Por noches como esta
Este pasado miércoles por la noche, el Bristol City dio la gran sorpresa de la temporada al vencer y eliminar de la Copa de la Liga al Manchester United. Uno de los equipos más atractivos de segunda división logró dar el campanazo. Un momento por el que llevaban mucho tiempo trabajando.

Derrotar al Manchester United no es una anomalía en la presente existencia del Bristol City. Fue un momento inesperado pero que refuerza y eleva a nuevas cotas el ambicioso proyecto del club. Sólo han jugado cuatro temporadas en su historia en la primera división inglesa, sin embargo, quieren aumentar esa cifra cuanto antes. Bristol es la ciudad más grande de Inglaterra sin un equipo en primera división. Y encima es una de las seis ciudades del país con más de un equipo de fútbol profesional: en este caso, el City y el Rovers. El primero está en segunda y el segundo en tercera. El Bristol City busca volver a codearse con los grandes en la máxima categoría. Lo lleva buscando mucho tiempo, pero parece que al fin han encontrado el camino. Aunque no ha sido fácil.

A lo largo de los últimos años han sufrido, en cierto modo, por no ser capaces de emparejar sus expectativas con la realidad. En 2008 se quedaron a las puertas de la tierra prometida, perdiendo al final del play-off de ascenso en Wembley contra el Hull. Acabaron cayendo en un inesperado descenso que les condenó a pasar dos años en tercera. Pero volvieron en 2015. Aunque cerca se quedaron de volver a caer la temporada pasada, se salvaron y, gracias a la confianza en este proyecto, viven ahora su mejor momento.

Una confianza que fue llevada al extremo para sobrevivir. La temporada pasada no pudo comenzar mejor. A principios de octubre, el equipo estaba en play-off de ascenso y parecía que podía tener un año para soñar. Pero se desplomó hasta caer a la lucha en el barro. A pesar de contar en sus filas con uno de los delanteros más prolíficos de la división, Tammy Abraham, el equipo no logró funcionar a su alrededor. Su estrella marcó, les sostuvo, les mantuvo respirando. Sus goles no dejaron de llegar pero también llegaron un buen puñado en contra. Demasiados de ellos. De vez en cuando, demostrando que el potencial estaba presente, acompañaron a Abraham fantásticas actuaciones colectivas del equipo.

Pero aquello no fue la norma. Un 5-0 en contra en campo del Preston North End, por ejemplo, casi les manda al hoyo. Pero lo lograron, sobrevivieron. Aun teniendo en cuenta todas las dificultades, la salvación final volvió a insinuar que este equipo, con todos sus fallos y carencias, era especial. Esta temporada, ya no es una insinuación. A través de su gif-revolución, además, han multiplicado su presencia y se han hecho notar mucho más de lo que hubiesen podido hacerlo únicamente a través de sus meros resultados. Se han autocatapultado al estrellato mediático con la creación de gifs caseros de cada jugador del equipo que la cuenta del club publica en Twitter tras cada gol. Una jugada maestra en la publicitación del club.

Los aficionados invaden el campo tras la victoria ante el Manchester United (GEOFF CADDICK/AFP/Getty Images).

Sin embargo, esta fantástica situación general jamás hubiese sido posible sin Stephen Lansdown. El dueño del Bristol City mantuvo una confianza ciega e inusitada en su entrenador Lee Johnson. A pesar de los malos resultados y las malas actuaciones, Johnson era su apuesta. La respuesta estaba escondida detrás de todas esas ocasiones en las que Johnson no parecía tener una, en que se aferraba al brillante futuro del club y del proyecto. Cuando ni la fortuna ni el acierto le acompañaron, la confianza sí le acompaño a él. Hasta cinco (¡CINCO!) veces fue reafirmado en el cargo. Lansdown rompió con lo que hoy en día parece norma: reafirmar al entrenador sólo para echarle dos días después. Romper el molde nunca es fácil, pero en Bristol por lo menos lo están intentando. Perspectiva y fuerza de voluntad en no caer en el cambio por el cambio. Y, aunque suene dramático, que lo es en cierta medida, la carrera de Johnson dependía de no ser despedido por el Bristol City. O al menos sus aspiraciones de llegar a dirigir en la Premier League. Un despido probablemente le hubiese devuelto a la tercera división. Pero no se produjo y ahora acaricia la cumbre.

Porque si algo ha demostrado Johnson en su carrera como entrenador es ambición. Se retiró con 31 años y dos meses después llegó como técnico jefe al Oldham Athletic de tercera división. Se convirtió en el entrenador más joven en ese momento del fútbol profesional inglés. Un mes más tarde se enfrentó, en una ocasión icónica, a su padre, Gary Johnson. Quería ser entrenador y los resultados y las actuaciones acomapañaron desde el principio. En Oldham parecía haber aterrizado un pequeño prodigio, salvando al club del descenso a cuarta dos años seguidos. Superado el ecuador de la tercera, le llegó la oportunidad de avanzar, de dar un salto en su trayectoria y se fue al Barnsley. Un club de la misma categoría, pero de mayor tamaño. Sus primeros pasos no fueron deslumbrantes pero sí correctos en cuanto a resultados, perdiendo tan sólo tres de sus primeros catorce partidos de liga. Llegó la temporada siguiente y todo explotó en mil pedazos. Estuvo al borde del despido durante semanas, hasta que de forma milagrosa logró enderezar el rumbo. El equipo, último, subió hasta mitad de tabla en dos meses y todo pasó de la oscuridad a la luz. Y Johnson se fue, sí... ¡a un equipo mejor! Una muestra monstruosa de lo rápido que puede cambiar todo. Se marchó al Bristol City, luchando en segunda por no bajar. De este modo, volvía a un club que ya le había fichado como jugador cuando estaba en el Yeovil, de tercera también. Un equipo que estaba presente en su corazón y en su cabeza, un lugar donde la ambición reina; en una institución donde la ambición también reina.

