Un Brighton diseñado por y para Potter
El técnico inglés arranca su segunda temporada con el Brighton & Hove Albion con un equipo mucho más suyo y con mejores sensaciones y aspiraciones que en la anterior.
Amex Stadium. / Brighton & Hove Albion

 

El 2020 ha dibujado un futuro incierto en general y, en particular, en el mundo del fútbol. Ante tal situación mirar al pasado en pos de alimentar esperanzas e ilusiones para el futuro no parece una mala decisión, a priori. El Brighton & Hove Albion lo ha hecho. Las franjas blancas de su camiseta habitual se han estrechado para dejar ensanchar a las azules y, de paso, recordar aquella final de FA Cup de 1983. Quizás, uno de los mejores pero más agridulces momentos de su historia. Vestidos como Michael Robinson, con Graham Potter a la cabeza y con un proyecto sostenible y muy cuidado, los Seagulls sueñan con dar otro pequeño paso que les coloque en el siguiente escalón.

Desde su llegada a la Premier League en 2017, dos decimoquintos puestos y un decimoséptimo. Para un club que tradicionalmente no ha ocupado un lugar en la élite del fútbol inglés, la salvación debería ser un objetivo más que razonable. De hecho, tras confirmar su permanencia, ha conseguido igualar su racha de temporadas en primera división. Y nos volvemos a remontar a los 80. Cuatro temporadas que se torcieron paralelamente a esa final de FA Cup del 83 que perdieron ante el Manchester United. Sí, vestidos con la misma equipación que lucirán esta temporada. Les gusta jugársela.

El verano de 2019, y aún sin pandemias en el horizonte, no aportaba buenas sensaciones a los aficionados del Brighton. Los movimientos en el mercado de traspasos, en comparación a sus competidores más directos, no eran demasiado halagüeños. Además, la llegada de Graham Potter, tras cinco años decentes de Chris Hutton, era una incógnita absoluta. Aunque llegaba con buenas referencias de su pasado en Championship y en el Östersunds sueco (con una digna y sorprendente participación en la Europa League), el salto se antojaba grande para un entrenador con ideas frescas pero con nula experiencia en Premier League.

La victoria por 0-3 en Vicarage Road fue un bonito inicio pero, a partir de ahí, seis jornadas consecutivas sin ganar. La victoria ante el Tottenham, el primer fin de semana de octubre, supuso el inicio de la irregularidad de un equipo que era un constante sube-baja en la clasificación semana tras semana. El 2020 les mantuvo en la decimoquinta posición no por su propia regularidad sino por el bajo nivel de todos sus rivales directos. Pese a ello, y de forma muy sigilosa, el proyecto de Potter cada vez era más visible y reconocible y ha conseguido que, para esta próxima temporada, todo se vea con otros ojos.

El técnico inglés ha conseguido dar la vuelta al fútbol de un equipo que, con Hutton, seguía los estereotipos del kick and rush. En esta temporada de transición han logrado que las cifras de goles, tanto a favor como en contra, se hayan mantenido en la línea de las dos temporadas anteriores pero con unos métodos casi opuestos. Potter ha inculcado la defensa con balón, la presión alta tras pérdida y las transiciones rápidas. Su posesión, con una media del 51,7%, se acerca más a la de los equipos de la zona más alta de la clasificación que a la de sus acompañantes en la parte baja.

La importancia de jugadores como Lewis Dunk (que ha llegado a despertar el interés de equipos como el Chelsea, pese a renovar hasta 2025 recientemente), la irrupción de Tariq Lamptey y de la sala de máquinas y el frente de ataque llevan la firma de Potter y han ejecutado el embrión de su idea de juego. Las incorporaciones de Adam Lallana y Joel Veltman para esta próxima temporada, no hacen más que confirmar que Potter está moldeando su equipo ideal poco a poco.

Con el 1-4-2-2-2 como esquema más usado durante la temporada pasada, la defensa de tres ya se asoma por el horizonte. De esta forma Potter conseguiría reforzar la transición ataque-defensa dotando de más tranquilidad a los carrileros para incorporarse al ataque e intentar recuperar más cerca del área contraria en caso de perder la posesión. Así pues, en caso de retener a Dunk, se le acompañaría de su habitual escudero Adam Webster y el recién llegado Veltman. Ben White ha vuelto tras ser una sensación en Leeds. Dun Burn se desplazará de nuevo al eje de la zaga para, con toda probabilidad, dejar paso a un nuevo compañero por el carril izquierdo. Alguien de un perfil más parecido a Lamptey. Mucho más ofensivo y explosivo. 

La presencia de Yves Bissouma, Davy Propper, Aaron Mooy y Pascal Groß, sumada a la incorporación de Adam Lallana son, para un conjunto con las aspiraciones del Brighton, una bendición para Potter. Disciplinados, trabajadores y amoldados a la idea de su entrenador. Con talento para mantener transitar con balón y con la intensidad como para recuperarlo rápidamente. El nuevo entrenador les ha ayudado a aumentar las cifras en el apartado de distribución y creación. Sus jugadores han conseguido mejorar en 6 puntos su acierto en el pase y en casi 8 su posesión del balón respecto a la temporada anterior. Un cambio de identidad arriesgado pero con vistas al futuro que podría haber condenado al equipo, de haber salido mal.

En la parcela goleadora, mucho fútbol pero poco gol. Leandro Trossard y Neil Maupay han significado el 38% de los goles de su equipo en Premier League. Un Brighton que tan solo ha anotado 39 goles y que debe aspirar a aumentar la cifra para asaltar -al menos- la zona media de la tabla. Sin embargo, ambos jugadores han estado precisos en los momentos más vitales. La victoria ante el Arsenal, que daba inicio a la liga tras el parón, se resolvió con el tanto de Maupay en el 94'. Y Trossard, con la tasa más baja de conversión de ocasiones manifiestas de gol de toda la competición, lo consiguió -irónicamente- en la única gran oportunidad que tuvo su equipo en el partido en Carrow Road. La generación de ocasiones y la falta de gol son el gran debe del Brighton de Potter.

Y ante el gran número de jugadores que aparecen en la rampa de salida, con edades muy avanzadas y sin encaje en el proyecto de futuro del club, Potter aporta soluciones. Lamptey no ha sido el único joven del Brighton que ha irrumpido en el primer equipo con cierto impacto. El polivalente Steven Alzate, Alexis Mac Alister y Aaron Conelly han demostrado que al técnico inglés no le tiembla el pulso a la hora de dar la oportunidad a canteranos, jugadores desconocidos para el gran público o fichajes de poco renombre. Un punto más a favor del proyecto sostenible y con vistas al porvenir.

Con el ejemplo de proyectos sólidos y atractivos en equipos como Leicester, Wolverhampton o, más recientemente, el Southampton, el Brighton está destinado a intentar dar el siguiente paso. Como el propio Potter dijo en The Athletic: “No es un camino recto, ni una subida cuesta arriba sencilla”. Lo cierto es que, en una temporada tan atípica y en proceso de reconstrucción, Potter, ha conseguido convencer al Amex Stadium de que su plan merece una oportunidad. Los Seagulls esperan que, vestidos como en 1983, el patrón solo se repita en la FA Cup y en la camiseta.

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