Rafa Benítez, el técnico con el que el Liverpool volvió a reinar en Europa (I)
Este domingo, Rafa Benítez vuelve a cruzarse en el camino del Liverpool en la Premier League. Repasamos la intensa trayectoria del técnico madrileño en uno de los clubes más especiales del mundo, del cual es considerado una leyenda.

“No podéis consideraros jugadores del Liverpool si tenéis la cabeza baja. Si creamos algunas oportunidades tendremos la opción de meternos de nuevo en el partido. Lo creáis o no, las vamos a tener. Daos la oportunidad de convertiros en héroes”. De esta manera motivó Rafa Benítez a sus hombres en el descanso de la final de la Liga de Campeones de 2005 celebrada en Estambul, tal y como recoge el periodista Guillem Balague en su recomendable libro A Season On The Brink.El equipo del madrileño perdía por un imponente 3-0 al descanso. Pero tan solo una hora y media después, y tras una espectacular segunda parte y una tanda de penaltis que hizo rozar el infarto a más de uno, los Reds le dieron la vuelta al marcador, consumando una de las remontadas más recordadas e irrepetibles de la historia del fútbol. De hecho, esta victoria continúa siendo el logro más importante del Liverpool en los últimos 27 años y es, sin duda, el triunfo más importante de la carrera de Benítez como entrenador.

Pero todas las historias tienen un principio, y la de Benítez como entrenador del club de Merseyside se produjo el 17 de junio de 2004. El por aquel entonces entrenador del Valencia, club con el que se había proclamado campeón de la Liga y la Copa de la UEFA, se convirtió en el primer entrenador español en la historia de la Premier League. Junto al madrileño, aterrizó en Anfield todo su equipo de trabajo, formado por los preparadores físicos Pako Ayestarán y Paco de Miguel, el preparador de porteros José Ochotorena y la figura de Paco Herrera como segundo entrenador.

De debutante a leyenda

El primer verano de Benítez a los mandos del club Red no fue nada fácil. El equipo dirigido por Gérard Houllier la temporada anterior había finalizado cuarto en la Premier League y la plantilla necesitaba reforzarse si se quería aspirar a cotas altas durante el curso. Además, uno de los pilares del equipo, Michael Owen, que había obtenido el Balón de Oro en 2001, dejó el club rumbo al Real Madrid. Para compensar esta baja, Benítez apostó por jugadores españoles que ya conocía de La Liga. De esta manera, llegaron a Liverpool Xabi Alonso, Luis García, Josemi y Antonio Núñez. La guinda del pastel fue la adquisición del delantero francés Djibril Cissé, procedente del Auxerre, que llegaba para sustituir a Owen y, sobre todo, sus goles. Pero la gran noticia de esta ventana de traspasos fue que el capitán y emblema del club, Steven Gerrard, rechazara una oferta del Chelsea y se quedara en el equipo.

Gerrard, en rueda de prensa junto a Benítez en 2005. Foto: Shaun Botterill (Getty Images)

Todos estos planes se torcieron cuando el 30 de octubre Cissé sufrió una de las lesiones más estremecedoras que se recuerdan en el futbol inglés. El Liverpool visitaba en Premier League al Blackburn Rovers y en una desafortunada disputa por el balón con el defensa inglés Jay McEveley el francés de rompió la tibia y el peroné en el acto. De esta triste manera, el Liverpool perdía una de sus referencias ofensivas durante buena parte de la temporada. Para suplir esta baja, Benítez fichó a otro viejo conocido: Fernando Morientes, que aterrizó en Anfield en el mercado de invierno.

La temporada en Premier League no fue nada buena. El equipo de Benítez tan solo consiguió ser quinto, y quedó a 37 puntos del campeón Chelsea. Los Reds tuvieron muchos problemas para ganar a domicilio, consiguiendo apenas cinco victorias lejos de Anfield. En la FA Cup, los de Benítez cayeron a las primeras de cambio frente a un Burnley de Championship. La mala suerte continuó para el Liverpool en la Copa de la Liga, competición en la que consiguieron llegar a la final celebrada en febrero en el Millenium Stadium, pero que perdieron en la prórroga frente al Chelsea por 2-3.

