Licencia para triunfar
No hace mucho todo eran risas a costa del Arsenal. El regocijo en los continuos fracasos Gunners se ha convertido en bocas abiertas ante la nueva forma de jugar de los londinenses. Unai Emery ha sido el encargado de transformarles en un equipo capacitado para competir a gran nivel.

El Arsenal ha dado momentos memorables en los últimos veinte años. En una lejana primera etapa, Arsène Wegner llevó a los Gunners a ser uno de los equipos punteros de Europa juntando a jugadores de indudable calidad como Dennis Bergkamp, Robert Pirès, Fredrik Ljungberg o Thierry Henry. Más recientemente, el técnico galo no supo reconducir a un equipo que se iba torciendo un poco más cada temporada hasta llegar a ser uno de los guiñoles por excelencia de la Premier League. Esos cuartos puestos han sido impagables. Pero ahora, con Unai Emery a los mandos, el Arsenal ha conseguido sobrepasar esa barrera de exigencia que tanto ha mermado la historia reciente del club.

En Londres la noticia de que Emery sería el heredero de Wegner sembró la incertidumbre, teniendo en cuenta en qué circunstancias llegaba el preparado vasco. La presión por suceder con éxito a un entrenador que había ocupado un banquillo durante 22 años iba a ser enorme. Y no solo era eso: el reto de devolver al Arsenal a la lucha por trofeos iba a ser mayúsculo. Pero es que además, Emery acababa de ser guillotinado por la directiva del PSG al no poder hacer frente al resto de equipos en la Champions League y perder la Ligue 1 de la temporada 16/17 contra el Mónaco.

No iba a ser fácil que Emery dirigiera con mano izquierda a un club potente en continua reinvención fallida con una afición cuya paciencia estaba al límite. Desde luego, no iban a aguantar en el cargo al hondarribiarra tanto como a su predecesor. Aun así, su doctorado en la difícil Universidad de Mestalla y las tres Europa League alzadas con el Sevilla, equipo ganador donde los haya, así como los numerosos éxitos a nivel local con el PSG avalaban su llegada al Emirates Stadium.

Llegaron buenos refuerzos para los Gunners como Sokratis y Stephan Lichtsteiner, bregados en mil y una batallas, así como Bernd Leno y Lucas Torreira, uno de los futbolistas revelación del pasado Mundial de Rusia. Estas incorporaciones, sumadas al grupo ya existente, garantizaban un equipo altamente competitivo al que solamente le faltaba una fuerte identidad que le permitiera opositar campeonatos más allá de las fronteras británicas.

El Arsenal tenía nuevo entrenador y los fichajes hechos. Solamente le faltaba empezar a conseguir resultados de la mano de Emery. Aun así, la primera aventura del vasco en la tierra del té de las cinco no empezó con buen pie. De los seis primeros partidos, los Gunners solamente pudieron ganar un par. Hasta equipos con poco potencial ofensivo podrían haber superarado al Arsenal. En aquellos momentos, olvidados ya, se comenzaba a sopesar si empezar a tener preparado el comunicado sobre el despido de Unai Emery.

Pero lo mejor estaba por venir. El técnico guipuzcoano consiguió concretar un plan estricto sobre todas las facetas del equipo, tanto dentro del campo como fuera: ingerir alimentos nada más acabar de entrenar, preparación de los partidos con videos y remodelar de arriba abajo los servicios médicos Gunners. Para Emery, todo influye en los resultados.

Tras unas primeras semanas nefastas, Emery dio en la tecla adecuada. El Arsenal, practicando un fútbol de alta intensidad y anotando goles virales, consiguió enlazar once victorias entre Premier League, Copa de la Liga y Europa League, donde se las tuvo que ver con el Sporting de Portugal. La racha se cortó en seco en Selhurst Park, donde los Gunners vieron cómo el Crystal Palace conseguía empatarles en el último tramo de un partido en el que se destaparon todas las vergüenzas de la defensa. Unos desajustes más propios del antiguo Arsenal y que deberán de ser corregidos con celeridad para afrontar con las garantías suficientes el próximo encuentro contra el Liverpool de Jürgen Klopp, un hombre que hace unos años se vio en la misma tesitura que su homólogo vasco.

La velocidad atómica de jugadores como Sadio Mané, Roberto Firmino o Mohamed Salah, reencontrado con su mejor versión, pondrá a prueba este nuevo Arsenal. Un examen muy exigente que deben aprobar, ya que contra Chelsea y Manchester City — los rivales más duros a los que ha hecho frente hasta ahora - besaron la lona. Eso fue a principios de temporada. Ahora todo a cambiado a mejor, o eso parece. 

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