Sergio Torres: "El gol ante el Derby fue el mejor momento de mi carrera"

 Sergio Torres llegó a Inglaterra hace ocho años con la ilusión de jugar a fútbol. Compartió cama con un desconocido, trabajó en una cadena de parafarmacias para completar sus ingresos, comenzó jugando en la octava división...pero todo valió la pena. Jugó en Championship con el Peterborough, jugó una semifinal de Carling Cup contra el Chelsea y se enfrentó al Manchester United en Old Trafford. Ahora recoge todas esas experiencias en un libro que aparecerá próximamente.

Entrevista exclusiva con Sergio Torres
Hace ocho años, un joven argentino llamado Sergio Torres (11/07/1981, Mar del Plata, Argentina) pisaba Brighton por primera vez en su vida con una maleta llena de ilusiones. El azar ha querido que sea precisamente en esa ciudad donde haya acabado viviendo tras años de muchos sacrificios, algunas decepciones y un buen puñado de alegrías, entre las que se encuentra el nacimiento de su primera hija (“lo mejor que me ha pasado en la vida”, confiesa), las visitas a Stamford Bridge y Old Trafford o aquel gol en la FA Cup ante el Derby County en el último minuto.
Estos ocho años te han sucedido tantas cosas que has decidido escribir un libro.
Sí. Un chico de Clarín me dio la idea. Muchas personas en Inglaterra me lo sugirieron pero siempre pensé: “Nadie me conoce, ¿quién lo va a comprar?”. Hasta que este periodista me lo propuso.
Escribirlo fue como volver a vivir todo. Se me caían las lágrimas. Los primeros meses fueron muy duros. Ahora estoy feliz, pero escribiendo se me ponía un nudo en la garganta.Mi objetivo es tratar de ayudar a muchos chicos que se encuentran en la posición por la que yo pasé, tratando de vivir del fútbol.
¿Cómo surge la posibilidad de ir a jugar a Inglaterra?
Amo el fútbol y mi idea siempre fue vivir de él, pero en Argentina jugaba en 4ª división. Así que armé un video. Mi idea era tener una experiencia, conocer, no solo jugar al fútbol.

Escribir el libro fue como volver a vivir todo. Se me caían las lágrimas

Yo me pagué el pasaje con el dinero ahorrado trabajando en la fábrica

Mi representante contactó con otro argentino que vivía en Inglaterra y que a su vez conocía a un representante camerunés. Él envió mi vídeo al Brighton, que andaba en League One entonces, y aceptaron una prueba.
La idea de jugar en Inglaterra no me atraía mucho, yo había pensado más bien en Italia o España, aunque fuera por el tema del idioma. Yo odiaba el inglés en secundaria, ¡siempre me copiaba en los exámenes!
Yo mismo me pagué el pasaje con mis ahorros. Estuve como dos años ahorrando. Trabajaba en la fábrica de ladrillos que fundó mi abuelo los tres meses de verano juntando plata.
Soy una persona muy apegada a su familia, así que cuando me marché, mi hermana me dijo: “Te doy un mes”.
La llegada no fue sencilla.
No. En el aeropuerto me esperaban el representante argentino y Roland, el camerunés. Me llevaron a su casa, que estaba en un barrio deprimente, a las afueras de Londres. Como estaba cansado del viaje, me fui a la cama. Al cabo de un rato, apareció un camerunés gordo y peludo, y se metió en la cama conmigo. Pasé dos meses compartiendo cama con él. Aquella primera noche no pegué ojo.
Comencé a entrenar en Brighton. El primer día llovía. Hicimos un partido de veinte minutos y me cagaron a patadas. Ahí me di cuenta de lo rápido y fuerte que es el fútbol inglés. El técnico le dijo a Roland que me faltaba fuerza y velocidad, y que no les interesaba.
Aquel rechazo hirió mi orgullo y decidí seguir probando. No quería que me llamaran fracasado al volver a Argentina. Además, sabía que aquella era mi última chance. Hablé con el representante y le pedí que me buscara otros equipos.
En aquella primera etapa, ¿nunca pensaste en volver a Argentina?
Una vez. Aquel 1 de enero falleció mi primo Sergio en un accidente de auto, con solo 22 años. Nacimos juntos, crecimos juntos y me dolía no estar allá para despedirlo. Mi papá me llamó llorando. Estuve a punto de enviarlo todo a paseo. Pero mi papá me dijo: “Haz lo que quieras, pero piensa en todo lo que trabajaste para estar ahí”. Fue un golpe durísimo. Al día siguiente llamé a mi papá para decirle que me quedaba.
Y pronto tuviste que abandonar el lugar donde vivías.
Mi familia estaba preocupada por mí. Así que mi papá me pidió que le preguntara a Roland si podía venir y dormir en el sofá. Él dijo que sí, porque pensó que no vendría. Yo estaba muy feliz. Cuando reservó el pasaje, se lo dije a Roland y me dijo que no podía venir. Le dije de todo, me fui a la habitación y me eché a llorar de rabia.
Roland me quería echar de casa por haberle insultado, pero eran las diez y media de la noche y no tenía donde ir. Así que no me quedó más remedio que tragarme el orgullo y pedirle disculpas para poder pasar aquella noche allí.
Al día siguiente, escribí una carta de agradecimiento y a las 6 de la mañana me fui de la casa, mientras todos seguían durmiendo. Había un barrendero en la calle y le pedí que me sacara una foto. Nunca más volví a esa casa ni a ver a Roland.
Y te marchaste a vivir a Londres.
Sí. Jorge, un argentino, nos acogió en su pieza a Cristian, que también había venido para probar, y a mí. Nos enviaron a Molesey, en octava división. Habíamos arreglado 150 libras por semana pero nunca nos pagaron en los dos meses que estuvimos. Así que el técnico del Molesey nos envió a Basingstoke, en sexta división.
Entrenamos media hora un jueves y ya nos convocaron para el partido ese mismo sábado. Llegamos tarde, media hora antes del partido, y me pusieron de titular. A pesar de eso, me nombraron Man of the Match.
No podíamos seguir viviendo con Jorge porque sus compañeros de piso se quejaron. Y entonces apareció John, un hincha del Basingstoke, que se había casado hacía tres semanas, y nos propuso quedarnos en su casa. No teníamos nada, así que le dijimos que sí. Te puedes imaginar la cara de su mujer al ver llegar a su casa a dos pibes que no conocía tres semanas después de casarse.
Con 150 libras semanales no teníais suficiente para vivir, así que tuvisteis que buscar otro empleo.
Sí. Agarramos trabajo en Boots (una cadena inglesa de parafarmacias). Trabajábamos de 7 a 12 por 6 libras por hora.