Estos discutibles resultados provocaron que Benítez se jugara el éxito de su primera campaña en Inglaterra en la Champions League. Y vaya que si le salió bien. Tras una fase de grupos dubitativa, en la que los Reds se clasificaron in extremis como segundos de grupo después de empatar a puntos con el Olympiakos y superarlos en el 'goal average', en octavos de final, los Reds se impusieron con solvencia al Bayer Leverkusen. Ya en cuartos, el Liverpool se cruzó con una potente Juventus de Turín, a la que lograron superar con un resultado global de 2-1. En semifinales esperaba el Chelsea de José Mourinho, líder destacado de la Premier y verdugo de los Liverpudlians en la final de la FA Cup. Como no podía ser de otra manera, la eliminatoria estuvo marcada por la tensión de la incipiente rivalidad Benítez-Mourinho y se resolvió gracias a un gol fantasma que el español Luis García anotó en el minuto 4 del partido de vuelta en Anfield. Gracias a aquel discutible gol (Mourinho llegó a afirmar en rueda de prensa que ese gol lo había logrado la grada de Anfield cantándolo), el Liverpool se metió en una final europea por primera vez en 20 años.

Benítez y Mourinho, una de las grandes rivalidades en los banquillos de la Premier League. Foto: Clive Mason (Getty Images)

En la final, los Reds se encontraron con el todopoderoso AC Milan, un equipo entrenado por Carlo Ancelotti y que contaba con jugadores de la talla de Cafú, Maldini, Pirlo, Seedorf, Kaká o Shevchenko. Los italianos partían como grandes favoritos. Durante la primera mitad, los rossoneri barrieron a los británicos con un gran juego y se fueron al descanso con una ventaja de 3-0, gracias un gol de Maldini y dos latigazos de Hernán Crespo.

Pero en el descanso todo iba a cambiar. Benítez cogió a sus chicos y modificó totalmente la táctica que había preparado: “Pasamos a cerrar con 3 defensas, ¡y no lo habíamos hecho en toda la temporada! Teníamos que controlar a Crespo y Shevchenko y a la vez dominar el centro del campo, por eso nos pusimos con una formación 3-4-3. Eso cambió totalmente el partido”, explicó Mauricio Pellegrino, jugador Red en aquella final, en una entrevista en The Telegraph.  

En la segunda mitad, la dinámica del encuentro giró como un calcetín y los Reds tomaron la iniciativa. En seis minutos se obró el milagro. En el minuto 54, Gerrard abría el marcador para los británicos. Tan solo dos minutos después, Šmicer acortaba distancias y finalmente, en el minuto 60, Xabi Alonso empataba el partido después de recoger su propio rechace después de un penalti. Después de consumarse el empate, Benítez ordenó al capitán Steven Gerrard que se colocara de central para volver a cerrar con línea de cuatro y recuperar la estabilidad arriesgada en el entretiempo.

De esta manera, el partido acabó en empate y se fue a la prórroga, donde ningún equipo tuvo el acierto suficiente para imponerse. Finalmente, en la tanda definitiva de penaltis, una actuación memorable del portero polaco Jerzy Dudek, que detuvo tres penaltis, marcó la diferencia y el equipo de Benítez firmó una de las páginas de oro de la historia del club de Merseyside y de la Champions League. Aquella noche en Estambul, Benítez entró a formar parte para siempre de la historia del club y se ganó el respeto y admiración de la afición Red para toda la vida.

Pese al exitoso final de temporada, durante el verano de 2005 Benítez siguió con su plan de renovación y mejora de la plantilla. Para ello, dio la baja a jugadores tan importantes en las últimas campañas como Vladimir Šmicer, goleador en la final de Estambul, Stephane Henchoz o el máximo goleador de la temporada anterior, Milan Baros. El madrileño también dejó salir a apuestas personales de la temporada anterior como Antonio Núñez o Josemi.

Para reforzar el equipo, el mánager cerró los fichajes del espigado delantero, Peter Crouch, de su exjugador en el Valencia, Mohamed Sissoko y los españoles Pepe Reina, Antonio Barragán y Miki Roqué. Además, Benítez, con el objetivo de sumar veteranía y experiencia a su equipo, recuperó a Robbie Fowler y firmó como agente libre al holandés Boudewijn Zenden. En el mercado de invierno, los Reds acabaron de completar la defensa con la llegada del central danés Daniel Agger.

Reina, Alonso, Sissoko y Agger se abrazan tras un gol en 2006. Foto: Laurence Griffiths (Getty Images)

La temporada empezó muy positivamente con la consecución de la Supercopa de Europa ante el CSKA de Moscú en Mónaco y la clasificación del equipo para la fase de grupos de la Champions superando tres rondas previas. Pero un inicio dubitativo en la liga, con cuatro empates cosechados en las cinco primeras jornadas, hizo saltar las alarmas. Una parte de la afición no entendía que hombres tan importantes para el equipo la temporada anterior como Jerzy Dudek o Djimi Traore hubieran perdido gran parte de su protagonismo en el equipo.

