Laporte, el acelerador zurdo que deseaba Guardiola
El Manchester City ha anunciado el fichaje del central francés Aymeric Laporte procedente del Athletic Club de Bilbao a cambio de 70 millones de euros. Un fichaje de futuro que aporta profundidad y, sobre todo, una salida limpia de balón desde el carril izquierdo.

Cuando apenas hemos acabado de digerir las declaraciones de Pep Guardiola sobre la incapacidad del Manchester City para competir en las cuatro competiciones con garantías al no tener veintidós jugadores realmente top, el club ha hecho oficial el fichaje de Aymeric Laporte tras abonar la cláusula de rescisión en la federación española de fútbol. Una cantidad de 65 millones de euros, a los que habrá que sumar otros cinco en concepto de derechos de formación. Dejo las valoraciones económicas a otros y paso a opinar sobre lo que puede aportar el central nacido en la localidad francesa de Agen hace 23 años al conjunto de la parte azul celeste de Mánchester.

Lo primero que conviene destacar es la lateralidad del francés: zurda. Eliaquim Mangala también lo es pero su rendimiento en el City ha sido muy bajo, principalmente por su incapacidad para marcar diferencias con el balón en los pies, algo básico para conquistar a Guardiola. Aunque el equipo está jugando de maravilla con dos centrales diestros (Nicolás Otamendi, John Stones y Vincent Kompany, los centrales más utilizados, son diestros), contar con un central zurdo de calidad en la salida de balón abre un nuevo abanico de posibilidades al juego del equipo. Recibir, conducir o pasar balones cerca de banda (situaciones muy habituales en el City) con la lateralidad adecuada permite dotar de velocidad al juego, ya que el central puede jugar a un toque hacia fuera con más facilidad o en vertical con una visión mucho mejor de hacia dónde dirige el balón. La conducción es más apropiada porque la amenaza más cercana (el delantero que le presiona) llegará por el medio y el balón es protegido con la pierna menos hábil (diestra) para jugar con "la buena" (zurda). En definitiva, un central zurdo por izquierda aporta mayor velocidad al juego.

Laporte posee una visión de juego muy apropiada para lo que se busca en el Etihad: un central que pueda batir líneas de presión rivales filtrando pases de calidad a los centrocampistas o incluso directamente a los extremos. Pasa con precisión hacia dentro y hacia fuera e incluso tiene capacidad para encontrar a compañeros alejados con diagonales. Es atrevido (“he has big balls”, que le gusta decir a Guardiola) para intentarlo y, al menos sobre el papel, encajará como un guante en el modelo de juego del equipo. El fichaje de Laporte permitirá a Guardiola volver a utilizar la defensa de tres más dos carrileros cuando lo estime necesario, seguramente con Stones en el centro y Otamendi en el costado derecho.

Pasemos a la otra faceta de un jugador en el terreno de juego: cuando su equipo no tiene el balón. La principal virtud del nuevo jugador de Guardiola es su capacidad para defender hacia delante. Laporte es un buen anticipador y suele acertar en la toma de decisión de cuándo ir hacia delante o cuándo temporizar. Además, destaca por sentirse cómodo con muchos metros a la espalda. También hay que resaltar su capacidad para jugar el balón en ventaja a compañeros una vez recuperado (en este sentido, no es un "despejador" de balones).

Como sucede con cualquier fichaje, también existen algunas incertidumbres. Laporte no llega a Mánchester en el mejor momento de su carrera, aunque aún es muy joven y seguramente un salto de este calibre sea lo que necesita para relanzarse y seguir progresando. Es un gran reto ir aún club de esta envergadura y si el jugador tiene margen de mejora, desde luego va a uno de los sitios más apropiados para explotarlo. Parte de sus virtudes, sobre todo las defensivas, se pueden ver mermadas por las características de los rivales. El "ritmo Premier" es muy alto y seguramente necesite tiempo para adaptarse, si bien los altos niveles de posesión de su equipo le ayudarán a minimizar ese riesgo. El físico de los delanteros a los que se enfrentará también puede ser un hándicap para el ya exjugador del Athletic Club: acostumbrado a gozar de una superioridad física en la mayoría de los casos, en la Premier League se verá igualado e incluso superado a menudo. En este sentido, tendrá un buen maestro en Otamendi: el año que el argentino pasó en el Valencia fue de una exuberancia física arrolladora en casi todos los partidos de LaLiga pero, en sus primeros meses en Inglaterra, perdió muchos duelos, hizo faltas en zonas peligrosas e incluso se cargaba de amarillas rápidamente. El diferente contexto, incluyendo un nivel de permisividad diferente en el arbitraje, afectó también a su rendimiento con balón y es algo que también le puede ocurrir al joven francés. Los reveses sufridos sin balón pueden afectar a su juego con balón, ya que le restan confianza e incluso las disputas fatigan más y hacen decidir y ejecutar peor.

Laporte apuntaba muy alto hace dos años pero su progresión parece haberse frenado desde entonces, tal vez por falta de ambición o quizás porque el jugador se ha acomodado en demasía en el Athletic y en LaLiga. A pesar de eso, el fichaje (más allá de su importe) se antoja como un pleno acierto porque aportará profundidad a la plantilla, variedad en el juego y mucho futuro. Aunque en un presente inmediato quizás no esté en condiciones de ocupar un puesto como titular (al menos mientras Guardiola mantenga la línea de cuatro defensores), entre otras cosas porque se incorpora a un equipo que está demostrando un nivel extraordinario esta temporada. Pero el secreto al fichar a un jugador no es analizar lo que aportó en su anterior equipo sino lo que aportará en el futuro en el siguiente. Y en este caso, esa aportación debería ser cuantiosa.

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