Las trampas del King Power Stadium
Lorenzo Manchado, entrenador nacional de fútbol, analiza la victoria del Leicester ante el Sevilla a partir de ocho claves.

Cualquier lector podría tachar este artículo como ventajista y no podría reprocharle nada. No obstante, me escudaré en que en el podcast de esta semana de La Media Inglesa ya dije que veía complicaciones para el Sevilla en su visita a Leicester. No las expliqué en profundidad pero lo haré ahora por escrito. Sobre todo lo hago porque me llamó mucho la atención las pocas probabilidades que le daban al Leicester de pasar la eliminatoria, en especial desde los medios de comunicación españoles, cuando el resultado de la ida habría hecho pensar que el favorito sería a todas luces el equipo que jugaba en casa. Creo que había una serie de trampas en el partido que procedo a explicar, unos cuantos puntos a analizar que podríamos llamar intangibles pero que sin duda pesan, y mucho, a la hora de disputar una eliminatoria a este nivel:

Inexperiencia del técnico visitante. Si bien Sampaoli ha ganado competiciones internacionales tanto a nivel de clubes como de selecciones (Copa Sudamericana con la U de Chile y una Copa América con Chile), nunca fue en Europa. Nunca un equipo suyo ha jugado en Inglaterra y por mucho que tus asistentes u ojeadores te puedan contar, ir a jugar allí es una experiencia diferente. 

Inexperiencia de los jugadores. Decir esto puede parecer una locura hablando de un equipo que ha sido tres veces consecutivas campeón de la Europa League. Bien, nunca han eliminado a un equipo inglés en esas tres temporadas. Tan sólo vencieron al Liverpool en la última final pero fue en Suiza. Los jugadores sevillistas tampoco saben lo que es ir a jugar a Inglaterra una eliminatoria. Siempre se dice que lo de ir a jugar a Inglaterra es una experiencia muy especial, por el ambiente, por el ritmo que imponen allí los equipos locales, etc. A estos niveles de profesionalismo podríamos pensar que jugar fuera de casa no debería afectar al rendimiento de los jugadores y que ir a Inglaterra es como ir a cualquier otro país. Pero cualquier profesional con el que hables te quitará esa idea de la cabeza rápidamente. Salvando las distancias, es como ir a jugar a las Islas Canarias en España, muchos jugadores te dicen que jugar allí es mucho más difícil y tampoco te saben explicar muy bien el porqué. De hecho, el único que sabía bien lo que es jugar en Inglaterra era Samir Nasri. Ejem, ejem.

Momento del rival. Si bien la temporada del Leicester es muy decepcionante en general e incluso lamentable si la comparamos con la anterior, la máxima competición europea es un torneo de momentos y de detalles. Si bien consiguió el pase a octavos de final de forma manera más o menos holgada, desde entonces lleva pasado un auténtico via crucis en la Premier League. Pero hace unas semanas cambiaron al técnico y, estemos de acuerdo con esa decisión o no, nos pongamos del lado de Ranieri o de los jugadores, lo que es innegable es que el equipo ha recuperado el vigor y el convencimiento del año pasado.

Jugadores rivales más expertos. Casi ninguno habrá jugado nunca una competición europea pero saben lo que es jugar partidos en los que se juegan algo importante. Y los ganaron. Además, los ganaron como equipo y todos ellos juntos (excepto Wilfried Ndidi). Por parte del Sevilla, la mitad de los jugadores no había ganado la Europa League pasada.

Un rival que no se rinde. En los cursos de entrenador nos dicen desde el primer día hasta el último que lo más importante es tener una idea, la que sea, pero tenerla clara. Y ejecutarla. Lo siguiente que te dicen es que intentes que los jugadores crean en esa idea porque será mucho más fácil que la ejecuten bien. Con la llegada de Craig Shakespeare, el Leicester ha recuperado la idea que les hizo campeón y está claro que los jugadores tienen fe en ella, sobre todo porque ya les ha funcionado. Si había alguna duda de esto, habría bastado con ver el partido de ida. Con todo perdido, siguieron luchando hasta el final y arrancaron un resultado valiosísimo. No estarían a muerte con Ranieri pero aún así pelearon con todo lo que tenían. Ahora que (parece) sí van de la mano del entrenador, son mucho más peligrosos.

Ritmo de partido. Lo que más se comenta de jugar en Inglaterra es la velocidad a la que se juegan los partidos y si algo tiene el Leicester es que le es muy sencillo que los partidos se jueguen al tempo que a ellos les interesa. Esto es, defender muy cerca de su portería con mucha gente para que el rival tenga que acumular mucha gente cerca del área, dejando así espacios a la espalda que Jamie Vardy pueda aprovechar. Tan sencillo y efectivo como esto. Si te defienden con muchos elementos, tienes que subir a más gente o eliminarlos a base de regates o combinaciones, pero como tienen mucha gente cerca en poco espacio, es muy difícil. Si subes a mucha gente, más espacios atrás. En todo momento, el Sevilla tuvo que jugar al ritmo que al Leicester le interesaba, sobre todo tras el primer gol de Wes Morgan. Vardy ganó todas las carreras a los centrales sevillistas y Shinji Okazaki no dejó que los de Sampaoli sacaran la pelota limpia desde atrás. 

Algo por lo que luchar. Ya hemos apuntado que la temporada de los Foxes está siendo horrible y, desde luego, aunque aún tienen que luchar por evitar el descenso a Championship, estaremos de acuerdo que no es un objetivo ilusionante. Llegar lo más lejos posible en Champions sí lo es.

Jugadores con cuentas pendientes. Si bien cada victoria convence más a los aficionados de que los jugadores traicionaron a Ranieri, desde la perspectiva del grupo, cada partido que ganan les permite demostrar que siguen siendo los mismos, que la culpa era del entrenador. Una idea es tan válida como la otra pero está claro que a ellos les interesa, y mucho, seguir demostrando su versión.

Siendo todos estos argumentos intangibles, cuestiones que no se pueden cuantificar (especialmente ahora, en que todo se cuantifica en el fútbol), no debemos olvidar que el fútbol afortunadamente sigue siendo un juego donde influyen mucho aspectos como la motivación, el trabajo en equipo, la fe en uno mismo y en el compañero, el aliento de los tuyos, el revelarte contra lo que los demás te dicen que no se puede hacer... Todo esto ya lo tenía ganado y asimilado el Leicester desde la temporada pasada, porque hicieron un máster en revelarse contra los que todos (servidor incluido) dijeron que no podrían hacer: ser campeones. Y no se puede medir, pero suma y mucho.

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