Los Spurs bailaron al son de Son
El Tottenham encarrila ligeramente la eliminatoria de Champions ante un Manchester City sin demasiadas luces.

Eran las 14:50 y hacia la facultad me dirigía. Sí, había quedado para hacer el puñetero trabajo de Estudios Culturales con unos compañeros. El botón del ascensor pulsado, desde la puerta misma, Carlos González [inserte nombre más común aun] me dijo: "Oye, te veo más flaco" y para chulo yo, le contesté, simple y llanamente: "Lo sé". Y así, tan pancho, del Tercero al suelo bajé. En un abrir y cerrar de ojos, bajé de la película dirigida por nuestro Steven Spielberg particular, a la realidad de un estudiante universitario. Y os preguntaréis: ¿qué tiene que ver esto con el partido? Pues mucho y a la vez muy poco. Puede resultar algo insignificante, pero desde luego que, me hizo afrontar el partido desde la absoluta confianza que te aporta un piropo a medio día. Ahora sí, ahí va lo acontecido en la noche del fútbol inglés en Europa -aprovechémoslo, pues no sabemos hasta cuando durará-.

Huérfanos de experiencia y rebosando ambición, los pupilos de Mauricio Pochettino sabían a lo que jugaban, sabían a lo que ellos jugaban y sabían cómo jugarles. En la pizarra del argentino todo quedaba escrito, para evitar así, que el viento se lleve las palabras transmitidas a sus chicos. Los Dele Alli, Harry Kane, Christian Eriksen y, sobre todo, Heung-Min Son, eran sabedores, con peros y señales, del mil veces meditado, plan del míster. Y es que, motivación no les podía faltar: solo con oír el himno de la Champions silenciar a todo un templo contemporáneo del fútbol, a uno le entran ganas de saltar a disfrutar del verde virgen de los Spurs. Pero es sacar el temita, y uno falla. Llámalo inexperiencia, llámalo nervios o llámalo casualidad, pero el caso es que corría el minuto 10 y Danny Rose provocó una pena máxima que bien podía haber dado otro guión a los actores principales. Menos mal que para los Spurs, la máxima fue otra bien distinta, y de pena, tuvo más bien poco gracias a la intervención de Hugo Lloris.   

Montado en el vagón del orgullo y contagiado por las ideas de Marcelo Bielsa, el alumno aventajado de la clase, Pochettino, hizo gala de su ´loco´ aprendizaje mediante una propuesta tanto agresiva como eficaz. Con la presión asfixiante por bandera, los Cityzens sufrieron lo suyo. Allí estaban, en cada salida de balón, en cada maldita salida de balón, Kane y Son para molestar y dificultar la fluidez del juego rival. El centro del campo visitante quedó eclipsado por la superlativa labor defensiva de los locales, en especial gracias a la vigilancia de Kane a Aymeric Laporte, y en general, por el marcaje al hombre. Debilitando la creación del City, los Spurs sacaron sus armas a la palestra, y cual manada de lobos hambrientos, hicieron de la transición ofensiva, su más temible aliada. Mientras que los de Guardiola llegaban sin demasiado peligro ni inspiración, los de “Poche” hacían diabluras en tres cuartos de cancha. Con el mono de jugón puesto, Kane hizo mella en el juego más allá del área del adversario. Recordando a sus inicios en la élite, el jugador franquicia, desde posiciones algo más atrasadas a las que nos tiene acostumbrados, desquició a los de Manchester con sus desplazamientos en largo.

Marchar, volver y seguir como antes

A la reanudación del choque, el bueno de Kane seguía sintiéndose cómodo con el cuero en los pies y al igual que Eriksen, sembraron el terror al primer toque. Por su parte, y no al primero, sino con demasiados y hasta puede que banales toques, los celestes trataban de acercarse al arco de Lloris, pero fue el eléctrico Raheem Sterling el único que creó y generó peligro real. No obstante, parece que cuando su chispa se apagó, la de uno de sus adversarios se encendió. Como si el fuego hubiera cambiado de manos y sin Kane sobre la moqueta recién tapizada, Son evitó con vehemencia también, el sufrimiento abusivo de cara a la vuelta de la eliminatoria. Minuto 78. Eriksen conduce y valora opciones de pase desde el balcón del área, “Sonny” se desmarca, pero el cuero parece irse fuera; y cuando todo parecía perdido, cuando nadie creía en él, ahí apareció su pie derecho para evitar que el esférico se fuera por la línea de cal, y así, esta vez con la zurda, batió por debajo a Ederson Moraes. 

Con la motivación del novato al imponerse al veterano, con la euforia de David tras tumbar a Goliath, con el desparpajo y el desequilibrio de Son para hacer soñar a los suyos, la hora de campeonar del Tottenham ha llegado. Porque los sueños, sueños Son, y porque ellos, soñadores son, los de Son merecen seguir soñando con este sueño, todo ello: al son de Son. Y esperemos que no sea sin ton ni son.

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