Lo único mejor que un United perdedor es un United ganador
Con una derrota Mourinho se fue y con una victoria ha llegado Solskjaer. Las vueltas que da la vida, que da el fútbol, y lo rápido que las da. Enterrado bajo tierra, resulta que el Manchester United no era tan catastrófico. Aunque considerando que su resurgir a la superficie fue en Cardiff, veremos si dura. Pero por algo se empieza.
Ole Gunnar Solskjaer

Los pajarillos no cantaban ni tampoco hacía sol. Era Cardiff y era diciembre. También era de noche, pero respecto a lo del sol: de nuevo, era Cardiff y era diciembre. No obstante, Ole Gunnar Solskjaer debutaba como entrenador del Manchester United y encima en el sitio, el único sitio, donde había entrenado previamente en el fútbol inglés. Entrenado con unos resultados muy decepcionantes, por otra parte. Pero una experiencia que sin duda le ha reforzado. Esta vez, al frente del United, estaba al frente de un equipo mejor que aquel Cardiff. Aunque también frente a un Cardiff mejor aquel Cardiff. Todas las ilusiones renovadas, todo ese aire puro y limpio que traía Solskjaer desde los fiordos noruegos... que, sin embargo, corría un cierto riesgo estrellarse a las primeras de cambio (insertar sonrisa malvada de Neil Warnock aquí).

Conceptualmente carcomido por todas partes, las cosas a peor era prácticamente imposible que fuesen para el Manchester United. Lo cual tampoco dice mucho muy positivo. Pero el caso es que el comienzo fue el ideal, el deseado; aquel por el que suspiraban. Por primera vez en la historia de la humanidad -o al menos esa sensación se transmitía- marcaron antes de que le marcasen a ellos primero. ¿Ganar un partido sin tener que remontarlo? ¿Pero qué clase extravagancia es esa? El caso es que el United había empezado bien, muy bien. Aliviados, libres de esas invisibles cadenas mentales; el “no vayamos a perder el balón. Vamos a pasarla hacia atrás”.

Solskjaer, probablemente, les dijo que fueran a ganar, sin miedo, que fueran a demostrar que son mucho mejores que lo que su temporada dice que son. Una temporada en la que han perdido el suficiente tiempo, y por eso, tres minutos de acción después, el resultado ya era de cero a uno a favor de los Diablos Rojos. Curiosamente, sería después de que un jugador al que Solskjaer dirigió en Cardiff, Aron Gunnarsson, cometiese falta sobre un jugador al que también dirigió pero en las categorías inferiores del United: Paul Pogba. Falta en la frontal del área y Marcus Rashford la envió hacia adentro.

La relajación de jugar y de ganar. Poco a poco, efectuando un constante flujo de pases cortos como si estuviesen tratando de redescubrir lo que es pasársela entre sí con rápidez, efectividad y amplitud. Aunque el Cardiff fue capaz de frenarles, de incomodarles en algunos puntos sin excisivo trabajo a lo largo del primer tramo. Porque claro, no iba a irse Mourinho y convertirse de repente el equipo en el Manchester City. No iban a poder enjaular al Cardiff en su propia área a través de un depurado y axfisiante dominio del balón. Por lo que los locales pudieron permitirse defender a media altura. El United no llegó ni por asomo tanto como pudo haberlo hecho, sin conseguir explotar regularmente el espacio a la espalda de la defensa galesa. Pero al final no le hizo falta, ya que en lo que iban probando cosas en el medio campo Paul Pogba asistió con uno de sus caraecterísticos pases curvados a un Ander Herrera mirando al frente para marcar el segundo. Un extraño disparo que no parecía encaminado a portería hasta que ya estaba dentro, desvío previo incluido.

Ander Herrera
Ander Herrera marcando para el Manchester United frente al Cardiff City (Stu Forster/Getty Images)

Con intención, desquitándose de mucho: celebraron los jugadores dicho gol deslizándose sobre sus rodillas como tantas veces hizo el Solskjaer jugador. Y ahora entrenador del Manchester United tras un impresionante salto, pasando de dirigir en la liga noruega a hacerlo en la élite de la inglesa. Uno de los más audaces saltos que jamás se han dado en este ámbito. Una de las contrataciones de entrenador más sorprendentes de la historia de la Premier League, se podría decir. Pero Solskjaer era un jugador singular y también lo es como técnico: el primero en el fútbol de élite europeo en ser “cedido” de un equipo a otro. 

Más tarde, llegó el primer revés de una puesta escena que iba como la seda hasta entonces: mano de Rashford dentro de su área y gol del centrocampista valenciano Víctor Camarasa desde los once metros. ¿Sería esto, después de todo, de veintiocho minutos de euforia e ilusiones renovadas, un mero espejísimo? ¿Caería como un castillo de naipes el sueño del United con el despertar de un gol? No, no lo haría. Suficientes reveses, suficientes críticas habían absorbido ya. Tres minutos después desarmarían al Cardiff, a quien no le valió ni que Gunnarsson estuviese ejectuando un marcaje individual sobre Pogba. Conectarían, rápidos y furiosos, al igual que con finura y elegancia. Y finalmente: Martial conectaría el disparo. Diana.

Aunque a veces sean poco más que sonido ambiente considerando la regularidad con la que tienen lugar, algo de cierto probablemente haya en las críticas de Neil Warnock tras el partido: “Sé que se llevaron los goles, pero no me puedes decir que han estado increíbles. Pienso que nuestra defensa ha sido nivel liga de aficionados. Encontrarán pruebas mucho más duras que la nuestra”. Al final, es el Cardiff, y al Fulham, el United hace dos semanas le estaba endosando cuatro goles. Pero la euforia desmedida, las campanas lanzadas al vuelo en honor a que “el United ha vuelto” son porque si hay algo mejor que ver a este club perder, es verle ganar. Aunque seguramente lejos de despertar afinidad entre la mayoría, no es agradable ver a un equipo tan dominante durante tanto tiempo caer y tener que arrastrase de esta forma, sobre todo cuando en teoría debería poder seguir siendo igual de dominante. Queremos ver a un héroe derrotado por otro, no por su propia incapacidad. Por su parte, Mourinho probablemente había agotado a la audiencia tanto como el fútbol, o la propia audiencia, le habían agotado a él.

En Cardiff, el United marcó dos goles más, ambos de Lingard y uno asistido por Pogba. Para hacer el enfásis que la crítica situación necesitaba. Porque tanto como requería un cambio, el club requería a Ole Gunnar Solskjaer. Alguien nuevo y a la vez conocido, proveniente de un panorama completamente distinto, dispuesto a ofrecer algo fresco, a reanimar a un equipo potencialmente capaz de mucho más. El United necesitaba volver a respirar. Y sus ojos se han vuelto a abrir, para apreciar que es Solskjaer quien está ahí.

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