Las dificultades de alzar la vista, por Michael Olise
A la nueva estrella del equipo de moda en Championship, el Reading, le sigue costando regatear sin tener los ojos pegados al balón. Pero es normal. Cuando haces algo tan bien, no poder dejar de observarlo es una tentación compartida por todos. La clave está en lo que sucede a continuación, cuando observas lo que te rodea. Y a Olise, le rodea la magia.
Michael Olise. / Reading FC

 

Cuando alces la cabeza, no debes tardar un segundo en decidir. El fútbol inglés es voraz. Vertiginoso. Arrollador. Así que debes asegurar que, en el momento en que tus ojos se separen del suelo, y otees el horizonte desde el saliente de tu regate, tengas todas tus piezas contigo y no te vayan a pasar por encima, y mandar a la lona, en cuestión de un chasquido, sin contemplaciones. El problema es que alejar la vista del balón, del suelo, de tus pies, y confiar en ti mismo, es el mayor pecado cometido por la juventud y a la vez la mayor virtud que cualquier futbolista talentoso debería luchar por adquirir. Si pasas por encima de este paso intermedio, ganas mucho. El problema es conseguir dar el salto.

Y a Michael Olise le cuesta. Es un jugador que, por definición, encaja en el concepto quasi-olvidado del extremo “de toda la vida”. Juguetón, ensimismado por momentos, muy cómodo yéndose por las ramas de su fútbol. Y con los ojos puestos en el suelo. Lo que le hace tan valioso es que, cuando alza la vista, lo que suele pasar a continuación te sorprende, en la mayoría de las ocasiones. Un regate que deja a su equipo con superioridad numérica, un pase que regala una ocasión clara para un compañero o un gol, directamente. Y por eso media Premier sigue sus pasos.

Pero Olise, que ha explotado en este inicio de la Premier con los 'Invencibles' modernos, el Reading -aunque esto sea sobrerreaccionar sobremanera-, no es una “one-streak-wonder”. Una promesa que esté teniendo sus 15 minutos de fama. A él le pertenece un show completo y no ser un simple colaborador del mismo. Lo que está pasando en este comienzo de temporada es, simplemente, algo que en Reading ya veían venir. Aunque quizá no se esperaban que sucediera tan “pronto”.

Los inicios

Cuando le hacen debutar en Championship, en una sonrojante derrota ante el Leeds United en marzo de 2019 por 3 a 0, ya deja claro de qué es capaz. Entra, portando el dorsal 48, y en una de sus primeras acciones ya deja patente que está hecho de otra pasta.

Situado en la banda derecha pero con su cuerpo orientado hacia el carril central, beneficios y pérdidas de ser zurdo, levanta la vista del suelo y ve a Garath McCleary con espacio para correr, y crear. Coloca el balón con un pase que recorre el campo de una punta a otra. Aunque la acción no llegara más allá, ya se dieron cuenta de lo que tenían entre manos. No en vano fue el jugador más joven en participar en un partido de liga con el Reading desde 2003. Olise, que entonces tenía 17 años y un poco más, se quería comer el mundo. Y mientras esperaba su momento, alternaba el primer equipo y el sub-23.

El curso siguiente, la pasada campaña, fue su primera temporada completa en Championship, por así decirlo. Hubo dos grandes diferencias con respecto al año anterior. La primera, la más evidente, es que había dejado su obsoleto 48 por el reluciente 21, antiguo dorsal del “mito” del Reading Les Ferdinand, que llegó a jugar hasta en 12 ocasiones con los Royals. La otra es que en agosto de 2019, después de firmar su primer contrato profesional, ya estaba jugando en Championship. Aunque le costara unos meses conseguir cierta regularidad. Pues Michael Olise debe de ser una de las pocas personas que puede maldecir y agradecer a la par la irrupción del coronavirus.

Estaba empezando a ser una aparición regular en las alineaciones de Mark Bowen hasta que, en marzo, la cuarentena cerró de golpe todo el fútbol del país. Tras la vuelta, no volvió a perderse un partido, ya sea como titular o como revulsivo. Y así, hasta su explosión en esta nueva temporada.

Porque adelgazar, hacerse fino, siempre ayuda. Incluso cuando se hace en lo psicológico, o en lo superficial. El físico de Olise no necesitaba mejoría. Pero ese número 21 suele referir a jugadores que aparecen con regularidad en el campo pero tienen un estatus normal, sin destacar, en el grueso de la plantilla. A diferencia del 7, el número del jugón, de la estrella, que porta ahora. Y como si fuera el traje de superman, ponérselo le ha vuelto un superhéroe. Bajo las órdenes de Veljko Paunovic.

Irrumpir en el mejor contexto

En sus primeros tres partidos, tres victorias, dejó una asistencia, un gol y una asistencia, en este orden. Contribuyendo con regates, faltas provocadas, cambios de dirección y velocidad para obtener tres victorias para su equipo. Y en el cuarto encuentro, ante el Watford, tuvo 45 minutos de brillantez.

Nada más comenzar el partido vertió el juego por su banda izquierda, presionando cuando estaba sin balón y llevándolo bien pegado al pie cuando lo recibía. Así fue como provocó las dos ocasiones claras que tuvo el Reading que precedieron al gol de Puscas -el bueno- en la primera parte. En el que también participó, cambiando la dirección del juego de su equipo desde la distancia. Siendo luego sustituido en el descanso para apuntalar el centro del campo, convirtiendo el 4-2-3-1 en un 4-3-3 más férreo. Que funcionó.

De estos partidos, el que conviene analizar de manera más profunda, sin dejarse detalle, es el partido contra el Cardiff City. Ante el Barnsley deja un gol, un 100% de acierto en sus lanzamientos, y es el tercer jugador con más regates completados. Pero ante los Bluebirds dejó una exhibición que esclareció el tipo de jugador que es; un creador de juego. 

Sin llevar el número 10, el juego del Reading no se entiende bien sin que el balón pase por sus pies. En cada saque de esquina, donde puede acercarse a recibir en corto o incluso centrar directamente; en el balón parado, lejos o cerca del área, escorado o desde el círculo central, donde hace gala del guante que es su pie izquierdo; o cada vez que recibe, en estático o al contraataque, sin importar mucho las circunstancias de las jugadas. Ha llegado a un punto en que sus compañeros empiezan a mirar hacia él con asiduidad.

Ante el Cardiff no hizo otra cosa que demostrarlo. Comenzando en la banda izquierda, aunque alternando con la banda derecha, pues Ovie Ejaria y el propio Olise tienen mucha libertad para moverse, encadenó jugadas a balón parado, cambios de ritmo y dirección, recuperación de balones y jugadas individuales magistrales. Peca de excesiva individualidad por momentos, y de no aparecer en ocasiones cuando su equipo no es el que domina la proposición de juego. Pero eso se puede explicar por sus tremendas condiciones futbolísticas, más allá de su físico, y porque todavía no tiene la edad para comprar siquiera una cerveza por su cuenta, o poder votar. Algo que, quieras que no, siempre influye.

Es evidente que el Reading no cuenta con una figura goleadora clara. Que pueden estar en una racha y al final acabar diluyéndose en la medianía de la Championship, donde siempre es difícil quedarse y destacar, pero no tanto pasar desapercibido. Lo complicado es que te hagan caso. Y Olise, que siempre ha tenido de su mano el as de la brillantez, tiene que poner de su parte y alzar la vista con visión de futuro para que el Reading consiga ganarle a la banca este año. Ya sea en el fútbol o en los traspasos. Eberechi Eze y Jude Bellingham son las mejores muestras de esto último.

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