Por fin juntos
Desde agosto de 2015, el Everton sólo ha jugado 33 partidos con Coleman y Baines juntos. Los que hace no mucho fueron la mejor pareja de laterales de la Premier League han sufrido sendos baches en sus carreras por culpa de las lesiones, pero ya vuelven a ocupar las bandas que durante años les han pertenecido. Aunque su futuro próximo puede estar comprometido por la apuesta del club por los jóvenes.

Hubo un tiempo en el que el Everton se creyó definitivamente capaz de asaltar el top-six de la Premier League y establecerse como la séptima potencia del fútbol inglés, capaz de hablar a la cara al resto de gigantes. Séamus Coleman y Leighton Baines eran considerados por muchos la mejor pareja de laterales de la liga. Romelu Lukaku se había convertido en el fichaje más caro de la historia del club por 35 millones de euros tras un exitoso año cedido desde el Chelsea. Los jóvenes Ross Barkley y John Stones se hacían hueco en el primer equipo y prometían un presente y futuro brillante. Era 2014 y el Everton había terminado la temporada en la quinta posición. Cuatro años más tarde, sólo los dos primeros continúan en el club tras varios bandazos a nivel colectivo y lesiones en el plano personal.

Ahora que Goodison Park atraviesa un bache emocional después de ver cómo su multimillonario equipo ha tenido que recurrir al áspero fútbol de Sam Allardyce para evitar un ridículo mayúsculo, volver a ver juntos a Coleman y Baines corriendo pegados a la línea de cal es una alegría reconfortante. No ha sido un proceso corto. El irlandés, que ya había estado fuera 81 días por tres lesiones entre septiembre de 2015 y el mismo mes de 2016, se rompió la pierna en marzo de 2017 y no pudo volver hasta enero de 2018. Ya recuperado, en febrero fue el muslo lo que le apartó durante una veintena de fechas más. Su compañero inglés de la banda contraria tampoco es un desconocido por la enfermería: Baines estuvo parado de mayo a noviembre de 2015 por problemas en el maléolo y esta temporada ha sufrido una lesión en la pantorrilla que ha requerido una baja de tres meses.

Por el camino, Coleman se ha ido aproximando a la treintena con la pierna escayolada y Baines ha perdido sus icónicas patillas como ese veterano que ya se ve pasado de rosca para seguir emulando el look de los Beatles. Sin sus dos laterales, el Everton se ha estancado en la zona de mitad de tabla de la que quería huir. Según estadísticas de la web de la Premier League, desde agosto de 2015 los Toffees han disputado 33 partidos con Coleman y Baines y 74 sin ambos en el campo. Cuando han estado presentes, el porcentaje de victorias ha sido del 45,5 %, con 1,7 goles marcados y uno encajado por partido. En ausencia de la pareja, los triunfos han bajado al 32,4 % y los goles anotados a 1,4, mientras los tantos recibidos han ascendido hasta 1,6.

Para un equipo que ha llegado a observar el descenso de cerca en la primera mitad de la temporada, recuperar el equilibrio que otorgan Coleman y Baines tanto en ataque como en defensa es un progreso imprescindible. Sin embargo, la desgracia del primero ha servido de oportunidad para que el canterano Jonjoe Kenny demuestre su valía: venía de disputar sólo dos encuentros de Premier League con el equipo sénior en las dos últimas temporadas y en la 2017-2018 ya lleva 19. Parchear el vacío dejado por Baines ha sido más complicado: Cuco Martina ha cambiado de banda por necesidades del guión y su rendimiento ha sido tan pobre como predecible.

La estrategia del Everton en el pasado verano fue clara. Los Toffees quieren apostar por el talento joven y la billetera no es un problema: los millones invertidos en Gylfi Sigurdsson, Michael Keane, Jordan Pickford y Davy Klaassen lo demuestran. Los 33 años de Baines hacen complicado su encaje en la plantilla de cara a un futuro cercano, y la presión de Kenny por el puesto de lateral derecho también puede acabar desplazando a Coleman más pronto que tarde. Si lo único seguro es el presente, al menos Goodison Park puede celebrar que la pareja que hace no mucho era la mejor de Inglaterra está de vuelta. Y con ellos, un pedazo del Everton que peleaba con orgullo por un trozo del pastel que llevan años repartiéndose los seis grandes.

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