Todo tiene solución... hasta el Leeds
En esta vida, todo tiene arreglo. Incluso el Leeds. Aunque Massimo Cellino sea el dueño. Trece años después de caer a segunda división, el Leeds está resurgiendo. Está ante su mejor oportunidad de volver a lo más alto. Garry Monk ha sido la persona a la que tanto tiempo llevaban buscando.

El “gigante dormido” por antonomasia en Inglaterra es el Leeds United. Dominaron el fútbol nacional y fueron una de las cabezas de cartel del internacional. Casi vuelven a alcanzar lo más alto del europeo cuando llegaron hasta semifinales de la Champions League en 2001. Se convirtió aquello en su carta de despedida; no les volveríamos a ver ni cerca. Tres años después de sucumbir ante el Valencia de Héctor Cúper estaban bajando a segunda división. Experimentaron lo efímero de la gloria y el fútbol. Como todo club de su magnitud social bajó porque estaba mal gestionado. Como todo club de su magnitud social que se queda trece años seguidos fuera de la máxima división es por culpa de su mala gestión. Acabaron hasta en tercera. El lamentable desempeño ha tenido todo tipo de protagonistas. Desde Ken Bates, un señor inglés (exdueño del Chelsea) vilipendiado durante años, pasando por un fondo de inversión llamado GFH de Baréin, un antiguo protectorado del Reino Unido con algo más de un millón de habitantes, poca agua y mucho petróleo. Les sucedería al frente del club el culmen de los dueños estrafalarios: el empresario italiano Massimo Cellino. Si bien con él la existencia de la entidad no ha corrido el peligro que corrió con los bareinís, el circo que ha llegado a tener montado no tiene desperdicio. Aunque esta temporada ha vendido la mitad del club a una persona más seria. No podría haber sucedido una mejor noticia para el Leeds y todo el entorno del club.

Massimo Cellino, GFH y Ken Bates reflejados sobre Elland Road (Alex Livesey/Getty Images).

Porque Massimo Cellino puede llegar a ser entrañable; desde la distancia, para quien no lo sufre. Salvó, como decía, a un club potencialmente al borde del colapso. Aunque una vez lo hizo se lo llevó al parque de atracciones, sobre todo a la montaña rusa. Una con ascensos hasta la atmósfera y vuelta hacia abajo. Sobra con preguntar a cualquier aficionado. La lista de estridencias del transalpino es larga. Aunque su lista de entrenadores lo es más todavía. A los pocos meses de llegar, se cargó a Brian McDermott, querido por la afición tras mantener al equipo estable cuando el club era de todo menos ello. Aunque lo más sangrante fue a quién decidió contratar para sustituirle. A Dave Hockaday. Lo normal es que no te suene el nombre. Este buen hombre venía de ser despedido de un equipo de quinta división, nada menos. Duró lo que tenía que durar en el Leeds de Cellino, apenas unas semanas: seis partidos. Se puso a continuación al frente el director de la academia, Neil Redfearn, de forma interina. Cumplió, antes de dejar paso al nuevo "fijo". Las comillas representan la ironía de un entrenador fijo que dura seis partidos; otra vez. El primer entrenador no británico o irlandés de la historia del club respondía al nombre de Darko Milanic. Volvió a ponerse Redfearn al frente. Sus buenas prestaciones le valieron para seguir hasta final de temporada. Y logró dignificar la tumultuosa temporada del Leeds, que no es moco de pavo.

No obstante, su trabajo era más valorado en su anterior rol, en la academia. Pero no para él que, cansado y habiendo sido etiquetado como “débil” y un “bebé” por Cellino, abrió la puerta y se marchó. Mientras tanto, Massimo Cellino había encontrado a su siguiente entrenador, por no decir víctima. El alemán Uwe Rösler. Un técnico en pleno auge hasta que las cosas se le torcieron meses antes en el Wigan Athletic. Después de un primer golpe en una carrera todavía por consagrarse, el Leeds, y con Cellino, no era necesariamente el siguiente paso más seguro. Como bien acabó demostrando su periodo de tiempo en el puesto: cinco meses. Otro que caía, que no había logrado exprimir al equipo su potencial en el corto tiempo que ofrece Cellino. Rösler, como el Leeds, vive ahora tiempos mejores, dirigiendo al Fleetwood Town, tercer clasificado en tercera división. Pero esa es otra historia. Cellino salió de caza ante la nueva vacante. Encontró a Steve Evans, o como se le llegó a conocer, "Mr. Ascenso". Subió de quinta a tercera con el Crawley Town en dos años. Antes de hacer lo propio con el Rotherham de cuarta a segunda. Había dimitido semanas antes de éste último club. No tuvo su fortuna pretérita en Leeds. Otro que acabó cayendo. Dentro de lo que cabe no lo hizo tan mal, aunque el equipo terminó donde termina siempre, no más arriba del 13º y no más abajo del 15º. Insuficiente en "la escala Cellino del éxito".

Garry Monk (Harry Murphy/Getty Images).