Trabajábamos de 6 a 12 y tardábamos media hora en bicicleta

Estuvimos 3 meses viviendo en la sala de juntas del estadio

No pude comenzar peor. El primer día nos encargaron abrir unas esponjas. De repente, sentí mojados los dedos, así que llamé a la supervisora. Cuando vio aquello, se agarró la cabeza. Solo tenía que sacarlas de la caja pero no abrir el plástico. Para entonces, ya había abierto unas 100 y valían como 2 libras cada una. ¡Pensé que me iban a echar el primer día de trabajo!
Allí trabajaban muchas mujeres entre 40 y 50 años, y empecé a mejorar mi inglés. Además, me hice muy amigo del supervisor, que venía a vernos a la cancha. En el trabajo, me la pasaba charlando con él.
Luego pasamos a trabajar una hora más, de 6 a 12. Así que nos despertábamos a las cinco y hacíamos media hora en bicicleta hasta allá. Como llovía mucho, usábamos bolsas de basura para protegernos y fabricarnos una especie de manguitos.
En aquella época, vivisteis un tiempo en el estadio.
Sí. Cristian, Germán, otro argentino que fue a jugar al Basingstoke, y yo habíamos alquilado un lugar pero nos echaron, así que no teníamos adónde ir. El técnico habló con el club para que nos dejaran quedarnos en la sala de reuniones. Nos consiguieron camas plegables y allá nos quedamos tres meses. El único problema es que el día de partido teníamos que sacarlo todo porque necesitaban la sala.
Una noche empezó a sonar la alarma a las tres de la mañana. Llamamos al técnico y vino el asistente a apagarla. ¡Imagínate que hubiera venido la policía y se hubiera encontrado tres argentinos viviendo allí!
Y en el verano de 2005 llega la oportunidad del Wycombe, que estaba en League Two.
Sí. En pretemporada jugamos contra ellos. Perdimos 7-2 pero yo jugué bastante bien. Al día siguiente, el técnico me dijo que les había gustado y si quería probar con ellos.
Estuve como un mes entrenando dos veces por semana con Wycombe pero jugando con Basingstoke. Finalmente me quisieron pero me ofrecieron 500 libras por semana. Perdía dinero con el cambio, porque tenía que dejar el trabajo en Boots. Para compensar, me pusieron a vivir con una familia.
Unas 5.000 o 6000 personas acudían a los partidos. Ya en el segundo partido corearon mi nombre. Yo llevaba el pelo muy largo entonces y vi a 5 o 6 aficionados con pelucas. Fueron tres años muy hermosos.
Allí coincidiste con Paul Lambert, el actual técnico del Norwich.
Sí. Wycombe fue su segundo trabajo. El objetivo era ascender pero perdimos en los play-off. Él no participaba mucho, viajaba con frecuencia a Escocia, donde estaba su familia. Su asistente era quién se ocupaba de los entrenamientos. En ocasiones, él no volvía hasta el miércoles o el jueves. Se llevaba bien con los jugadores. Creo que su secreto radica en eso, en la forma de tratar a los jugadores.
Y en el verano de 2008 llega la oportunidad del Peterborough, que estaba en la League One y quería ascender al Championship.
Sí, aunque fue una decisión muy dura dejar Wycombe. Pero mi idea era jugar lo más arriba posible. Además, en Peterborough no me ofrecieron mucho más dinero del que ganaba en Wycombe.
La primera temporada, el técnico Darren Ferguson (el hijo de Sir Alex) me colocó de interior derecho, que no es mi posición. Además, venía de no hacer pretemporada. Tuve un problema de rodilla y estuve dos meses parado.
Ahí caí en un pozo. Me lesioné, no jugaba, no me gustaba el técnico, ni siquiera el lugar donde vivía…extrañaba Wycombe. Entré en depresión. Pensaba todo el tiempo en los errores que cometía, comencé a sentir pánico de la pelota, no quería que me llegara.
No veía la salida. Sentía presión por las 150.000 libras que habían pagado por mí. No jugaba y el técnico ni siquiera me hablaba.
Un compañero tenía un psicólogo y me puse en contacto con él. Me dijo: “Crees que eres el único que sufre, pero veo a jugadores que están en la Premier y están peor que tú”. Asistí a seis o siete sesiones, y comencé a ver las cosas de otro modo. Además, mi novia se mudó conmigo y eso también me ayudó un montón. Aquella fue la segunda vez que pensé en regresar, perola ayuda de mi novia, de mi familia y mi amor propio me hicieron quedarme y seguir para adelante.
