Lo mismo peor peor en Birmingham
Se cumple un año el próximo 14 de diciembre del inverosímil despido de Gary Rowett como entrenador del Birmingham City. Un aniversario que no está de más recordar como vía para recapitular lo que ha sido un continuo despropósito. Después de tres cambios de entrenador, han vuelto al predominante estilo del querían escapar, sólo que con una versión peor de él.

De lo que hace Tony Pulis a lo que hace Pep Guardiola hay un abanico enorme, plagado de variantes y de diferentes grados en los que los entrenadores llevan a cabo diferentes estilos de juego. Los dos nombres mencionados, en cierto modo, reflejan dos polos opuestos. El Birmingham City caía en el hemisferio del primero. Pero cuando fue adquirido por un grupo de inversores chinos, buscaron cambiar para ir al hemisferio del segundo. Un año después, han vuelto de donde querían escapar, pero con una versión peor. Aunque, por lo menos, una versión que debería ser suficiente para evitar el descenso a tercera división. Cuando los nuevos dueños llegaron al club, a finales del año pasado, encontraron un equipo que estaba rindiendo muy por encima de lo que las teóricas capacidades del mismo reflejaban. Pero ellos no lo entendieron. De una forma deslumbrantemente temeraria, se deshicieron del gran responsable de la flamante situación del equipo.

Gary Rowett, uno de los entrenadores más prometedores de Inglaterra, había hecho maravillas con un equipo al que llegó dos años antes, hundido, penúltimo clasificado en segunda división y tras encajar un histórico 0-8 en casa a manos del Bournemouth. A base de trabajo, porque inversión apenas acompañó en un club institucionalmente inestable y disfuncionales como pocos. Si bien Rowett no dejó que hubiese casi ningún bache, ninguno de los que hubo hizo perder los estribos a las altas esferas del club, y dos años más tarde eran un candidato (aunque lejano) al ascenso directo y un firme aspirante al play-off de ascenso. Todo gracias a fichajes astutos y a la maduración del equipo bajo el liderato de alguien que sabía muy bien lo que hacía. Alguien que sentó una base con la defensa que le permitiese crecer. Pragmático en su propuesta, está lejos, muy lejos, de alcanzar los niveles de Pulis. En la teoría de polos que explicábamos anteriormente, está más cerca del ecuador que del polo del técnico de la gorra. Aunque todavía dentro del mismo hemisferio.

Gary Rowett (Richard Heathcote/Getty Images).

Demostró ser adaptable a diferentes contextos y más todavía con mejores jugadores en su nuevo equipo, el Derby County. Se ganó un cariño imborrable de la afición del Birmingham City. No fue el caso de su sustituto, Gianfranco Zola. Porque si quieres cambiar el estilo no pasa nada. Incluso si lo quieres hacer a mitad de una temporada, una que encima va bien. Pero cuando tienes a jugadores dando más de lo se supone que pueden y dentro de un sistema tan definido, estás corriendo un riesgo titánico, además de innecesario. Y, como el Titanic, se hundieron. A una velocidad impresionante. Puedes cambiar el estilo, pero si vas a hacerlo, teniendo todo esto en cuenta, necesitas hacerlo con alguien con un bagaje más contrastado, o menos dañado, que el de Zola. Un jugador extraordinario, sigue sin encontrar la forma de traducir su habilidad con el balón a la dirección técnica. Su arranque en la profesión, con el West Ham, aun así no fue del todo desesperanzadora, a pesar de su mal final.

Pero de aquella etapa queda en el recuerdo una frase de uno de los propietarios del West Ham, demoledora sobre todo con la perspectiva de los años transcurridos desde entonces: "De todos los entrenadores con los que he tratado, él [Zola] es el más amable. ¿Quizás demasiado?". Posiblemente no sea el único factor, pero desde luego parece ser uno de ellos. En Watford, su siguiente destino, después de una primera temporada magnífica, desplegando un juego electrizante, acabó terminando de la misma manera: es decir, mal. Pasó sin suerte por el Cagliari y por Oriente Medio. Y en Birmingham todo lo que pudo salir mal, y más, salió mal. Los dueños, quizás entonces, pudieron encontrar aprecio en el trabajo de Rowett. Zola fue liberado de sus funciones a falta de tres jornadas para el final. Cambiaron de entrenador con el equipo en séptimo lugar y volvieron a cambiar porque, ya en 19º lugar, iban directos al descenso. Llegó de la nada Harry Redknapp. Otro nombre glamuroso. Pero esta vez funcionó. Bueno, funcionó un rato. Luego ya no. Pero en ese rato lograron una salvación que no era ni siquiera una preocupación cinco meses antes.

