Madrid, Wembley y el mensaje de Pochettino: el Tottenham lo quiere todo
El empate en el Bernabéu y la victoria en Wembley del Tottenham contra el Real Madrid son la cima de un proyecto reposado en un mundo de urgencias. Pochettino, convencido de que puede hacer de los Spurs un club campeón, se enfrentó al rey de Europa con los jugadores que representan su idea para mandar un mensaje claro: es posible soñar en grande.

Mauricio Pochettino se ha ganado la prestigiosa reputación de la que hoy goza en el banquillo del Tottenham Hotspur de la misma forma que ha construido su proyecto en el norte de Londres: sin prisas. El empate en el Bernabéu y la victoria en Wembley contra el Real Madrid, un club con tradicional aversión por la calma y adicto a las prisas por una autoexigencia insaciable, fueron la reivindicación de una forma de hacer las cosas que va contra el fútbol histérico de hoy.

En el mercado del balompié, la comida rápida es la más cara. Llegas, te gusta lo que ves y lo compras por más millones de los que una mente de a pie puede asimilar. El Tottenham, en cambio, lleva años apostando por lo que un jugador podría llegar a ser. Pochettino prefiere invertir en lo que pocos ven y dejar que otros se maten por los productos de masas. El argentino prioriza ser él quien define la explosión de una estrella y no que llegue del exterior, moldeada en otro contexto y con el cartel de titular indiscutible colgando desde que entra por la puerta. Necesita jóvenes que entiendan los tiempos tanto como él. Ante el Real Madrid, todo el proceso alcanzó un estado de maduración que no se había mostrado antes.

Sabía que en el Bernabéu estaba exponiendo a Harry Winks con 21 años ante el centro del campo que ha dominado Europa los dos últimos años. Sabía que ni siquiera para Eric Dier sería fácil ser a ratos central y en ocasiones centrocampista cuando es el Real Madrid el enemigo a vigilar. Sabía que a Kieran Trippier y Ben Davies podía entrarles el vértigo considerando que esta temporada se les exige más protagonismo que nunca. Sabía que todos los ojos estarían sobre Harry Kane y Dele Alli para comprobar si los que hablan de ellos como dueños del futuro del fútbol están en lo cierto. Pochettino conocía todos los riesgos de ir a la trinchera con los jóvenes a los que lleva años preparando para la élite mundial, pero es la valentía lo que le ha traído hasta aquí. Y volvió a marcharse con la razón en el bolsillo.

Preguntado esta misma temporada por las aspiraciones del Tottenham al reservar jugadores en los partidos de Copa de la Liga, el argentino desveló un discurso ambicioso con el que el club hacía tiempo que no se atrevía: "El objetivo aquí es intentar ganar la Premier League o la Champions League. En mi segundo año en el Southampton, el Wigan levantó la FA Cup. ¿Dónde está ahora? En League One. Claro que quiero ganar trofeos, pero pelearemos primero por la Premier y la Champions". No habría recibido muchas críticas si hubiese adoptado un tono más bajo, tirando de tópicos a los que luego poder recurrir si su equipo fracasa y no levanta copas. Eso sería, sin embargo, un paso atrás fatal. Si Pochettino quiere que aficionados, jugadores y directiva vean el futuro como lo ve él, necesita convencerles de que ahora salen a ganar cada partido, sea el rival el Accrington Stanley o la Brasil de 1970.

Por eso la demostración de fuerza contra el Real Madrid es tan importante para el equipo londinense. La gente necesita hechos o de lo contrario Mauricio no sería más que un charlatán con aires de grandeza. Es en noches así donde es capaz mandar el mensaje más fuerte posible a la afición: no puede prometerles ser campeones de Inglaterra y Europa, pero sí está en condiciones de decirles que es posible.

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