Al equipo, sin embargo, le fue bien y logró el ascenso al Championship.
Sí, aunque a mí me incluyeron en la lista transferencias. Eso me afectó muchísimo, además me enteré por mi representante. Pero tuve una pretemporada buenísima y comencé a ir al banco. Sin embargo, vi que no tendría minutos y solicité una cesión.
Me fui al Lincoln y allí volví a disfrutar del fútbol. Solo jugué nueve partidos porque me lesioné pero aquella cesión me ayudó mucho. Cuando volví ya no estaba Ferguson y el técnico me dio oportunidad de jugar nueve partidos con el equipo ya casi descendido. Jugué ante 25.000 personas en el City Ground, jugué contra el Newcastle en casa, fue una experiencia magnífica.
Y de jugar en Championship con el Peterborough pasas a jugar de nuevo fuera de la Football League con el Crawley.
Sí. Al principio, me resistí a jugar fuera de la Football League. Pero la alternativa era seguir en Peterborough y no jugar. En Crawley me ofrecían dos años más un tercero opcional y era un proyecto interesante con el objetivo de ascender, algo que logramos. Y este año estamos luchando por lograrlo de nuevo y ascender a la League One.
Sin embargo, las mayores alegrías de tu carrera te las han proporcionado las copas.
Sí, fueron dos experiencias increíbles. Con el Wycombe jugamos las semifinales de la Carling Cup de 2007 contra el Chelsea de Mourinho. Fue increíble. Vino mi familia desde Argentina para las fiestas y vinieron al partido. Yo salía de una lesión y pensé que no iría ni al banco, pero jugué tanto en la ida, cuando empatamos a uno, como en la vuelta, cuando perdimos 4-0.
Pero la experiencia en la FA Cup con el Crawley supera eso 10.000 veces. El mejor momento de mi carrera fue el gol que marqué contra el Derby County en el último minuto. Era una noche lluviosa, desapacible. Los diez segundos después del gol fueron una locura, el mejor sentimiento que tuve nunca.
Luego eliminamos al Torquay y en el sorteo nos tocó el Manchester United. Ese día, estaba en Brighton con mi novia y me fui a una tienda de televisores a ver el sorteo. Mientras estaba allí, entró más gente a ver el sorteo y cuando salió la bola empecé a saltar y gritar. Todos me felicitaron. Lo primero que hice fue llamar a mi viejo.
El año anterior habíamos ido a ver un Manchester United-Leeds de FA Cup. Le conté que mi sueño siempre había sido jugar en Old Trafford, pero que ya no tendría oportunidad de hacerlo. Y él me respondió: “Nunca se sabe”.
Además, el primer partido que había visto en Inglaterra fue un Manchester United-Newcastle cuando estaba en el Basingstoke. Y ocho años después, tuve la oportunidad de jugar en ese mismo estadio con el Crawley.
Old Trafford es un estadio impactante. Había 75.000 espectadores, pero en cuanto comenzó el partido me olvidé de todo. En Argentina lo pasaron en vivo y contaron mi historia. Hice un montón de entrevistas esos días.
Todas las personas que me ayudaron durante estos años vinieron a verme. Los padres de Lena vinieron desde Alemania, mi papá desde Argentina, John desde Francia...Perdimos 1-0 pero estuvimos a punto de empatar al final. Al salir, arranqué un pedazo de pasto y me lo metí en la media y me filmaron por televisión. Todo el mundo lo vio. Salió en el diario, como una muestra de lo que significa la FA Cup. Todavía lo tengo en casa.
¿Qué capítulos crees que te quedan por escribir?
Quiero jugar en Wembley. Y ascender con Crawley. También me encantaría volver a jugar en Championship. Allí jugué mi mejor fútbol y cuando he jugado contra equipos de ese nivel no he sentido una gran diferencia. Además, creo que estoy en el mejor momento de mi carrera. Jugar en la Premier League fue un sueño inalcanzable, pero mi mayor orgullo es haber logrado perseverar aquí y que mi familia se sienta orgullosa de mí.
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