A pesar de que era uno de los clubes de su infancia, Evans no era el entrenador de la infancia de Cellino. Lo cual sería materialmente imposible, claro. El próximo paso fue un entrenador joven, prometedor y sin un bagaje demasiado pesado: entró a escena Garry Monk. Cosa de un año antes "futuro seleccionador inglés", Monk tuvo la valentía que probablemente muchos otros no tuvieron. Porque la facilidad con la que un entrenador perdía su puesto en Leeds superaba a la que que tiene en casi cualquier otro sitio. A Monk no le tembló el pulso. Confiaba en sus habilidades. Las cuales fueron veneradas por muchos cuando llevó al Swansea a su segunda mejor posición en su historia en el fútbol inglés. Quedaron octavos, pero el cambio de temporada fue fácil y de repente duro. Una victoria en once partidos fue una racha que se lo llevó por delante. Pero no dejaba de ser alguien que había dejado antes fantásticas impresiones y al que se le etiquetaba de futuro seleccionador nacional. Cuando todos rechazaron al Leeds, Monk lo apostó todo a él. Y casi no lo cuenta. Muchas, muchas eran las dudas sobre si podría sobrevivir a la jungla de Cellino. Era uno de los grandes atractivos de la temporada. Y tras seis jornadas, la situación estuvo a punto de saltar por los aires. Se dice que a punto estuvo de ser despedido. Pero justo entonces ganó el siguiente partido y el resto es historia. Una buena.

Venció al Blackburn en casa. No fue bonito pero fue, que era lo necesario. Unos días después lo hizo en Cardiff. Ganaron en belleza de una actuación a otra. Estaban conectando cuando más hacía falta. Un equipo con muchas novedades, con muchas piezas nuevas. Había un equipo más o menos decente cuando Monk entró por la puerta. Pero uno que no dejaba de haber quedado en mitad de tabla en mayo. Algo que no era suficiente para el exentrenador del Swansea. "No puedes hacer una tortilla sin romper los huevos", se podría presuponer que vino a ser el concepto en el que Monk pensó. Había una pareja de centrales relativamente sólida: Sol Bamba y Liam Cooper, capitán. Con el primero terminó llegando a un acuerdo para rescindir su contrato. Al segundo le colocó en un segundo plano. Y gracias a todo ello ahora tiene una de las tres mejores parejas de centrales de la liga: Kyle Bartley y Pontus Jansson. Al primero lo conocía y le incorporó cedido de Swansea. Al segundo no, pero también le trajo cedido, del Torino italiano. Fichó a un portero nuevo. Esto era necesario. Robert Green se convirtió en el nuevo número '1' bajo palos y su rendimiento no ha decepcionado, ganándose la renovación por otro año. Lateral derecho también fichó, Luke Ayling, excanterano del Arsenal, relegado a suplente en el Bristol City y desde entonces primordial en Leeds.

Alineación titular en el Leeds de Garry Monk.

Al centro del campo también quiso darle un lavado de cara. Llegaron varios, siendo Liam Bridcutt, que ya había estado cedido anteriormente en el club, Eunan O'Kane y Ronaldo Vieira los tres que más protagonismo han tenido en los roles de titulares. Bridcutt jamás triunfó en Sunderland pero en Leeds ha demostrado ser un excelente medio centro, de posición, distribución e ida y vuelta. A su lado, bien un jugador técnico y de gran capacidad de trabajo como O'Kane o una joven promesa portuguesa como Vieira, ex del Benfica, de gran despliegue, sobre todo ofensivo. Y por delante de ellos los media puntas y extremos. Un variado abanico de ellos. Algunos que ya estaban se fueron cuando llegó Monk. Otros han seguido y son importantes, y otros han llegado y también lo son. La piedra angular es Pablo Hernández, indiscutible en el puesto de '10' para un Monk que le conocía de Swansea y que no tardó en llamarle para ir a Leeds. Sobre él gira la ofensiva, por él pasan todos los ataques. Y delante de él está el ya máximo goleador de la liga, con 24 goles: Chris Wood, internacional neozelandés. No es alguien nuevo, pero sí alguien que está dando lo mejor que jamás ha dado. Ha tenido rachas, pero por fin parece convertirse en el delantero que muchos visionaban. Ha madurado. Como él mismo ha llegado a recalcar, gracias a la ayuda de Monk y de todo el cuerpo técnico (del que son parte el español Pep Clotet o el exdelantero del Everton, James Beattie) está al mejor nivel de su carrera, con una confianza desbordante y unas cifras que pretenden propulsar al equipo a la élite.

Chris Wood y Robert Green (Nathan Stirk/Getty Images).

Un equipo, el Leeds, que no ataca mucho especialmente. Es un equipo que hace todo lo básico muy bien, que está espectacularmente trabajado en cada aspecto por alguien como Monk, que presta atención a cada detalle como pocos lo hacen, que sabe leer fantásticamente bien a sus jugadores y lo que necesitan para mejorar como conjunto. Son el segundo equipo que menos dispara y que menos dispara a puerta de la liga. Y sin embargo están cuartos, con su presencia en el play-off de ascenso casi asegurada. La eficacia del equipo es realmente asombrosa y no por casualidad. Es un grupo verdaderamente sólido. Y parece que ello se puede extender potencialmente a las altas esferas del club. El pasado 4 de enero, Massimo Cellino vendió, como ya comentábamos, la mitad del club a su compatriota Andrea Radrizzani. Un hombre que se espera y se desea que sea más mesurado y razonable que Cellino. Con tan sólo 42 años de edad se ha encontrado al frente de varias empresas relacionadas con el deporte que él mismo fundó y de notable éxito como MP & Silva o Eleven Sports Network. Con él, que ya ha expresado su deseo de comprar la totalidad del club, el futuro del Leeds tiene la oportunidad de ser más estable y brillante. Durante mucho tiempo, con golpe tras golpe, pareció que el Leeds no vería la luz al final del túnel. Como por un momento la carrera de Garry Monk como entrenador de élite. Pero todo, todo tiene solución.

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