Rojo pasión sobre verde esperanza
El Manchester United imita a sus vecinos y pierde, también por un gol, su partido ante el Fútbol Club Barcelona. Pese al resultado, los muchachos Solskjaer demostraron ambición, valentía y mucha pasión frente a uno de los claros candidatos a llevarse el título.

Me pasé el día pensando en el partido. Sí, me tocaba redactar la crónica del Manchester United - Barça, pero no era ese el motivo. Ayer me sentía especialmente Red Devil. Como fan de la Premier League, en general, y poco simpatizante del Barcelona, todo llevaba a ponerme la camiseta de Eric Cantona para ver el partido. Vivir rodeado de culés, sin yo serlo, nunca ha sido plato de buen gusto. Sus éxitos, sus celebraciones y su orgullo por la filosofía Barça, más que congratularme, siempre me ha hecho sentir cierta “tirria cariñosa” al club azulgrana (siempre sin desmerecer ni sus éxitos, ni su filosofía y admitiendo la grandeza del club). Así que, sí, iba con el United.

Y eso me recordó a aquellos años, a mi preadolescencia, en la que, orgulloso, lucía mi camiseta de Cristiano Ronaldo, antes de irse al Real Madrid. Recordaba aquel equipo mientras leía la alineación (filtrada) formada por Ole Gunnar Solskjaer. Y claro, era inevitable comparar, por ejemplo la pareja que formaban Nemanja Vidic y Rio Ferdinand con la actual: Victor Lindelöf y Chris Smalling. Antes del partido, ya sentía que el Barça se llevaba la victoria a casa. Al fin y al cabo, estos dos sujetos eran los encargados de parar los ataques del mejor jugador del mundo, del mejor 9 del mundo y, bueno, también de Philippe Coutinho.

Pese a que la realización del partido reflejaba un 4-3-3, el United salió pensando en lo que, hasta ahora, le había sentado mal al conjunto de Ernesto Valverde. Tres centrales, dos carrileros, tres centrocampistas y dos delanteros. Los ingleses habían plantado un espejo al Barça en el que cada jugador tenía a su pareja de baile bien clara. Menos con Leo Messi, al que le gusta más bailar solo. Y parecía que no había salido mal del todo. Los primeros minutos fueron de mucho respeto de ambos equipos hacia su contendiente. Presión en bloque bajo y balón largo tras recuperación, con disputa de las segundas jugadas, por parte del United y juego de posición del Barça. Pero dicho respeto se perdió en el minuto 12. Tras un desmarque impecable del que baila solo y un pase por arriba a la cabeza de Luis Suárez que, éste, remató con intención de dar el pase definitivo a Coutinho. Pero Luke Shaw se interpuso en la trayectoria del balón colándosela en propia puerta. Tras anularse el gol por, teórico, fuera de juego y unos segundos de intriga, la revisión del VAR decidió que el gol era totalmente legal, de forma acertada.

El gol le sentó genial al United, que perdió el miedo a la vez que recordó lo que significa la competición europea para el club. En Old Trafford, donde los sueños nunca se rompen, nadie dejó de creer. Ni tener a uno de los favoritos al título enfrente, ni ver a Messi sobre el campo, ni saber de la inferioridad de la actual plantilla de los locales. Todo seguía siendo posible. A partir de entonces, acometidas constantes a la defensa culé, presión mucho más alta y libertad para las piezas más importantes del equipo. Paul Pogba, muy bien escudado por Scott McTominay y Fred (que se marcaron un partidazo), Romelu Lukaku y Marcus Rashford empezaron a funcionar. Smalling, que como yo cree que la UEFA no debería permitir a Messi jugar por ser demasiado bueno, casi le deja fuera del partido con sus particulares técnicas. Y el Barça, viendo lo que se le venía encima, cedió terreno con intención de salir a la contra. Las tornas cambiaron por completo hasta el final de la primera parte.

De los tres primeros minutos de la segunda parte no voy a hablar porque me pillaron cenando. Así que rellenaré el análisis comentandoós lo bien que me salió la tortilla a la francesa... ¡Anda, cómo al United en la ronda anterior! Guiño, guiño (por lo de que eliminaron al PSG, madre mía, si es que se os tiene que contar todo). Cuando retomé el partido, ya con el estómago lleno, el conjunto de Solskjaer seguía apretando y por momentos, pese a no causar ningún peligro sobre la meta de Marc André Ter Stegen, parecía que podía llegar el empate. Para ser sinceros, este Manchester United tiene más corazón que piernas y ayer lo demostró. Su técnico les ha inculcado la importancia del club y de esta competición, y pese a tener una plantilla muy justa (sumándole además las bajas) demostraron querer dar una alegría a una afición que viene pasándolo muy mal. Y es una evidencia de dicha pasión mostrada por los diablos rojos el primer doble cambio de Valverde. Reforzó la fase defensiva quitando a dos organizadores como Arthur Melo y Coutinho y dió entrada a Sergi Roberto y Arturo Vidal.

Los locales, cada vez más desesperados y cansados, ofrecían más y más espacios a un Barça que supo aprovechar las internadas de Jordi Alba, Nélson Semedo y el recién incorporado Roberto para dar algún que otro susto a David De Gea. Pero la sensación era cada vez más evidente: las soluciones no podían llegar por parte de los ingleses. Solo el cambio de Anthony Martial mantenía la calidad sobre el campo. Ni Jesse Lingard ni Andreas Pereira daban la sensación de que podían generar más peligro en ataque. Además, con dichas sustituciones, los locales se quedaban sin delanteros y, en una demostración de falta de ideas, los últimos minutos fueron un recital de centros al área sin rematador. Hasta que el Barça decidió acabar con el partido. El conjunto culé es experto en saber controlar esos últimos minutos cuando está por delante en el marcador y yo, con un bostezo en la boca a cada tres pases de los azulgranas, iba cerrando el partido para empezar a escribir esta crónica.

El United dió la cara en un partido que se le puso en contra, mostró coraje y dejó un mensaje: no dan la eliminatoria por perdida. Quieren volver a hacer historia en un escenario que les gusta (especialmente a su entrenador), el Camp Nou. Lo de París solo fue el último capítulo de una historia llena de páginas escritas con la misma tinta. Tinta de color rojo pasión con finales inesperados y, lo que es más importante para nuestros protagonistas, felices. En una semana conoceremos el desenlace pero lo que está claro es que la esperanza, sobre el verde, es lo último que se pierde. 

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