Rooney y Everton se reencuentran convertidos en otros
Wayne Rooney regresará al Everton tras trece años en el Manchester United. La vuelta del hijo pródigo, sin embargo, no resultará tan fácil como parece.

Cuando Wayne Rooney abandonó Goodison Park en 2004, el Everton acababa de tocar fondo. En aquella temporada 2003-04, los Toffees finalizaron en 17ª posición con 39 puntos. Solo la pésima temporada de Leicester, Leeds y Wolves (33 puntos los tres) impidió que el Everton diera con sus huesos en segunda división por primera vez desde 1954. Pocos podían imaginar que la venta de Rooney, entonces un joven pendenciero de 18 años y pelo rapado con pinta de salir directamente del pub, iba a significar el punto de inflexión para el club que le vio nacer como futbolista.

Los Toffees ingresaron veinte millones de libras por el traspaso de Rooney al Manchester United que acabarían convirtiéndose en 27 tras cobrar las diferentes variables incluidas en el contrato de traspaso. Con ese dinero, el Everton incorporó ese verano a Tim Cahill y James Beattie. En enero de 2005 llegaría cedido Mikel Arteta procedente de la Real Sociedad y ese mismo verano sería fichado de forma permanente junto a Phil Neville. En torno a Cahill, Arteta y Neville, David Moyes organizaría el mejor equipo del Everton en la era Premier League.

En las doce primeras temporadas de Premier League antes de la marcha de Rooney (1992-2004), el Everton solo logró finalizar la liga entre los diez primeros en dos ocasiones. En las diez temporadas siguientes a la marcha de Rooney (2005-2014), solo una vez quedó fuera de esos primeros diez lugares. De hecho, en la primera temporada sin Rooney, el Everton escaló hasta el cuarto lugar, su mejor posición en toda la era Premier League.

Pero si el Everton resucitó tras la marcha de Rooney, al delantero inglés tampoco le fue mal en el Manchester United. Entre su lista de títulos se incluyen cinco ligas, una Copa, tres Copas de la Liga, una Champions League y una Europa League. En sus trece temporadas en el Manchester United, Rooney se ha convertido en el máximo goleador histórico del club (253). Es también el jugador que ha marcado más goles con un solo club en la historia de la Premier League (183).

La separación entre Everton y Rooney sentó bien a ambos. Ahora la cuestión es saber cómo les sentará el reencuentro. En estos trece años que se han mantenido alejados, ambos han cambiado drásticamente. Como esos esposos que, una vez liberados de su matrimonio, emprenden una profunda transformación individual hasta el punto de que son incapaces de reconocerse años más tarde al cruzarse por la calle. Tanto han cambiado ambos en este tiempo.

El Everton cambió de propietario el año pasado. Bill Kenwright, tras convertirse en accionista mayoritario en 2004, el año que Rooney hizo las maletas, cedió el testigo a Farhad Moshiri. Kenwright, un empresario teatral que ama al club como a un hijo, aceptó finalmente que su etapa estaba agotada y traspasó sus acciones al iraní Farhad Moshiri, el socio de Alisher Usmanov, accionista minoritario del Arsenal. Bajo el impulso de Moshiri, el club ha dado ya los primeros pasos para construir un nuevo estadio junto al río Mersey, un proyecto que el club llevaba décadas rumiando.

Moshiri también ha reactivado al club deportivamente. Ha apostado por Ronald Koeman como sucesor de Roberto Martínez y le ha dado las herramientas para competir con los grandes ingleses. En primer lugar, con profesionales como Steve Walsh, flamante director deportivo tras su exitoso paso por el Leicester. Y en segundo, con dinero para reclutar a algunos de los jóvenes más prometedores de Europa, como Sandro Ramírez, Ademola Lookman, Davvy Klaassen, Jordan Pickford o Michael Keane. Este Everton ya no es el club provinciano que basaba su juego en balones largos para Tim Cahill o Marouane Fellaini bajo el mando del británico David Moyes. Este es un club cosmopolita repleto de jugadores procedentes de múltiples nacionalidades que apuesta por el fútbol asociativo de corte holandés.

Rooney durante un entrenamiento con el Everton en enero de 2003 (Alex Livesey/Getty Images).

También Rooney es una persona diferente a la que abandonó Goodison en 2004. Los cabellos desaparecieron y fueron reemplazados por implantes capilares. Los paparazzis hicieron acto de presencia en su vida y, con ellos, salieron a la luz varias indiscreciones personales. El joven soltero se casó con Coleen y sentó la cabeza. Llegaron los niños y se espaciaron las visitas al pub. Sobre el césped, la transformación no fue menos profunda. El delantero letal, eléctrico, imparable, fue perdiendo cualidades físicas con la edad. Sir Alex Ferguson fue el primero en detectar los signos del inevitable decaimiento físico en un jugador que debutó con 16 años. Fergie le colocó esporádicamente como media punta e incluso en alguna rara ocasión como centrocampista. Louis van Gaal convirtió la excepción en norma y Rooney se convirtió en un mediocampista. Hasta el punto que Roy Hodgson optó por convocarle para cumplir esa función. José Mourinho decidió volver a acercarle a la portería rival pero no tardó en percatarse que ya era tarde para eso, así que volvió a retrasarle. Pero para la segunda mitad de la temporada, el portugués ya era consciente de que Rooney ya no estaba para el Manchester United.

Es un misterio qué papel jugará el envejecido Rooney en el rejuvenecido Everton. Con la marcha de Romelu Lukaku en sentido opuesto, Sandro ha quedado como el único delantero centro de la plantilla, así que Rooney podría volver a disponer de una oportunidad en la punta de ataque. Aunque sus números no invitan al optimismo. Desde 2013-14, en que marcó 17 goles en liga, sus registros no han dejado de caer: 12, 8 y 5 tantos la temporada pasada. Un análisis más profundo de sus datos ofensivos no mejora esa primera impresión.

Rooney completó 1,4 regates por partido en liga en 2013-14. La temporada pasada, esa cifra cayó a 0,5, la más baja en toda su carrera en la Premier League. Algo parecido sucede con sus disparos por partido, aunque en este caso la reducción podría ser achacable a su alejamiento de la portería rival. La cifra más preocupante es su falta de puntería. En las últimas tres temporadas, no ha llegado a un disparo por partido entre los tres palos. Jamás antes había bajado de esa cifra, que en 2011-12 fue de 2,1.

Con el fichaje de Klaassen y la presencia de James McCarthy, Morgan Schneiderlin, Idrissa Gueye y Tom Davies, parece poco probable que Koeman le vaya a encontrar acomodo en el centro del campo. Una tercera opción sería que regresara a la media punta, donde debería competir con Ross Barkley, otro canterano del club. Quizás esa sea la posición donde el reencuentro de estos dos viejos amantes tiene más posibilidades de llegar a buen puerto.

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