Los contextos dictan las decisiones de Mou y Pep
Tras empatar en casa ante el Burnley en Boxing Day, José Mourinho argumentó que la inversión de 300 millones de libras del Manchester United bajo su mando no eran suficientes. Pero eso es lo mismo que ha invertido el Manchester City.

“No es suficiente” fue la respuesta de José Mourinho después de que un periodista le recordara que ha invertido cerca de 300 millones de libras en fichajes desde que fichó por el Manchester United en 2016. El entrenador portugués basó su argumentación en dos vertientes: primero, que un club con la historia y potencial financiero del United paga más caro por los fichajes; segundo, que otros clubes han realizado inversiones similares (“el Manchester City paga por laterales lo mismo que otros clubes por delanteros”).

Al igual que sucede con el calendario, los árbitros, las condiciones externas o el estilo de juego del rival, no es más que la enésima excusa de Mourinho para justificar un revés, en este caso, el empate en casa ante el Burnley, un club cuya inversión neta en fichajes durante las últimas cinco temporadas asciende a unos 35 millones de libras. O, a escala United, un Eric Bailly.

La mera comparación de los fichajes de Manchester United y Manchester City permite identificar rápidamente dónde se halla el problema. A cambio de una cantidad similar (casi 300 millones de libras en el caso del City, algo más de 260 en el del United), el City ha fichado a once jugadores mientras que el United ha reclutado a siete. Pero lo realmente indicativo de sus políticas divergentes radica en la edad.

Pep Guardiola se encontró un equipo envejecido tras algunos años de falta de renovación. De hecho, el corazón del equipo estaba formado por jugadores llegados en la época de Roberto Mancini. Así que el catalán se centró en incorporar jugadores jóvenes con proyección. Así llegaron Leroy Sané (21 años), Benjamin Mendy (23), Gabriel Jesus (20), John Stones (23), Ederson (24), Bernardo Silva (23). O jugadores en el momento álgido de su carrera como Ilkay Gundogan (27), Kyle Walker (27), Danilo (26). Solo Claudio Bravo (34) y Nolito (31) rompieron este molde. No por casualidad, son los dos jugadores por los que el City pagó menos dinero. Cinco de los doce jugadores que suman más minutos esta temporada en Premier League son fichajes de Guardiola.

Mientras, Mourinho optó por un perfil radicalmente diferente. Nemanja Matic (29), Henrikh Mkhitaryan (28) y Zlatan Ibrahimovic (36) son jugadores que se acercan (si no están ya) a la fase final de su carrera. Sus únicos fichajes de futuro son Romelu Lukaku (24), Paul Pogba (24), Victor Lindelöf (23) y Eric Bailly (23). De los catorce jugadores más utilizados en liga este curso, solo cuatro son fichajes de Mourinho. Y uno de ellos es Mkhitaryan, un jugador que parece haber caído en desgracia y no entrar en los planes del portugués.

Sin embargo, no todo se explica a través de las diferentes políticas de fichajes de ambos entrenadores. El contexto ha tenido una enorme influencia sobre sus decisiones. En el City, Guardiola se encontró un club a su servicio, dispuesto a aguardar el tiempo necesario hasta que fuera capaz de confeccionar el equipo a su antojo, con personas de confianza en puestos clave (Txiki Begiristain como director deportivo y Ferran Soriano como director general) y un club que ya llevaba años trabajando en el sentido que Guardiola deseaba (construcción de una ciudad deportiva, potenciación del fútbol base, aplicación de un modelo de juego asociativo en el primer equipo). Así, Guardiola pudo pasar un primer año sin títulos pero dedicándose a familiarizarse con la liga y trabajar para el futuro. Los resultados están aquí.

Mientras, Mourinho llegó a un club con urgencias tras el declive provocado por la marcha de Sir Alex Ferguson, donde los dueños están ausentes y el máximo dirigente operativo, Ed Woodward, es un contable que está más preocupado por cuadrar los números que por fichar jugadores. Y donde figuras históricas como Bobby Charlton o el propio Ferguson se habían opuesto al fichaje de Mourinho, que fue recibido con ciertas reticencias en algunos estamentos del club.

Así que el portugués necesitaba resultados inmediatos para apaciguar los ánimos y para ganar en credibilidad. Sus fichajes ofrecieron un resultado inmediato y el club se alzó con la Copa de la Liga y la Europa League, trofeos menores para un club con el pedigrí del United pero suficiente bocado para calmar el apetito del hambriento que lleva años sin llevarse nada a la boca. Pero en esta segunda temporada, Mourinho se ha visto obligado a reconstruir de nuevo la plantilla por la falta de planificación a largo plazo.

Hoy, el United es un equipo con dos laterales treintañeros que no son laterales, un medio centro recién fichado con 29 años, un delantero suplente de 36 que cobra como si tuviera 27, una promesa francesa por la que pagaron 60 millones de euros que no es titular indiscutible y donde el jugador más en forma es Jesse Lingard. En una sola cosa tiene razón Mourinho: para reconstruir este equipo necesitará 300 millones de libras más. Pero si quiere conservar su puesto, deberá invertirlos mejores que los anteriores 300.

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