Oficial y caballero
Pep Guardiola y Arsène Wenger. Dos hombres tan contrarios como parejos. Tan lejanos como cercanos y tan revolucionarios como ellos mismos. Sus filosofías han cambiado el fútbol inglés en siglos distintos. Uno Sócrates, el maestro, y otro Platón, el aprendiz, la final de la Copa de la Liga les reúne este domingo en Wembley en el auge de uno y ocaso de otro.

«Wenger no sabe nada de fútbol inglés. Está en un club grande, o bueno, el Arsenal solía serlo, pero es un novato y debería dedicarse a opinar sobre el fútbol japonés», Sir Alex Ferguson

Sir Alex Ferguson nunca ha tenido pelos en la lengua. No es un hombre de medias tintas y no tuvo problema en dejar claro a un recién llegado Arsène Wenger que la Premier League no era su sitio. Sus conocimientos de fútbol japonés no le ayudarían a levantar los cimientos de un aburrido Arsenal que ganaba poco, marcaba menos, y se caracterizaba por su fútbol insulso y sin gracia.

La Premier League, recién nacida y muy distinta a la que llega hoy a nuestras pantallas, era reticente a la llegada de forasteros, tanto para entrenar como para jugar. La supremacía del fútbol inglés, de los Tony Adams, del 3-5-2 y del fútbol defensivo y el balón largo, pusieron la tarea muy difícil a Wenger. En 1996, traer a un entrenador extranjero a tu equipo era casi tan peligroso como no hacerlo en la actualidad. Arsène pasó de no ser bienvenido, a ser aceptado y, finalmente, a convertirse en el primer entrenador no inglés en ganar la Premier League, siguiendo los exitosos pasos de Ruud Gullit con sus vecinos de Chelsea. La revolución y evolución de la Premier se resume en su Arsenal, que se convertiría en el modelo del fútbol de futuro: entretenido, multicultural y con una filosofía táctica revolucionaria.

Cambiar la cultura y las tradiciones del Arsenal no fue fácil, empezando por la dieta. Los jugadores tragaban como embudos, bebían alcohol como si el mañana y la resaca no existieran, realizaban copiosas comidas antes de los entrenamientos, y abusaban de los dulces y refrescos. Durante su estancia en Japón, Wenger quedó ensimismado con el bajo porcentaje de obesidad de su población e implantó una dieta inspirada en dicho país: baja en grasas, con más plancha que frito y sin azúcares. La mejora de las condiciones físicas del equipo no tardó en dar la cara.

Las transformaciones alimenticias no fueron las únicas que dieron sus frutos. Arsène implementó un modelo “socialista” mediante el cual los salarios de sus jugadores no serían muy dispares entre sí, evitando así tensiones innecesarias en los vestuarios e intentando reforzar la relación entre sus hombres. El Karl Marx galo. El factor francés provocó también que Wenger fuera capaz de fichar a jóvenes, y baratos, talentos extranjeros que serían clave para la transformación de su equipo: Patrick Vieira o Nikolas Anelka entre otros. 

Figuras como la de Dennis Bergkamp también mutaron por completo la filosofía de juego de los Gunners. Sus cambios tácticos y su énfasis en un fútbol más técnico, pasando del 3-5-2 que tanto amaban en Inglaterra a un 4-4-2, fueron las claves que convirtieron a su Arsenal en el nuevo equipo a seguir. Wenger ya era un líder, y había creado tres generaciones de ganadores, en 1998, 2002, 2004

Nicolas Anelka, Emmanuel Petit, Tony Adams y Patrick Vieira, parte de la revolución Wengeriana (Craig Prentis /Allsport).

Sin embargo, el éxito es el principal enemigo de la innovación. La gloria y notoriedad acabaron convirtiendo a Wenger en víctima de sus propios triunfos. La larga lista de entrenadores que llegaban a la Premier y seguían los pasos de Arsène para convertir a sus equipos en protagonistas acabó cegándole en su éxito. Si todo está bien, nada se cambia, y el Arsenal pasó de revolucionario a pelear por entrar en puestos de Champions League. Desde 2004, los Gunners han ganado cuatro FA Cup y tres Community Shield, títulos que en muchas ocasiones han salvado las desastrosas campañas del equipo. Siete títulos en catorce años no es una cifra muy esperanzadora para un equipo que había aspirado a liderar al resto.

Tan atractivo era el juego de aquel Arsenal de Wenger que incluso Pep Guardiola anhelaba formar parte de su once. Hoy, el catalán es considerado como uno de los mejores entrenadores del panorama futbolístico, con un envidiable palmarés: 21 títulos desde 2009 con el FC Barcelona y el Bayern de Múnich. Pep puso patas arriba el juego del Barça, con su juego de posición de raíces cruyffísticas. Un estilo que sus críticos rebautizaron como «tiki-taka», un término que el entrenador de Santpedor ha confesado odiar.

