Previa 2016-17: Crystal Palace
Renovarse o morir. En Selhurst Park ha cambiado parcialmente la filosofía. Para alcanzar el éxito no suelen valer medias tintas. Las águilas tienen que adaptarse a su nuevo ecosistema. Subcampeones de FA Cup pero decepcionantes en Premier League.

El águila calva, Haliaeetus leucocephalus, es una rapaz diurna que habita en buena parte de Norteamérica. Como para la mayor parte de las rapaces, las garras son su principal arma. El Crystal Palace tradicionalmente se ha identificado con esta ave. Nos encontramos sin duda ante un águila calva que parece haber usado un cortaúñas.

Las rapaces británicas llegaron a la final de FA Cup, pero firmaron una liga para olvidar. Solo sumaron 12 puntos de 54 posibles en la segunda mitad del campeonato. Pasar de luchar por puestos de Europa League a evitar el descenso tiene un nombre: debacle.

En esencia, los factores causantes de la irregularidad en la temporada de los Eagles han sido las lesiones de jugadores importantes, la contraposición de estilos y la falta de olfato ofensivo. Nadie puede negar que la lesión en el gemelo de Yannick Bolasie fue determinante, pero considerando que uno no siempre puede evitar los pasos por la enfermería, sí es importante sujetar el timón en caso de tormenta. Esa es la sensación que han dado: llegado el momento cundió el pánico en Selhurst Park y cada uno hizo lo que mejor recordaba.

Defensivamente sólidos, pero un caos en ataque, no en vano han sido el tercer equipo con menos goles anotados la temporada pasada, con 39 dianas, empatados con el Norwich, aunque los Canaries generaron menos ocasiones. Los dos equipos menos prolíficos fueron el calamitoso Aston Villa y el West Brom de Tony Pulis. Más allá del colista, que sólo sean superados por el actual equipo de Pulis dice mucho. Para aquellos con menos memoria, el técnico galés fue entrenador del Palace antes de la llegada de Pardew. El juego rocoso, defensivo y tosco pasó por Croydon, en un momento en el que el club carecía de ideas.

Los hoy muchachos de Alan Pardew son el culmen del juego estático: la mitad de sus goles vinieron a balón parado. Más goles de saque de esquina que nadie, el mejor defensa (que no es Paul Walhurst) marca los mismos goles que el mejor delantero... son indicadores reveladores.

Pocas cosas hay más obvias que el problema de los Eagles en la delantera. No sólo falla el modelo de juego ofensivo de Pardew, también es un problema de individualidades: "La lista de Schindler" es menos dramática que el listado de delanteros del Palace. El olfato ofensivo del Palace brilla por su ausencia: Connor Wickham es el delantero más potable del club. La temporada pasada, le acompañaron en algún momento de la temporada: Emmanuel Adebayor, Dwight Gayle, Frazier Campbell, Marouane Chamakh o Patrick Bamford. Como demostración palpable de su carencia de olfato ante el gol, solo Campbell sigue en la plantilla.

Que se cerrase el fichaje de Saido Berahino por el Palace sería una excelente noticia, aunque por desgracia para Alan Pardew parece estar más cerca del Stoke City. Wickham ha demostrado estar a un nivel digno de ser suplente en un equipo de media tabla, como máximo. Alguna otra incorporación, aunque fuese algún canterano, no vendría de más.

Las críticas en el centro del campo son exclusivamente para la "Bolasiedependencia" y la falta de creatividad de Yohan Cabaye. Jugador clave y timonel respectivamente, el rendimiento ofensivo del resto de jugadores es responsabilidad indirecta de ambos. Desaparecido Bolasie, Cabaye perdió toda inspiración.

Parece que la línea de tres cuartos está completa con la llegada de Andros Townsend por trece millones de libras, un fichaje financiado casi íntegramente por la venta de Dwight Gayle al Newcastle. Opciones creativas y mayor calidad ofensiva del equipo se esperan de él. Con que hiciese mejor papel que Gayle sería suficiente (que no es muy difícil). Si ya logra que Wilfried Zaha vuelva a su mejor versión, habrá sido un regalo. Bolasie, Bakary Sako y Jason Puncheon serán el resto de opciones de Pards en esta zona.

Reforzar la plantilla en la medular no se antoja necesario, tienen profundidad y jugadores de cierta calidad en sus mejores años: a Cabaye se suman James McArthur, Mile Jedinak, Jordon Mutch y Joe Ledley, tras su buena Eurocopa con Gales. Necesitan regularidad y compenetración, y eso es complicado de comprar.

La defensa ha sido mejorada con la llegada de James Tomkins, que predeciblemente reemplazará a Damien Delaney. Con 33 primaveras, el zaguero irlandés está en el final de su carrera. Con todo, dada la salida por fin de contrato de tres centrales del club (Adrian Mariappa, Patrick McCarthy y Brede Hangeland, que optó por la retirada), sería conveniente añadir alguna opción más. Cabe decir que entre los tres no llegaron a los 900 minutos, pero afrontar una temporada con tres centrales es arriesgado. También queda pendiente contratar competencia en el lateral izquierdo para Pape Souaré, el flanco débil del Palace. Sería inteligente reforzar una zona que ha sido el punto flaco esta temporada. Joel Ward y Martin Kelly cubrirán la banda opuesta más que correctamente.

En la portería, los deberes están hechos y con matrícula de honor: Julián Speroni se dedicará a ver desde el banco cómo Wayne Hennessey, que tomó el relevo esta temporada, pugna por la portería con Steve Mandanda, que llega libre del Olympique de Marsella.

Las casas de apuestas hablan de un 12º lugar para los Eagles. Si fichan a un delantero bien podría mejorar ese pronóstico. Aun dando por hecho ese fichaje, es difícil predecir si este Crystal Palace será una versión mejorada del que pudimos ver en el primer año de Alan Pardew en Croydon, un candidato claro al descenso o algo intermedio. Potencial tienen para lograr su mejor marca en Premier League (precisamente un 10º puesto con Pardew), pero también hay más posibilidades de ver la Championship 2017/18 en Selhurt Park de las que tenía el Leicester de ganar la Premier. El resto de la historia la sabemos todos.

En definitiva, el águila de Croydon necesita que le crezcan las uñas de nuevo. O eso, o rezar porque dar cabezazos a sus presas sirva de algo, lo cual sería algo más improbable que un milagro.

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