El primer disgusto del año llegó en octubre, cuando el equipo quedó eliminado de la Copa de la Liga en la primera eliminatoria frente al Crystal Palace. Posteriormente, en diciembre, los Reds encajaron una de las derrotas más duras de la temporada al caer en la final del Mundial de Clubes frente al Sao Paulo.

Pese a esto, en líneas generales y con una nueva plantilla más amplia, el equipo de Benítez mejoró su rendimiento en la Premier League respecto a la temporada anterior. Los Reds se convirtieron en un equipo muy fuerte en casa, cediendo tan solo una derrota y tres empates como local en toda la temporada. Fuera de casa, también mejoraron sustancialmente su rendimiento, aunque no lo suficiente para competir por el título, consiguiendo diez victorias lejos de Anfield. El equipo finalizó tercero, a un punto del segundo clasificado, logrando así la clasificación directa para la Champions League.

Precisamente en la competición europea el Liverpool mostró sus dos caras como equipo. En la fase de grupos, el equipo tuvo un rendimiento muy sólido al conseguir la primera plaza de su grupo, pese a competir contra el Chelsea. La decepción llegó cuando el equipo de Benítez cayó estrepitosamente en octavos de final contra el Benfica después de perder ambos partidos en la eliminatoria, el segundo con un duro 0-2 en Anfield. Esa eliminación inesperada dejó un muy mal cuerpo entre los seguidores.

Benítez conversa con sus jugadores en la previa de un encuentro contra el Chelsea. Foto: Paul Ellis (AFP / Getty Images)

Historia bien distinta fue la participación de los Reds en la FA Cup. Los de Benítez alcanzaron brillantemente la final tras eliminar al Manchester United en quinta ronda y al Chelsea en semifinales. En la finalísima, el Liverpool se encontró con el West Ham. En otra final histórica, levantaron un 0-2 en contra en el minuto 42, con goles de Cissé y el capitán Gerrard. En el minuto 64, los Hammers parecían dar la estocada final adelantándose de nuevo en el marcador, pero un gol in extremis de Gerrard en el minuto 91 mandaba el partido a la prórroga. En el tiempo extra, el resultado no se movió y el partido se tuvo que decidir desde el punto de penalti. En esa suerte, que no es tal, emergió la figura de Pepe Reina deteniendo tres penaltis.

Con la consecución de este trofeo, Rafa Benítez se convirtió en el primer entrenador del Liverpool en ganar dos grandes trofeos en sus dos primeras campañas al frente del equipo. Las expectativas sobre el equipo durante la temporada siguiente estaban altísimas.

Nuevos dueños, mismas limitaciones

La temporada 2006-2007 estuvo muy marcada por el cambio en la propiedad del club. Tanto la afición como Benítez tenían la esperanza que los nuevos propietarios, George Gillett y Tom Hicks, aportaran más fondos para firmar nuevos jugadores y construir un nuevo estadio. Sin embargo, sus expectativas no se acabaron traduciendo en realidades.

En este momento, Benítez sumó una nueva pieza a su engranaje técnico nombrando a Eduardo Macía como jefe de ojeadores del conjunto red. Gracias a este nombramiento, diferentes jovencísimos jugadores españoles, como Daniel Ayala o Mikel San José, empezaron a incorporarse en las categorías inferiores del Liverpool.

Después de un mercado de fichajes en el que Benítez había reforzado las zonas más débiles del equipo, incorporando jugadores contrastados como Dirk Kuyt, Jermaine Pennant, Craig Bellamy o Fabio Aurelio, y tras hacerse con la Community Shield con victoria ante el Chelsea en la final, el Liverpool tenía esperanzas reales de competir de tú a tú con el conjunto Blue por el título de liga. 

Kuyt y Benítez, durante un entrenamiento. Foto: Clive Brunskill (Getty Images)

Pero estas esperanzas se vieron totalmente truncadas al inicio de la temporada después de un inicio complicado fuera de casa, con solo dos de los 21 primeros puntos disputados lejos de Anfield. En ese momento, la figura de Rafa Benítez empezó a estar cuestionada por primera vez desde su llegada, especialmente por parte de algunos medios de comunicación ingleses. Esta presión llegó a tal punto que el propio Benítez tuvo que emitir un comunicado a través de la web del club para afirmar que su deseo era permanecer en el equipo Red. Pese a estos acontecimientos, la afición mantenía su plena confianza en el técnico madrileño.

En el mercado de invierno, Benítez quiso dar un golpe en la mesa reforzando el apartado defensivo del equipo. Para ello, cerró las contrataciones del internacional argentino Javier Mascherano y del lateral español Álvaro Arbeloa. Pero la sensación era que el equipo necesitaba un gran delantero referencia. Uno capaz de asegurar más de 20 goles por temporada, cosa que se les resistía.

