Un camino marcado por George Eastham
De sobras conocida es la lucha de Jean-Marc Bosman durante la década de los noventa. Un caso que conseguiría que cualquier jugador pudiera cambiar de equipo, sin abonar nada a su antiguo club, tras finalizar su contrato. Treinta años antes, George Eastham protagonizaría otra batalla en favor de la libertad del futbolista profesional.
Por Dani Hernández | 14/06/2020 George Eastham
George Eastham. / Newcastle United

 

George Eastham nació el 23 de septiembre de 1936 en una familia en la que se respiraba fútbol. Su padre, George Richard Eastham, jugador por entonces del Bolton Wanderers ya había debutado con la selección absoluta inglesa en su primera y única convocatoria ante los Países Bajos. Su tío Harry acababa de firmar su segundo contrato profesional dejando Blackpool, ciudad natal de la familia, y recalando en Liverpool. En ese momento nadie sabía que George Jr. sería el miembro más relevante -futbolísticamente hablando- de la estirpe Eastham.

Cursando sus estudios en la Revoe Primary & Arnold Grammar School (que curiosamente más tarde sería conocida como Armfield Academy, en honor a su futuro compañero de selección en el Mundial de 1966, Jimmy Armfield, que también estudió ahí), el pequeño George, ya empezaría a aprender el “oficio familiar” y a mostrar su talento heredado. Su habilidad le llevaría a probar con Blackpool y Bolton Wanderers para ingresar en sus academias durante el verano del 52 y mayo del 53, respectivamente. Ambos le dejaron escapar. Esa misma temporada, su padre, fichó como jugador-entrenador por el Ards, un equipo semi-profesional de Irlanda del Norte, y decidió llevárselo con él.

El destino trazó una transición perfecta en las carreras de los Eastham. Mientras el padre colgaría las botas e iniciaría su carrera como técnico en Ards, el pequeño firmaría su primer contrato en el mundo del fútbol. Un inicio prometedor que llamó la atención de un Arsenal que rechazó ficharlo por las 7.000 libras que pedían los norirlandeses alegando que era demasiado para un chaval de 17 años. En el futuro se acordarían de esta negociación. Con el paso de los partidos, sus buenas actuaciones le llevaron a jugar un amistoso entre un combinado de jugadores de la liga norirlandesa y otro de la liga inglesa (con jugadores como Johnny Haynes o, el nombrado, Jimmy Armfield). Y ese fue el mejor escaparate para recibir la llamada del Newcastle United.

Ese primer contrato profesional que George Eastham firmó con los Magpies y que fue motivo de júbilo en el momento de su firma, se convertiría, cuatro años más tarde, en una pesadilla y en un momento trascendental para el futuro, no solo de su carrera, sino de la de cualquier futbolista profesional. En cuatro temporadas, Eastham consiguió hacerse el dueño y señor del centro del campo de St James’s Park. 34 goles en 125 partidos para un jugador que destacaba por su buen toque, su inteligencia para filtrar balones y su habilidad innata en el pase. Un talento que provocó que aquellas 7.000 libras que le pedía el Ards al Arsenal unos seis años atrás, se convirtieran en una oferta de los Gunners de 45.000 libras que el Newcastle rechazaría para pedir 50.000.

La situación se volvió insostenible. La relación del futbolista con el club nunca fue la mejor. Durante su estancia en Newcastle sonaron campanas de boda con su novia Wendy, motivo más que suficiente para irse a vivir juntos. Mientras todos sus compañeros tenían una casa facilitada por el club, a él se la denegaron en numerosas ocasiones. Provocando que la pareja se instalara con los padres de ella. Y la situación empeoró con el embarazo. Finalmente, la llegada de Charlie Mitten como entrenador (que rechazó la casa que le correspondía) y las buenas actuaciones sobre el césped del centrocampista le valieron un hogar. El mal estado de algunas de las estancias y el jardín fueron otro punto de discordia.

Pese a las promesas del club, esos arreglos nunca se dieron. Con la oferta del Arsenal sobre la mesa. El club usó dichas reparaciones como amenaza. Él tenía decidido poner rumbo a Londres y los Magpies no querían perder ni al jugador, ni una sola libra en la negociación. Pero aquella temporada, la 59-60, el jugador terminó jugándola vestido de blanco y negro. Sería la última. Su contrato finalizaba, pero un futbolista no podía cambiar de aires sin el permiso del club, ya que todavía constaba en el registro de jugadores de la plantilla. Así que, negando la renovación y sin poder fichar por el Arsenal, George Eastham se plantó y emitió un auto judicial contra el club, sus directivos, la liga y la Football Association y decidió declararse en huelga.

Durante 139 días, el futbolista dejó de serlo para empezar a trabajar en el negocio de Ernie Clay, amigo de la familia. Las 20 libras semanales que empezó a ganar por vender corcho superaban a su salario como jugador del Newcastle. Así que la huelga se le presentó como un camino fácil y llano a nivel económico, pero un posible bache en su carrera profesional. Un paréntesis que por suerte se cerró pronto. En noviembre de 1960, escuchando la radio en el taller de corcho de Ernie saltó la noticia. El Arsenal había aumentado a 47.500 libras su oferta por Eastham y el Newcastle, esta vez sí, la había aceptado. Acto seguido, George corrió a la cabina telefónica más cercana y llamó a Bob Wall, directivo de los Gunners, que le confirmó la noticia.

El día siguiente, el 18 de noviembre de 1960, George Eastham estampaba una firma que significaba su traspaso al Arsenal, el fin de una huelga y un antes y un después para la libertad de los futbolistas profesionales. El apoyo de la Profesional Footballers’s Association fue determinante para que, en casos posteriores, un futbolista pudiera negociar con otros clubes una vez finalizado su contrato, desapareciendo su nombre del registro de jugadores de la plantilla. Un primer obstáculo que se resolvió de forma positiva aunque no definitiva. El afectado debía abonar una compensación económica al club que abandonaba. Unas décadas más tarde, Jean-Marc Bosman y la ley a la que le prestó su apellido fue un paso más allá y consiguió dar libertad absoluta, sin cargos adicionales, a los futbolistas sin contrato.

En Highbury, George Eastham se liberó del peso que había cargado y consiguió volar y convertirse en leyenda. Llegó con ganas y cayó de pie. En su debut marcó un doblete al que le siguieron 39 goles más en un total de 221 encuentros. Con los Gunners logró debutar con la selección absoluta como había hecho su padre 28 años antes. Su trayectoria en la selección, sin embargo, fue más extensa. 19 apariciones y su nombre entre los 22 campeones de la Copa del Mundo de 1966, aunque no llegó a disputar ni un solo minuto. Figura en la historia del fútbol inglés por su talento y por trazar un camino en favor de todos sus compañeros.

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