Observaciones de Deadline Day
No recuerdo la última vez en que nadie vaticinó que Deadline Day iba a ser aburridísimo. Al final, todo es cuestión de perspectiva. Los grandes no se movieron pero rara vez lo hacen en dicho contexto. Los movimientos no escasearon, que se lo digan al Crystal Palace o al Hull, dos de los principales animadores. O a Steven Caulker, que se fue del QPR al Lokomotiv. De Moscú. Lokomotiv.

Ni pies ni cabeza

No tiene ni pies ni cabeza el funcionamiento del Nottingham Forest. No guarda lógica alguna. La propiedad del club estaba a punto de cambiar de manos hace escasas semanas. El detestado Fawaz Al-Hasawi parecía fuera del club para que entrase en acción un consorcio estadounidense liderado por John-Jay Moores, exdueño de los San Diego Padres de la Major League Baseball. En el último momento, todo se cayó. Y las protestas en contra de Fawaz se convirtieron en multitudinarias. El club es un completo caos, pues su dueño ha contratado y despedido directivos sin contemplación alguna. Como también entrenadores. El club parecía estar en su peor momento, los sueldos de los últimos meses los había pagado Moores y de repente, cuando todo era oscuro, han completado algunos de sus mejores fichajes en años. No son capaces de contratar a un entrenador pero sí jugadores, y buenos. Ross McCormack se peleó con Steve Bruce y por eso sale cedido del Aston Villa a pesar de ser fichado en verano por más de 12 millones de libras. Pero sigue siendo uno de los delanteros más prolificos de la categoría. Es una pena que no haya querido con la suficiente vehemencia llegar a la Premier League. Junto a él han fichado a dos futbolistas prometedores como Gboly Ariyibi (Chesterfield, extremo) y a Zach Clough (Bolton, media punta), que no guarda parentesco conocido con Brian y Nigel. También habían adquirido a Aaron Tshibola (Reading, medio centro) y Joao Teixeira (Wolverhampton, medio centro). El barco se hundía, y aun así van a llegar a puerto.

Por quien suspiraban, a quien necesitaban

El Sheffield Wednesday es ahora un verdadero contendiente al ascenso. No es que antes no fueran uno genuino, pero han llegado al punto en el que son uno de los cabezas de cartel. Han obtenido la pieza destinada a desbloquear el enigma del ascenso. Esa pieza es Jordan Rhodes, uno de los mejores goleadores de la historia del fútbol inglés. Sé que esto suena a una ofensiva exageración pero la realidad es que pocos futbolistas han mostrado una capacidad tan eficaz como Rhodes de cara a puerta. No es un jugador de primera fila mundial porque se te exige más hoy en día que una simple, aunque impresionante, habilidad para marcar goles. Rhodes no hace mucho más, pero mete goles, muchos. Sin embargo, fue a parar a un equipo como el Middlesbrough, que espera un mayor abanico de facetas de su delantero. Rhodes no disponía de él. Además, se podría hacer la lectura de que en una liga como Championship es más facil, no porque los jugadores sean peores sino porque se da en más ocasiones un juego de área a área en el que Rhodes no está tan exigido a partir de medio campo como con un equipo que repliega tanto como el Boro. El caso es que el Sheffield Wednesday es su nuevo equipo. Llega cedido con una cláusula de compra obligatoria en verano de 10 millones de libras. El Wednesday le quería y le necesitaba desde hace año y medio cuando todavía estaba en el Blackburn Rovers. Se desviaron demasiado el pasado verano redundando con sus incorporaciones de jugadores para puestos que ya tenían cubiertos. Por fin tienen a Rhodes y por fin tienen en él a ese goleador que te da un ascenso.

Su nueva realidad

Que el Nottingham Forest esté reavivando su despropósito de proyecto no es lo único sin pies ni cabeza que sucedió en uno de los días más señalados del año en el mundo del fútbol. El Lokomotiv de Moscú ha fichado cedido a Steven Caulker del Queens Park Rangers. Este es de los movimientos más extraños que jamás he visto. Y sin duda es fascinante como la vida y trayectoria de un futbolista, en este caso, puede cambiar, puede tomar semejantes giros casi fuera de tu control. Un control que a la vez tenías y perdiste por el camino. Steven Caulker estaba destinado a ser uno de los mejores centrales ingleses. Donde están ahora John Stones o Chris Smalling debía estar Caulker, que llegó a ser convocado con la selección inglesa. Mostró muy buenas maneras en un escenario exigente como el Tottenham. Pero entonces acabó en Cardiff con opción de recompra de los Spurs. Y se acabó todo. Fue probablemente el mejor del equipo. Pero descendieron y él se fue al QPR y volvió a descender. Sólo un milagro podía salvar su reputación y sigue sin llegar. Cesiones a Southampton y Liverpool porque el QPR quería ahorrarse su sueldo le hundieron un poco más. Este año volvió y lo estaba haciendo bien. Pero ahora le mandan cedido al Lokomotiv de Moscú. Raro pero esa es su nueva realidad.

