Sin Lukaku, Koeman se quedó sin solista para su orquesta
El Everton anunció este lunes el despido de su entrenador Ronald Koeman tras un pésimo inicio de temporada. David Unsworth tomará las riendas provisionalmente de un equipo que no encuentra la estabilidad desde la marcha de David Moyes.

Cuando David Moyes fichó como entrenador del Everton en 2002, el club llevaba un lustro viviendo más cerca del descenso que de los puestos europeos (sus posiciones en este periodo fueron 13º, 14º, 15º, 16º y 17º, no en ese orden cronológico). El escocés consolidó a los Toffees en la mitad alta de la tabla y cuando se marchó a Old Trafford once años más tarde, el club se había acostumbrado a habitar en la zona cómoda de la tabla. Quizás ese hábito es el que ha provocado la inestabilidad posterior en el banquillo de Goodison Park.

El español Roberto Martínez asumió el relevo de Moyes en 2013 y anunció una meta muy ambiciosa desde su primer día de trabajo: llevar a los Toffees a la Champions League. A una temporada de debut prometedora, en que el equipo acabó en quinto lugar, le siguieron dos años decepcionantes en que el Everton obtuvo su peor posición en liga en casi una década. Dos undécimos lugares consecutivos que acabaron con el despido de Martínez.

Ronald Koeman tomó las riendas en el verano de 2016 tras un efímero pero esperanzador paso por Southampton. El holandés devolvió al equipo a su zona natural por presupuesto, es decir, inmediatamente detrás de los seis grandes. Aupados por los 25 goles en liga de Romelu Lukaku, los Toffees superaron por octava vez en un cuarto de siglo en Premier la barrera de los 60 puntos. Ese buen rendimiento deportivo, sumado a la llegada de un ambicioso nuevo propietario en la persona del empresario iraní Farhad Moshiri y los planes de construcción de un nuevo estadio junto al río Mersey dispararon la euforia en la zona azul de Liverpool. Quizás ese sea el motivo de que la decepción haya sido tan grande.

A esos factores cabe añadir el falso optimismo provocado por la política de fichajes del club. Sucede una cosa curiosa con los fichajes. Los aficionados suelen valorar tan solo los jugadores que llegan pero olvidan fácilmente a los que se han ido. Quizás sea un mecanismo inconsciente para pasar página rápidamente de la decepción que suele representar que un ídolo local haga las maletas. Así, la llegada de jóvenes con enorme potencial como Jordan Pickford, Michael Keane o Davy Klaassen, del hijo pródigo Wayne Rooney o del fichaje más caro de la historia del club, Gylfi Sigurdsson, provocaron que Goodison olvidara de la noche a la mañana a Romelu Lukaku.

Pero perder a un jugador como el delantero belga siempre iba a ser un obstáculo difícil de sortear. Lukaku fue el máximo goleador del equipo durante las últimas cuatro temporadas. El belga jamás bajó de la decena de goles en liga (15, 10, 18 y 25) y su juego se convirtió en la piedra angular del modelo del equipo.

Roberto Martínez intentó modificar el estilo del equipo y, de rebote, el de Lukaku. Los resultados se resintieron y el delantero pidió públicamente que el equipo lanzara más balones largos para que pudiera correr. Martínez le hizo caso (o los jugadores hicieron caso omiso de sus instrucciones, nunca lo sabremos) y el equipo volvió a funcionar. Koeman no tardó en comprender que para obtener resultados debía jugar según las fortalezas de su jugador más resolutivo. El resultado fue la mejor temporada de su carrera. Con libertad para moverse por todo el frente de ataque, Lukaku caía una y otra vez a banda derecha para trazar la diagonal hacia dentro y golpear con la pierna izquierda.

Pero Koeman, que tan bien supo aprovechar las fortalezas de su jugador franquicia, no ha sido capaz de resolver la ecuación planteada por su ausencia. Con el dinero ingresado con su venta, unos 80 millones de libras, optó por la cantidad sobre la calidad. Y fichó a media docena de teóricos titular, quizás pensando ingenuamente que la directiva sería comprensiva y le concedería el tiempo necesario para acoplar todas esas nuevas piezas. Pero desde el 21 de agosto, el equipo ha ganado dos partidos (uno contra el Sunderland, un equipo en zona de descenso a tercera división), ha empatado cuatro y ha perdido siete. El Everton está prácticamente eliminado de la Europa League y en zona de descenso en liga. Pocos entrenadores pueden sobrevivir a una racha tan nefasta.

Koeman abandona Goodison dejando como legado principal la consolidación en el primer equipo de varios jóvenes con un futuro brillante: canteranos como Jonjoe Kenny (20), Mason Holgate (21), Dominic Calvert-Lewin (20) o Tom Davies (19), o fichajes como Sandro Ramírez (22), Henry Onyekuru (20, cedido en el Anderlecht), Ademola Lookman (20), Davy Klaassen (24), Jordan Pickford (23), Michael Keane (24) o Nikola Vlasic (20). Una base de jugadores jóvenes sobre la que construir un futuro.

Eso sí, el nuevo entrenador también hallará problemas que deberá resolver más pronto que tarde, comenzando por Wayne Rooney. El canterano Toffee ha regresado este verano por motivos más nostálgicos que deportivos y tiene una enorme influencia sobre el juego del equipo. El técnico que sustituya a Koeman deberá tomar una decisión: construir un equipo de jóvenes en torno al veterano Rooney o directamente condenarle al ostracismo. Sea como fuera, el Everton desea regresar a las épocas de David Moyes, cuando se convirtió en un ejemplo de continuidad y gestión.

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