El mal rendimiento del equipo fuera de casa —los de Benítez tan solo pudieron alcanzar seis victorias como visitantes en toda la Premier League— condenó al equipo a quedar tercero por segundo año consecutivo, esta vez a 21 puntos del campeón Manchester United.

La temporada en las copas tampoco fue destacada. En la FA Cup, cayeron en su primera eliminatoria frente al Arsenal. El papel del equipo fue aún peor en la Copa de la Liga al perder en quinta ronda otra vez frente al equipo de Wenger tras encajar en Anfield una goleada por 3-6.

Con Benítez empezando a ser señalado, y como si de un remake de la primera temporada del madrileño al frente del equipo se tratara, al Liverpool solo le quedaba agarrarse al clavo ardiente de la Champions. Y la jugada estuvo a punto de salir redonda.

Tras una solvente primera fase, los Reds tuvieron la mala suerte de cruzarse con el actual campeón, el Barcelona, en octavos de final. Nadie daba un duro por los de Benítez en esa eliminatoria. Pero el Liverpool volvió a sacar una vez más ese gen competitivo que lleva grabado en el escudo y se impuso por 1-2 en el Camp Nou, en un partido marcado por un gravísimo error del portero Víctor Valdés que Craig Bellamy supo aprovechar. En el encuentro de vuelta, el Barça no fue capaz de darle la vuelta a la eliminatoria en un estadio de Anfield que vivió una de sus mejores noches de los últimos tiempos, pese a perder por 0-1.

En cuartos de final, el Liverpool superó con holgura al PSV Eindhoven, y se impuso a los holandeses tanto en la ida como en la vuelta. En semifinales esperaba el Chelsea de Mourinho. De nuevo, y para deleite de todos los aficionados al fútbol, una de las rivalidades entre entrenadores más fuerte de los últimos tiempos volvía a asomarse como paso previo a toda una final continental. En la ida en Stamford Bridge, el equipo Blue hizo valer el factor cancha y se impuso con un escueto 1-0. La vuelta en Anfield esperaba y el equipo Red lo tenía todo preparado para una nueva noche europea mágica frente a The Kop.

Y el segundo asalto de la eliminatoria no decepcionó. Frente a una afición entregada, el Liverpool empató el resultado de la ida con un tanto del central Agger en el minuto 22. A partir de este gol, ambos equipos parecían más concentrados en no perder que en ir a por el partido. Finalmente, el partido acabó 1-0 y se fue a la prórroga, donde ninguno de los dos equipos supo romper la igualada. De nuevo, el éxito o el fracaso de Benítez se iba a definir desde los 11 metros. Y como es costumbre en el madrileño, su equipo fue el más hábil en la tanda anotando todos sus lanzamientos, mientras que Robben y Geremi fallaron para el Chelsea.

The Kop anima con una bandera en honor a Benítez. Foto: Clive Brunskill (Getty Images)

Tras lograr la clasificación para la final de la Champions League, uno de los nuevos dueños del club, George Gillet, quiso ratificar al técnico en su labor: “Rafa ha estado tremendo. Lo conocíamos, pero no creo que fuéramos conscientes de lo bueno que era, y no sólo como entrenador. No sólo es un brillante entrenador, sino que también es un hombre de negocios muy afilado, tiene muy claro lo que quiere y cómo conseguirlo. Cuanto más hemos visto de él, más impresionados nos hemos quedado”, afirmó ante los medios tras el partido.

Por si no hubiera suficiente parecido con la temporada 2004-2005, el destino quiso que en la final de Atenas esperara otra vez el Milan. Como dos años antes, el equipo italiano partía como gran favorito. Pero esta vez los hombres de Carlo Ancelotti fueron demasiado para los Reds. Un letal Fillippo Inzaghi decantó la final con dos goles, el primero justo antes del descanso, y el segundo en el minuto 82. El coraje de los británicos volvió a aparecer en los minutos finales, y Dirk Kuyt recortó diferencias en el 89, pero esta vez no fue posible el milagro.  

Pese al gran papel en la Champions, el equipo seguía sin poder pelear mano a mano por la Premier League, circunstancia que se le empezó a echar en cara al técnico madrileño.

Por este motivo, después de este duro final de temporada y tras los rumores sobre un posible despido que habían surgido durante la temporada, Rafa Benítez exigió el total respaldo de los propietarios en el siguiente mercado de fichajes. Estaba claro que la relación del mánager con sus superiores no era buena y las cosas estaban a punto de empeorar.

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