Sin embargo, en Bristol (donde cumplió el objetivo inicial de no bajar), como en Barnsley, todo se volvió oscuro después de un comienzo de ensueño. Otra vez viviendo a las puertas del despido, otra vez manteniéndose casi sin saber cómo. Pero logró enderezar el rumbo otra vez. Se salvaron del descenso y él se mantuvo en su cargo. "Hubo mucho ruido durante la temporada, muy abusivo, muy agresivo", dijo Lansdown sobre la extrema situación de Johnson. En verano se fue Abraham, pero llegaron algunos buenos refuerzos y todo ha terminado funcionando. El equipo empezaba a enamorar, de nuevo. Revirtió la situación en Oldham, Barnsley y ahora también en Bristol. Cuando pasa tres veces seguidas en tres equipos distintos, se puede empezar a pensar en un buen entrenador. Uno que ha transformado todos sus conjuntos en equipos echados para delante, muy intensos y proactivos en su propuesta de juego. “Incesantes en la persecución de la excelencia” es el mantra en el que cree a pies juntillas y, a pesar de esas caídas inexplicables, Johnson ha demostrado que es un buen entrenador. Propulsado por esa ambición que también demostró cuando explicó que había comprado una botella de vino de 450 libras para tomarse con José Mourinho después del partido. Lo explicó entre risas antes del partido, maximizando una vez más todo lo que envolvía a la ocasión. Aunque, después de cómo se desenvolvieron los acontecimientos, Mourinho acabó declinando la invitación.

Lee Johnson (Dan Mullan/Getty Images).

Este es un equipo que quería este momento, este duelo contra el Manchester United, empezando por Johnson y terminando por el recogepelotas; fue una noche que todos terminaron viviendo al máximo. Sabiendo de la importancia de la ocasión, Johnson alineó a toda la artillería en la que fue una de las grandes claves del partido y su resultado final: la familiaridad entre sí de uno y otro equipo. Mientras que el Manchester United fue un conjunto de rotaciones en el que se observó una clara falta de costumbre entre los jugadores, el Bristol City fue todo lo contrario. Johnson solo hizo un cambio a respecto a su equipo habitual y fue en portería, donde se podría argumentar que salieron ganando con el cambio. Pese a que está haciendo un buen año, Frank Fielding sigue siendo el mayor punto débil del once y Luke Steele, excanterano del Manchester United, brilló con luz propia, firmando paradas de mérito y reforzando sus posibilidades de hacerse con la titularidad a largo plazo. En la defensa, Bailey Wright, Aden Flint, Nathan Baker y Hordur Magnusson controlaron de forma sobresaliente al (también es cierto que inoperante) ataque de los Red Devils.

Los futbolistas del Bristol City celebran la victoria (GEOFF CADDICK/AFP/Getty Images).

Marlon Pack y Korey Smith confirmaron, en uno de los escenarios más exigentes, que son una pareja de medio centros sobre los que el Bristol City puede llegar a la cima. Haciendo frente a un medio campo rival por momentos invisible con Daley Blind, Scott McTominay y Paul Pogba, desplegaron actuaciones excelentes, asistiendo Pack en el primero de los tantos y marcando Smith el gol del éxtasis absoluto. Y ni notaron el hecho de que les faltaba su fichaje estrella del verano, el delantero senegalés Famara Diedhiou. El extremo derecho Josh Brownhill, el media punta James Paterson y el delantero Bobby Reid estuvieron espléndidos también aunque quizás no rayaron al mismo nivel que sus compañeros de la medular. Con la notable excepción del extremo izquierdo Joe Bryan, que protagonizó un partido cautivador. Un jugador absolutamente instrumental en este equipo y que frente a los de Mourinho marcó, hizo una entrada de último hombre excepcional sobre Marcus Rashford evitando lo que podría haber sido el 1-2 y tuvo un papel indispensable en la creación del sensacional 2-1 en el último minuto del partido. El Birmingham City intentó fichar este verano a él y a Flint con una oferta de cuatro millones de libras de la que los directivos del Bristol City siguen riéndose a día de hoy. Y pudimos observar por qué. Gracias a ello, los demás también pudimos reír, ya que Flint y Bryan están siendo, con sus goles, dos de los grandes protagonistas de la gifvolución.

Por noches como esta, el Bristol City ha trabajado tan duro. Se han hecho fuertes ante la adversidad, han creído en su proyecto, en su plan; cuando tantos otros no habrían sido capaces de hacerlo. La gloria llega a aquellos que esperan y el Bristol lo está demostrando, recolectando los frutos de todos sus esfuerzos. Por noches como esta, en la que vencieron al todopoderoso Manchester United, vale la pena todo el esfuerzo. Una noche que será recordada por muchos pero sobre todo por los aficionados del Bristol City allí presentes. Una noche copera mágica que llegó tras vencer a otros tres equipos de la Premier League: nunca antes nadie de una división inferior en la historia de las copas inglesas ha vencido a cuatro equipos de la primera categoría. El Bristol City lo ha hecho y no es por casualidad. Una noche para la historia en la que se convirtieron en héroes, en un año que pretenden que sea también para la historia. Este Bristol City no ha hecho más que empezar.

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