Steve Caulker con la camiseta del QPR (Jordan Mansfield/Getty Images).

Por primera vez en treinta años

La rivalidad entre el Bristol City y el Bristol Rovers es feroz, aunque no recibe el bombo que merece por dos razones fundamentales: no están en la Premier League ni tampoco en la misma división. Sin embargo, no compartir categoría parece haber hecho crecer la animadversión entre ambos en cierto modo porque en vez de desahogarse dos veces cada temporada tienen que esperar al atípico año en el que sí coinciden en una división o a un emparejamiento en alguna de las copas. El último llegó precisamente así, en 2013, y la tensión se podía cortar con un cuchillo. Ganó el Bristol City, equipo de segunda división en la actualidad mientras que el Bristol Rovers reside justo por debajo, en tercera. La cuestión es que, en Deadline Day, el City le quitó al Rovers a su estrella y, con 19 goles este año, máximo goleador: Matty Taylor. Activaron su cláusula de 300.000 libras y se lo trajeron al otro lado de la ciudad. Aunque nadie lo diría por su forma de presentarle con el hashtag #WelcomeToBristol ("Bienvenido a Bristol”). Así, a secas, ninguneado a su eterno rival. Era además la primera vez desde 1987 que un jugador (Trevor Morgan, curiosamente, también un prolífico goleador con el Bristol Rovers antes de irse al otro bando) iba directamente traspasado de un equipo al otro. Prometen saltar chispas en su próximo enfrentamiento.

Matty Taylor posando con la camiseta del Bristol City (Harry Trump/Getty Images).

Apostando por ellos mismos

El Burnley descendió de la Premier League en 2015 porque Sean Dyche sólo podía sacar tanto de la plantilla. Una plantilla que tuvo un enorme mérito con el hecho de tan siquiera alcanzar la tierra prometida un año antes. Su ascenso se consideró una impresionante proeza con toda justicia. No lograron salvarse, pero decidieron que no iban a quedarse en segunda para el próximo lustro. Consiguieron mantener a Sean Dyche y fueron por uno de los máximos goleadores de la división el año anterior: Andre Gray. A quien se sumó un estelar Joey Barton. Entregaron a Dyche más y mejores piezas con las que trabajar y ascendieron al primer intento. Existía una preocupación bastante fundada el pasado verano sobre si el Burnley, como dos años antes, no se reforzaría como debía para afrontar una nueva temporada en la Premier. Les costó, todo fue bastante a última hora, pero incorporaron a dos muy buenos jugadores como Steven Defour y Jeff Hendrick, que han sido trascendentales. Y están en su mejor momento. Sean Dyche está llevando al equipo a un nivel más allá del de su último año en la élite y a base de ganarlo casi todo en casa tienen una muy buena oportunidad para salvarse. Dándose cuenta de ello, desde la gerencia han decidido apostar por ellos mismos, por el equipo. Y han permitido a Dyche fichar en Deadline Day a Ashley Westwood (Aston Villa, medio centro) y Robbie Brady (Norwich, extremo izquierdo) por unos 18 millones de libras. Puede que fracasen o puede que triunfen, pero están apostando seriamente por ellos mismos para triunfar.

Muchas gracias

Uno de los movimientos que más expectación llevaba generando a lo largo del mercado de invierno en Inglaterra era el de Scott Hogan, delantero del Brentford. A cualquier sitio. Le querían West Ham, Crystal Palace y a última hora, y quien se terminó llevando el gato (o en este caso a Hogan) al agua, el Aston Villa. Lo más surrealista de todo es que el Aston Villa jugaba la misma noche de Deadline Day en campo del Brentford. Ya era bastante surrealista que hubiese partidos el mismo día del cierre de mercado, pero que encima un equipo se estuviese llevando al máximo goleador del otro ya era el colmo. El Brentford desde que se abrió el mercado estaba preparado para despedirse de él. Hogan llegó al club en verano de 2014 y se pasó los primeros años casi completos lesionado. Pero acabó volviendo para consolidarse como uno de los delanteros más notorios de la división de plata del fútbol inglés (14 goles esta temporada). Había sido una gran historia de superación, pero el Brentford tenía asumido desde el día que le fichó que podría salir a un club con mayores aspiraciones. Y eso acabó pasando en un Deadline Day en el que el Aston Villa pagó 9 millones por él (más 3 en variables y llevándose el Rochdale, su antiguo equipo, el 30%). Mientras Hogan pasaba el reconocimiento médico en Birmingham, el Aston Villa perdió por 3-0 en campo de un Brentford que con un ataque fluido y coral pasó por encima de sus rivales. "Muchas gracias por los millones, chicos", estarían pensando, “muchas gracias”.

El Brentford goleo al Aston Villa (Clive Rose/Getty Images).
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