Con Redknapp, en tres partidos, lograron las mismas victorias (dos) que en veintidos con Zola. Seis puntos entre las jornadas 45 y 46, las dos últimas, y se salvaron. El verano prometía una casa tirada por la ventana para la construcción del nuevo Birmingham City. Lo cual no era necesariamente bueno. Pero, al final, no fue tanto. Fue, de hecho, un verano bastante ineficiente y disfuncional, un concepto arraigado en los despachos del club. Trajeron a cuatro jugadores nuevos antes del comienzo de la temporada. Después de él, diez. Cuando incorporas a tantos jugadores y tan tarde, dificultas bastante las cosas porque no sólo no han podido prepararse contigo durante el verano sino que ni se conocen. Un trabajo ya duro de por sí, cuando estás ya metido en la dinámica de partidos y de tener que sacar los tres puntos, lo es más todavía. Pero, por lo menos, esos jugadores no fueron Ashley Cole, Stewart Downing y Robbie Keane. Tres señores que Redknapp había expresado deseo en fichar pero que, a la larga (y "a la corta" probablemente también), no hubiesen representado una gran relación calidad-precio.

Once titular del Birmingham City (fuente: elaboración propia).

Lo de que "ni se conocen" lo tuvieron en cuenta en Birmingham, como demostraron con su forma de desvalijar el Brentford en los dos últimos días de mercado: ficharon a tres jugadores titulares (lateral derecho, central izquierdo y extremo derecho) del conjunto londinense. Respondían respectivamente a los nombres de Maxime Colin, Harlee Dean y Jota Peleteiro. Este último con una habilidad ofensiva como hacía tiempo que no veían por allí pero que, de momento, está lejos de ofrecer las prestaciones que se le esperaban, como apuntaba de manera especialmente crítica Borja García, una de las voces de referencia de nuestro podcast (a partir del minuto 1:28:12). Cabría añadir como posible razón de ello el hecho de no estar ya en el Brentford, un equipo mucho más favorable para sus virtudes al emplear un ritmo más alto, alegre y ofensivo en su despliegue. Algo que, como ahora, tampoco tuvo en su infructuoso regreso como cedido al Eibar en 2016.

Cuatro puntos de los primeros nueve en juego no son ninguna locura pero son más que correctos para un Birmingham City. Cuatro puntos de los primeros veinticuatro ya es otra historia. Cinco derrotas seguidas dentro de esos resultados desde luego no ayudan. Aunque sí ayudaron a enseñar la puerta de salida a Harry Redknapp. Después de la puerta imaginamos que lo siguiente que vio sería su Range Rover. Es una pena que no hubiese ningún reportero de Sky Sports a la salida del parking para hacerle una de esas características entrevistas desde la ventanilla del coche. Aficionados del Birmingham City posiblemente hubo con sentimientos encontrados, por una parte contentos por la marcha de alguien que dejó de levantar pasiones en el fútbol en general hace ya un tiempo y, por otra parte, decepcionados por la ineptitud de los dueños; otro despido, otro palo de ciego.

El primer partido después de Redknapp fue contra, cómo no, el Derby County de Gary Rowett. Lograron un empate. Frenaron la hemorragia, taparon algunas vergüenzas. Quién les ha visto y quién les ve. Rowett les llevó tan lejos, a un sitio donde él vuelve a estar con el Derby County: en la lucha por entrar en el play-off de ascenso de Championship, con una gran oportunidad de alcanzar la Premier League. Aquel partido, además de los dos siguientes (victoria por 2-1 y derrota por ¡6-1!), fue dirigido por el entrenador interino Lee Carsley, que ya había sido interino en su corta carrera como preparador del Brentford, precisamente. Se hizo cargo finalmente y con contrato de dos años y medio (porque... ¿qué probabilidad hay de que les dé por echarle antes?) Steve Cotterill. Un entrenador que no te va a hacer soñar. Pero probablemente te salvará del descenso. De priorización defensiva, pero a un nivel mucho más bajo que el entrenador de hace un año. Echaron a Rowett a la calle porque su estilo no les gustaba y consideraban que podía hacer más. Peleaban arriba y ahora pelean abajo. A pesar de que todavía son el peor ataque de la liga (10 goles en 19 jornadas), con Cotterill compiten y competirán mejor que en el último año; aunque sí que perdieron contra el Brentford (con Colin, Dean y Jota de titulares), cómo no. La predisposición del Birmingham City ha vuelto a ser la que era. Mejor que lo otro. Lo mismo de antes, pero peor.

Steve Cotterill (Nathan Stirk/Getty Images).
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