Marko Arnautovic, un jugador con dos caras
La equilibrada combinación de lo mejor y lo peor es lo que conforma el carácter y personalidad del jugador del West Ham, que en las últimas jornadas ha llevado las riendas del equipo.

Negar que Marko Arnautovic es un jugador con muchísima calidad es negar la evidencia. El actual jugador del West Ham reúne en su juego una gran habilidad técnica con una importante capacidad física. En este sentido, y desde el punto de vista puramente del juego, el austriaco es un auténtico jugadorazo. Ahora bien, su toma de decisión en el campo y su actitud, tanto dentro como fuera del terreno de juego, llevan minando su carrera desde que esta empezara a finales de los años noventa en la ciudad austríaca de Floridsdorfer.

Arnautovic es un tipo muy temperamental. Tanto, que este fuerte carácter le ha marcado en todas y cada una de las etapas de su carrera. Enfrentamientos con rivales, entrenadores, directivas e incluso árbitros, le han costado muchos disgustos al exjugador del Stoke City. De hecho, en su segundo partido con el West Ham, visitando el estadio del Southampton, el bueno de Marko lanzó un codazo a un rival en el minuto 33 que le valió la expulsión y una sanción de tres partidos. Mejor carta de presentación imposible ante su nueva afición. Por acciones de este tipo, resulta complicado afirmar que Arnautovic es un gran futbolista.

El austríaco es uno de aquellas personas que siempre va de cara. Prueba de ello son las últimas declaraciones que ha hecho ante la prensa, en las que reconoció que le sentaron mal los pitos en el Estadio Olímpico de Londres en sus primeros partidos causados por las grandes expectativas que había levantado su fichaje, el más caro de la historia de los hammers: “Al principio, me dolieron mucho los pitos en el estadio, porque se pensaban que era mejor jugador. Pero ahora estoy jugando para el equipo, estoy jugando para los aficionados porque ellos son gran parte de este club”.

De la misma manera, esta clase de genio contraproducente siempre genera grandes controversias entre los aficionados, que se dividen entre insobornables defensores y acérrimos detractores. A Arnautovic o se le ama o se le detesta. No se produce término medio. El personaje no lo permite. No deja indiferente a nadie.

Quizá este sea uno de los únicos atributos positivos que el futbolista como personaje sugiere. En este mundo del fútbol actual, sumido sobre bajo la enorme losa de los tópicos, Arnautovic representa uno de los últimos reductos de aquella vieja extirpe de “enfants terribles” de la Premier League, que hacían las delicias de los espectadores de todo el mundo. Tipos malos, malcarados, pero que atesoraban una innegable calidad futbolística. 

La cara A

Marko Arnautovic nació en la ciudad de Floridsdorf, Austria, en 1989. Hijo de padre serbio y madre austríaca, creció en el seno de una familia cristiana ortodoxa. Desde bien pequeño, Marko destacaba por ser un niño muy activo, con un gran interés por la competición y que invertía sus excedentes de energía en ocupaciones muy variadas. Esta actitud tan despierta le llevó a aprender a conversar fluidamente en cuatro idiomas (alemán, inglés, neerlandés y serbio) durante su estancia en el instituto.

Ahora, con 28 años y en su quinta temporada en la Premier League, Arnautovic está en el mejor momento de su carrera. El austríaco acumula siete goles en los últimos nueve encuentros de liga y está siendo una de las piezas claves del resurgir del West Ham en las últimas jornadas. Es David Moyes quién parece haber dado en la tecla para exprimir el máximo rendimiento del díscolo delantero.

De hecho, esa posición de delantero es una de las claves para el gran rendimiento que está mostrando el 7 hammer. A lo largo de su carrera, Arnautovic se había acostumbrado a partir en ataque desde una de las dos bandas (no hace falta recordar el dúo que formaba la temporada pasada junto a Xherdan Shaqiri en Stoke), hasta su llegada al West Ham, donde tanto Slaven Bilic como Moyes le han situado siempre por el centro. En ocasiones, acompañado por otro delantero ejerciendo de referencia, como ha sido el caso de Andy Carroll y Michail Antonio, o totalmente solo como único atacante del equipo. En esta posición más centrada, Arnautovic aprovecha su concepción vertical y directa del fútbol para hacer mucho daño buscando la espalda de los defensas.

