinta a la tuya. El sobresaliente de educación física no hacía olvidar el supenso en matemáticas.

Con el Liverpool siempre hay un cliffhanger, un motivo por el que no apagar el televisor antes de tiempo. Lo sabe Klopp y lo representa Origi. Un futbolista que ha tenido la suerte de estar en el sitio justo y el momento adecuado. Pero durante muchas veces. Demasiadas, quizá. Y es que Origi se ha ganado que le expliquemos a nuestros hijos y nietos sus anécdotas, sus goles históricos pero no menos rocambolescos: el gol al Everton tras una parábola, físicamente inexplicable, en forma de volea de Van Dijk o la remontada europea ante el Barcelona. Si atendemos únicamente a los hechos, podríamos considerar al belga como uno de los mayores prodigios de la historia del fútbol y del deporte en general. Sin embargo, lo único que le ha diferenciado de Danny Ings o Ricky Lambert ha sido eso: suerte. Porque, sin contar rotaciones y lesiones, Klopp solo piensa en Origi a partir del minuto 75. Lo único que debe entrenar el delantero es el cambio. Literalmente. Cómo chocar la mano a su compañero, con qué pie entrar al campo, si hacerlo con o sin saltito, haciéndose la señal de la cruz o mirando al cielo. El resto –los goles– llegan por inercia.

De las nueve grandes remontadas del Liverpool este año, Origi ha estado sobre el campo en siete de ellas. A las ya mencionadas, añadimos el 4-3 al RB Salzburg y el 2-1 al Genk en Champions League. Tan solo pasó desapercibido en Old Trafford, donde fue substituido antes de que Lallana marcase el gol definitivo, y en la victoria por 2-1 ante el Tottenham, cuando saltó al campo con el 2-1 favorable en el marcador, ya en el tiempo añadido.

Con las proezas de Origi y la varita de Klopp, el Liverpool se ha malacostumbrado a ganar sus encuentros en los últimos minutos. Más resultadistas que trascendentales, queriendo sumar puntos y ver cómo sus perseguidores van tropezando . Los reds están conociendo sus límites, viajan cerca de la frontera sabiendo lo que hay más allá. Pero sin miedo al error. Sin miedo a suspender. Sabiendo que al final de la cuerda está la Premier League y que el funambilista ya no puede mirar hacia atrás.

Comentarios
Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información