Previa 2016-17: Leicester
Tras hacer historia la temporada pasada con la conquista del primer título de liga de su historia, el Leicester afronta un doble reto: consolidarse en la zona alta de la tabla y protagonizar un papel destacado en su primera participación en la Champions League.

Ilie Oleart es autor de "¡Dilly-ding, dilly-dong!", un libro que narra el histórico triunfo del Leicester City y de sus integrantes.

Antes de arrancar la pasada edición de la Premier League, The Guardian publicó un artículo donde sus periodistas opinaban sobre quién sería el eventual campeón, el mejor jugador de la temporada, el mejor fichaje y, por supuesto, qué clubes estaban condenados al descenso. Nueve de los once periodistas consultados apostaron por el Leicester como uno de los tres equipos que iban a descender. La mayoría de ellos justificaron su predicción en el cambio de entrenador. Barney Roney, por ejemplo, escribió “No Nigel [Pearson], no party". Su compañero Dominic Fifield estimaba que “puede que el Leicester tenga que repetir la heroicidad de la temporada pasada, ¿pero podrá lograrlo con Claudio Ranieri?”. Jacob Steinberg advertía de que “el Leicester puede lamentar haber remplazado a Nigel Pearson por Claudio Ranieri”. Andy Hunter iba más allá y, tras dar como descendido al Leicester, afirmaba: “Que Claudio Ranieri siga consiguiendo buenos trabajos es un auténtico misterio”.

Sus colegas de The Telegraph no fueron mucho más benévolos con los Foxes. La mitad de los diez periodistas consultados citaron al Leicester entre los clubes destinados al descenso de categoría. Chris Bascombe afirmaba tajantemente que “el cambio de entrenador del Leicester acabará en catástrofe”. Su compañero Alan Smith vaticinaba que “el nombramiento de Claudio Ranieri acabará siendo contraproducente”. Jim White afirmaba que “el Leicester no será capaz de repetir el milagro”. Matt Law recurría a la misma palabra para aseverar que “Nigel Pearson obró un milagro para mantener al Leicester la temporada pasada pero sin él y sin Esteban Cambiasso, los Foxes pueden tener problemas”. Jeremy Wilson, finalmente, advertía de que “el Leicester puede pagar su cambio de entrenador”.

Ha transcurrido un año y el Leicester se dispone a defender su título de campeón. No será sencillo. Algunas de las claves del inesperado éxito de la temporada pasada siguen presentes pero otras no. La comunión entre aficionados, jugadores y directiva sigue siendo inquebrantable. Claudio Ranieri ha conseguido retener a todos sus jugadores con la excepción de N'Golo Kanté, fichado por el Chelsea. Pero el entorno competitivo de esta temporada promete ser feroz. Chelsea, Manchester United y Manchester City han invertido fortunas en grandes entrenadores y sonados fichajes para volver por sus fueros.

Los Foxes se hayan en una encrucijada que promete marcar el futuro del club para las próximas décadas. Con una inversión inteligente y cuidadosa, el Leicester podría convertirse en una versión provincial del Chelsea. Es decir, un club históricamente de media tabla transformado en un grande a base de éxitos y un dueño procedente del este. Si no capitaliza su participación en la Champions League para atraer talento y consolidarse en la parte alta, el Leicester podría seguir los pasos del Blackburn Rovers, campeón de la Premier League en los años 90 y estancado actualmente en la segunda división inglesa con más visos de caer a la tercera que de regresar a la primera.

Además de la marcha del crucial Kanté, el Leicester también ha perdido este verano a un empleado clave en los despachos, Steve Walsh. El principal valedor de Riyad Mahrez, Jamie Vardy y el propio Kanté, se ha marchado al Everton, para estar más cerca de su familia y para disponer de un presupuesto mayor. Eso sí, Walsh ha hecho las maletas una vez resueltos los fichajes de este verano.

Para competir con Kasper Schmeichel, el Leicester ha incorporado al alemán Ron-Robert Zieler, procedente del Hannover 96. Considerando que el club deberá afrontar esta temporada cuatro competiciones, es más que posible que Ranieri opte por rotar entre ambos para aligerar la carga de trabajo.

En defensa, la prioridad de Ranieri era reducir la media de edad del eje de la zaga. Wes Morgan (32), Robert Huth (31) y Marcin Wasilewski han superado ya la treintena y para eso ha llegado el español Luis Hernández (26) procedente del Sporting de Gijón. Aunque utilizado normalmente como lateral derecho durante la pretemporada, Hernández es un central que permitirá dar descanso a Huth y Morgan durante la temporada. Además, es un consumado especialista en los lanzamientos de banda, una poderosa arma del equipo de Ranieri.

Nampalys Mendy ha llegado a las Midlands con la etiqueta del "nuevo Kanté". Las similitudes entre ambos no son pocas. Mendy llega al Leicester desde un modesto equipo francés (Niza), tiene 24 años (los mismos que Kanté cuando llegó) e incluso su físico recuerda vagamente al de su antecesor en el puesto de acompañante de Danny Drinkwater.

 

En la zona de ataque, finalmente, el Liecester ha incorporado al polaco Bartosz Kaputska, de 19 años, tras la honda impresión que causó en la Euro de Francia con su selección. A buen seguro gozará de oportunidades en las competiciones coperas pero está por ver cuál será su rol en liga y Champions League.

Quien a buen seguro tendrá un rol clave será Ahmed Musa, una especie de Jamie Vardy de color llegado del CSKA de Moscú por una cifra récord del club, más de 16 millones de libras. Tras un arranque titubeante en pretemporada, Musa se destapó en el encuentro de la International Champions Cup ante el Barcelona con dos goles de bella factura. Su salida en el descanso ante el Chelsea en la Community Shield contribuyó a revolucionar el partido. Queda por ver si es capaz de entenderse con Jamie Vardy, un jugador de características similares que tiene tendencia a buscar el desmarque de ruptura y participa poco en labores defensivas. Shinji Okazaki es menos peligroso en ataque pero dota de equilibrio a todo el conjunto.

El reto del Leicester esta temporada es doble: por un lado, realizar un papel digno de un campeón en la Premier League. Es decir, luchar por entrar en los puestos europeos, tarea que no será sencilla habida cuenta de la durísima competencia de esta temporada con Arsenal, Tottenham, Liverpool, Manchester City, Manchester United y Chelsea. El propio Ranieri afirmó que repetir título de liga era más improbable que ver a E.T. aterrizar en Piccadilly Circus. En segundo lugar, la primera participación en Champions League ha despertado la euforia en Leicester y el club sueña con repetir su gesta doméstica del curso pasado a nivel europeo. Aunque, siendo realistas, superar la fase de grupos ya sería un pequeño éxito a pesar de estar incluidos en el bombo 1 con el resto de campeones continentales.

"Lo difícil no es subir, sino mantenerse fiel a sí mismo mientras se sube", escribió el historiador francés Jules Michelet. Y Ranieri está siendo fiel a sí mismo. Sigue haciendo gala de humildad, propagando a los cuatro vientos su condición de equipo pequeño y preservando el estilo de juego que les ha llevado hasta aquí. A saber, el bloque bajo en defensa, el contragolpe fulminante y la maximización de la acciones ofensivas a balón parado. Los fichajes no han trastocado un ápice esa estructura. La fidelidad con uno mismo y sus ideas está ahí. Otra cosa es que, en esta ocasión, sea suficiente.

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