Guardiola trasladó la filosofía y el juego que tantas alegrías le había proporcionado en Barcelona al Allianz Arena. Su reto era ahora mayor: transformar a un equipo correcto y reinante en una liga de distinta tradición y con jugadores con hábitos diversos. Con charlas sobre alimentación y juego, sobre falsos mitos del juego de toque y sobre el diverso tratamiento que requieren los jugadores, Pep se acercó a la figura de aquel Wenger que transformó a un amateur Arsenal a finales de los noventa.


«Yo odio el 'tiki-taka'. Lo odio. El tiki-taka es pasarse el balón por pasar, sin ninguna intención. Y esto no sirve para nada. No os creáis lo que dicen: ¡El Barça no tenía nada de tiki-taka! ¡Eso es un invento! ¡No hagáis caso!», Pep Guardiola

El éxito también aburre. Si no hay retos en el horizonte, la motivación se desvanece como un oasis en el desierto. Guardiola ya había dominado en la liga española y en la alemana, y debía pasar página una vez más para evitar caer en la red de éxito que el mismo había tejido. ¿Sería Guardiola capaz de trasladar su palmarés a la que se considera como la liga más competitiva del mundo? Su llegada a Mánchester revolucionó a la prensa inglesa, que le colgó el cartel de vencedor nada más llegar. Tener a Pep Guardiola era un orgullo para la Premier League, que se preguntaba incesantemente si el catalán sería capaz de adaptarse a sus exigencias y de transformar a un Manchester City corto de ideas.

Su primer año en la Premier League mostró que errar es humano, y que este City necesitaba más trabajo de lo esperado. Al igual que Arsène se vio obligado a adaptarse y a trasladar a los demás a su forma de ver el juego, Pep tuvo una temporada de prueba para ver qué funcionaba y qué no. Y parece que la lección le ha sentado como agua de mayo. En su segunda temporada, ha convertido a este City en un equipo nuevo: donde antes había individualidad, ahora hay compenetración y un aura de invencibilidad.

El City se ha quedado a las puertas de replicar la campaña de los invencibles de Wenger. Su única derrota hasta la fecha, un 4-3 frente al Liverpool de Jürgen Klopp, mantiene a Wenger en el pedestal de la gloria invicta. A pesar de que entre los éxitos de uno y de otro solo han pasado doce años, el fútbol ha cambiado drásticamente. La supremacía de lo británico ya no reina en la Premier League, terreno abonado para entrenadores extranjeros y jugadores de todas las nacionalidades. En los últimos años, hemos visto cómo los entrenadores ingleses perdían su poderío en los banquillos, cómo el estilo de juego característico del país se ha ido desvaneciendo y cómo el balón largo y la jugada ensayada ha dado paso al toque y la posesión. 


«Creo que él lo ha hecho mucho mejor que yo», Arsène Wenger

¿Lo ha tenido Pep relativamente más fácil que Wenger? Es probable. Mientras que uno fue mal recibido, el otro fue alabado, los fichajes de uno eran poco fiables, los del otro bien vistos… con 21 títulos en su palmarés hasta la fecha (Wenger desde 1988 y con tres equipos distintos: Monaco, Nagoya Grampus y Arsenal; Guardiola desde 2009 con el Barcelona y el Bayern), la final de la Copa de la Liga reúne al maestro y al aprendiz en Wembley este domingo. En sus enfrentamientos previos, Wenger ha ganado tres veces a Pep, dos en la Champions League contra Barça y Bayern y en la semifinal de la FA Cup de la temporada pasada. Por su parte, Pep ha derrotado en seis ocasiones a Wenger, incluyendo una goleada por 5-1 en su etapa en Múnich. En otras tres ocasiones, su duelo ha acabado en tablas.

 

Enfrentamientos previos entre Pep Guardiola y Arsène Wenger.

La victoria en la Copa de la Liga tendría repercusiones distintas para ambos entrenadores. Para Wenger, salvar la temporada con el único título que no ha conseguido colocar en sus vitrinas desde que llegara al Arsenal, a expensas de lo que pueda pasar en la Europa League; y para Guardiola, conseguir su primer trofeo con el Manchester City y un más que asegurado doblete considerando la distancia de la que goza en liga, además de una forma de borrar su inesperada salida de la FA Cup el pasado lunes frente al Wigan. Pep ha dado un paso más que Arsène. Un paso más que hace dudar si su ocaso llegará, al menos, de inmediato. Al igual que Platón empleó su admiración hacia Sócrates para llevar sus conocimientos más allá de lo previamente establecido, Guardiola ha intentado estirar la cuerda con un poco más de fuerza para evitar caer en su propia trampa. 

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