Sus goles han servido habitualmente para sumar puntos, como en la victoria por 1-0 ante el Chelsea en el Estadio Olímpico, o en el 3-3 en Bournemouth, donde marcó un doblete. Un idilio de cara a portería que nunca ha sido uno de los fuertes del austríaco. De hecho, su temporada más prolífica fue la 2008-2009, cuando jugando en el Twente de la Eredivisie (liga conocida actualmente por la laxitud de las defensas y la preeminencia de los ataques) anotó 12 goles en 28 partidos. Por lo tanto, esta temporada en Inglaterra, Arnautovic ha conseguido la mitad de los goles de su mejor temporada goleadora en tan solo 8 partidos. Con estos números en la mano, sorprende aún más el hecho que el austríaco haya convertido goles de oportunismo, aquellos que parecen reservados a los delanteros con oficio en el área.

Las continuas lesiones de hombres como Carroll o Antonio, unidas a la poca confianza que parece tener David Moyes en el mejicano Chicharito Hernández, hacen pensar que el futuro del West Ham United en la Premier League, que ahora mismo está decimoprimero con cuatro puntos de ventaja respecto a los puestos de descenso, pasará por el acierto que tenga Marko Arnautovic en sus botas. Y esto, tratándose del bueno de Marko, nunca se sabe si es buen augurio.

La cara B

Todas las cualidades futbolísticas que atesora Marko Arnautovic mencionadas hasta ahora, quedan a veces ensombrecidas por su bestia negra. Esta no es otra que él mismo. El carácter díscolo y problemático del delantero le ha restado posibilidades a lo largo de su carrera. Las celebraciones de goles estrafalarias, los piques continuos con rivales y compañeros, y las acciones rozando la barrera de la deportividad han sido una constante a lo largo de su carrera deportiva.

Estas malas maneras ya provocaron que el austríaco no fuera capaz de encontrar la estabilidad deportiva necesaria en sus inicios.  Sus continuos desencuentros con rivales, entrenadores e incluso compañeros causaron que el bueno de Marko fuera saltando de club en club durante varios años. Desde 1995 hasta el 2006, Arnautovic jugó en las filas del Floridsdorfer AC, en dos etapas, en el FK Austria Wien, también en dos períodos distintos, en el First Vienna FC, en el SK Rapid Wien y, finalmente, en el Jong FC Twente, desde donde dio el salto al profesionalismo.

A lo largo de su carrera, el Balotelli austríaco, como le gusta llamarle a nuestro compañero y hammer de referencia, Ilie Oleart, ha recibido 30 tarjetas amarillas y 4 rojas. Números a tener en cuenta al tratarse de un jugador atacante.

Curiosamente, Marko Arnautovic y ‘Supermario’ Balotelli mantienen una buena amistad, surgida durante la temporada 2009-2010 en la que compartieron vestuario en el Inter de Milan, consiguiendo un triplete histórico con el equipo italiano. Sin embargo, ninguno de los dos tuvo un papel preponderante en el equipo puesto que ambos eran jóvenes promesas que empezaban a asomar la cabeza en el mundo del fútbol de élite. Tal para cual.

Y en realidad es una lástima. Arnautovic tiene condiciones físicas y calidad para ser uno de los grandes futbolistas de la Premier. Ahora bien, sus constantes decisiones erróneas, tanto dentro como fuera del campo, han lastrado mucho su trayectoria como jugador. O no, a lo mejor lo que tenemos que hacer es disfrutar de un tipo como él. Su imprevisibilidad, su calidad mezclada con su mal humor. Un futbolista de los de antes. De aquellos que no hacían prisioneros. De aquellos a los que no les importa la opinión de los demás. De esos que celebran un gol en el Britannia Stadium, el campo de su antiguo equipo, el Stoke City, como si fuera el más importante de su carrera. No dejando indiferente a nadie. Porqué solo una cosa está clara en Marko, es un jugador con dos caras.

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