Previa 2018-19: Burnley
Sean Dyche contará con el mismo bloque de la histórico 17-18 y un par de piezas nuevas para el reto europeo -mediante clasificación pendiente aún- y el más difícil todavía: sobrevivir en una Premier League que se prevé durísima en la zona media y baja de la tabla.

Decían los muchachos de «Noviembre», la transgresora película de Achero Mañas, que el grupo de teatro con el que pretendían cambiar el mundo se llamaba así porque todo el mundo conmemora octubre como el mes de la Revolución -Rusa-, pero es al mes siguiente cuando hay que consolidarla y seguir haciéndola. Supongo que la mayoría de pequeñas revoluciones, cotidianas o no, acaban muriendo en ese intento de asentamiento, una vez perdida la fuerza con la que irrumpieron. El Burnley no tiene nada fácil volver a sorprender al establishment de la Premier League y mantener alta la bandera de la revolución Claret con la que hizo historia la pasada campaña.

Se antoja una tarea harto complicada, ya no solo repetir hazaña, sino sobrevivir a la voracidad de una competición que, año tras año, ve aumentar la competitividad de los equipos de la parte baja y media de la tabla. La inversión en fichajes de los recién ascendidos y de algunos de los equipos que el año pasado quedaron por debajo del cuadro de Sean Dyche, es decir, todos menos el big six, es tan alta que asusta. En algunos casos incluso marea.

Para hacer frente al reto doméstico y al sueño europeo -si se logra eliminar al İstanbul Başakşehir turco en la siguiente ronda de la Europa League, un rival más que complicado- el conjunto de Lancashire cuenta con el mismo bloque del año anterior al que ha sumado un par de piezas con las que aumentar la competitividad. Pero sobre todo confía en el buen hacer del hombre que les ha llevado hasta aquí, sobre el que reposa toda esperanza y al que los ciudadanos de Burnley confiarían sin dudar el futuro de sus hijos si no pudiesen hacerse cargo de ellos.

¿Será capaz nuevamente Sean Dyche de dar con la tecla, de aplicar la chispa adecuada para que el engranaje funcione como la máquina casi perfecta de la última temporada? Es la pregunta que se hace todo el mundo, pero hay una cosa incuestionable: si alguien puede hacerlo, es él. En el mercado estival del Burnley ha reinado la tranquilidad (que es lo que más se busca en Lancashire) hasta que en los últimos días han empezado a llegar las incorporaciones.

El primero en caer fue Ben Gibson, que viene de rayar a buen nivel en Middlesbrough durante las últimas temporadas. Este central con nombre de guitarra encaja perfectamente en el perfil que suele buscar Sean Dyche para el centro de su defensa: contundente al corte, fuerte en el juego aéreo y en el cuerpo a cuerpo, y con experiencia en Championship. Viene para competir el puesto a dos de los mejores jugadores la temporada pasada, como son James Tarkowski y Ben Mee, pero a buen seguro dispondrá de minutos, más si se acaba jugando en Europa.

A la larga lesión de Tom Heaton se ha sumado este verano la de su brillante sustituto y uno de los porteros más prometedores de Europa: Nick Pope. Esta suma de infortunios ha dado lugar a una incorporación de cierto renombre e incierto rendimiento. Joe Hart defenderá la portería de Turf Moor, por lo menos hasta que alguno de sus compañeros esté plenamente recuperado. El que fuera portero titular de la selección y del Manchester City y la gran esperanza inglesa bajo palos recala en el Burnley tras encadenar cesiones de infausto recuerdo en el Torino y el West Ham. Cuesta creer que vaya a recuperar su más alto nivel, pero quizás sea el norte de Lancashire el único lugar en que lo pueda conseguir. La última bala. Esperemos que no cause mucho dolor innecesario y pedimos perdón, de antemano, a las víctimas civiles.

Del Derby County llega la tercera y, salvo sorpresa notable, última incorporación al equipo Claret. Se trata del delantero checo Matěj Vydra, que llega tras lograr la mejor marca goleadora de su carrera en Championship (22) y en disposición de disputar la titularidad a Ashley Barnes y Sam Vokes y ser el acompañante de Chris Wood, a priori titular indiscutible. Como en el caso de Gibson y los centrales, también Vydra parece el punta prototípico de Dyche: fuerte, combativo y con olfato goleador.

En el capítulo de bajas encontramos a Scott Arfield, quien deja el Burnley tras cinco temporadas de servicio y una profesionalidad ejemplar, pero que había visto reducida su importancia en los últimos tiempos y al veterano Dean Marney, cuya trayectoria durante ocho años también ha sido intachable.

El Burnley de Dyche basa sus éxitos en un fútbol sencillo practicado con la máxima intensidad. El 1-4-4-2 es inamovible. Centrales que dominan el juego aéreo, laterales cuya principal misión es defender e interiores a pie natural son algunas de las señas de identidad de su juego. Las dos líneas, siempre muy juntas, repliegan en bloque bajo y la prioridad, con balón, es lanzar al espacio para que la pelea de los delanteros genere situaciones de peligro a través de las segundas jugadas. Consiste en sacar la máxima rentabilidad a sus goles y correr el mínimo posible de riesgos.

Con esta receta, con mucho esfuerzo y una pizca de ilusión afronta el club de Lancashire la temporada 2018/19, el año en que la revolución ha de hacerse fuerte y resistir los ataques que vendrán de todos los frentes. Para ello, las tropas de Dyche han de estar más unidas y concentradas que nunca. Cambiar el mundo queda lejos de su alcance, pero hacer más felices a los habitantes de la fea, gris e industrial Burnley no es moco de pavo. Ojalá la bandera Claret siga haciendo sonreír a todo aquel que todavía crea que es posible la victoria del humilde.

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