Lukaku afronta su prueba definitiva en el Manchester United
El delantero belga ficha por el Manchester United y asume el reto que se le destinó con diecisiete años: ser la referencia ofensiva de un grande.

Con los futbolistas que empiezan a destacar jóvenes acontece algo horrible: se asume que van a llegar lejos. Se generan expectativas colosales que, en muchas ocasiones, suponen un peso que acaba sepultando a los propios deportistas. Y cuando no es así, cuando los futbolistas son más fuertes que la presión, también sucede algo horrible: se considera normal. Romelu Lukaku comenzó a ser conocido como una estrella emergente con apenas diecisiete años, cuando manifestó en el Anderlecht una inusitada capacidad para anotar goles. Actualmente, todavía con veinticuatro, ya acumula 85 tantos en Premier League. Y sin embargo, uno tiene la impresión de que se esperaba más: se esperaba que aquel joven delantero belga se convirtiese en uno de los mejores futbolistas del mundo. Como si algo así fuese sencillo, como si la inercia le fuese a arrastrar a la élite más selecta del balompié.

Lukaku llega al Manchester United en el cénit de su carrera futbolística, pero con la convicción de que sus mejores partidos los jugará como Red Devil. Romelu ha crecido en Inglaterra: en el Chelsea, donde apenas tuvo oportunidades; en el West Brom, donde le posibilitaron reencontrarse consigo mismo, y en el Everton, donde se ha forjado definitivamente como futbolista.

Tras tantos años en las islas británicas, el belga ya no necesita presentación, pero sí parece propicio detenerse a observar los matices de su juego. Romelu es un futbolista un tanto atípico: a pesar de sus pantagruélicas dimensiones, dista mucho de ser el clásico delantero-tanque. Sus mayores virtudes no emanan de su corpulencia, sino de su velocidad, concretamente de su espléndida zancada. Podría pensarse que Lukaku disfruta del fútbol cuando puede utilizar su cuerpo para sacar ventaja, pero basta con verle jugar un cuarto de hora para percatarse de que lo que a él le gusta es devorar metros, correr en libertad y desplegar toda la potencia indómita que habita en él.


Es un futbolista un tanto atípico: a pesar de sus pantagruélicas dimensiones, dista mucho de ser el clásico delantero-tanque. Sus mayores virtudes no emanan de su corpulencia, sino de su velocidad, concretamente de su espléndida zancada.

Obviamente, sus excelsas cualidades físicas le permiten ser un notable receptor de balones, pero es un futbolista al que no le gusta adoptar el rol de referencia ofensiva que fija a los zagueros, pues se siente incómodo cuando no puede moverse y cuando tiene que operar en espacios reducidos. En cambio, disfruta cayendo a banda (especialmente a la derecha, para poder orientarse hacia dentro con la zurda) y tirando desmarques a la espalda de defensas medianamente adelantadas. Y ahí es precisamente donde exhibe su mayor virtud: es, indudablemente, uno de los futbolistas más difíciles de parar en carrera de toda la Premier League. Con el balón en los pies no es un virtuoso, pero su potencia y su zancada son suficientes para eliminar rivales. Y de cara a portería es endiabladamente letal, como ha demostrado este último año, en el que ha superado su récord de goles en Premier League al alcanzar las 25 dianas.

Ahora, Lukaku tiene ante sí la difícil tarea de suplir a Zlatan Ibrahimovic, un perfil de jugador muy distinto a prácticamente todos los niveles. Y las diferencias entre uno y otro van a afectar, para bien y para mal, al juego del Manchester United. Los Red Devils pierden a un futbolista poseedor de una técnica mayúscula, pero ganan a un descomunal velocista, algo que les será especialmente útil ante rivales directos, más propensos a dejar espacios atrás y, por tanto, candidatos a sufrir los destrozos que provocan las sísmicas cabalgadas del belga. Además, su inteligencia y habilidad a la hora de desmarcarse puede potenciar una cualidad bastante abundante en el centro del campo del United: la precisión en el pase al hueco. Las carreras de Lukaku serán un estímulo para futbolistas como Paul Pogba, Henrik Mkhitaryan, Juan Mata o Ander Herrera, que tendrán, ahora sí, un jugador que insistirá en crear espacios y estirar el campo en dirección a la portería rival.

Lukaku ha aterrizado en Old Trafford y quiere demostrar que su crecimiento todavía no ha alcanzado su punto álgido. En 2013, Mourinho lo cedió, y en 2014 aceptó traspasarlo. Tres años después de aquello, el de Setúbal ha accedido a pagar 85 millones de euros por volver a tenerlo a sus órdenes. Ahora, está en manos de Romelu corresponder a la confianza depositada en él. Y contribuir a devolverle al Manchester United la gloria perdida.

Comentarios
Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información