Un estadio maldito
El West Brom-Burnley era un duelo que perfectamente podía pasar por debajo del radar de muchos, sin darse cuenta de que éste era un choque entre las máximas referencias de la Premier League en lo suyo: defender y sacar lo máximo de las pocas oportunidades de marcar de las que suelen disponer. Tony Pulis y sus chicos supieron vencer a los de Sean Dyche.

Domingo, 28 de Septiembre del año 2014, el Burnley, en su primera temporada en la Premier League en cuatro años, viajó al feudo del West Brom. Sin embargo, lejos de ser aquel un partido igualado como se podía prever, los locales asfaltaron a los visitantes. Un 4-0 inapelable que han querido repetir, siendo la mayor diferencia Tony Pulis como entrenador, en lugar del que lo era en esa época: Alan Irvine. Más adentrados en la temporada en esta ocasión, era llamativo y entrañable que se midiesen, en lo que llevamos de campaña, los dos equipos con mayor porcentaje de pases en largo, con el menor porcentaje de posesión y los dos que han vencido en más partidos si la distancia que has recorrido sobre el césped fuese el barómetro que decidiese las victorias. Ambos entrenadores eran perfectamente conscientes de lo que les esperaba. Fue Pulis, el maestro por antonomasia en partidos de este rango, quien venció a quien quizás sea el segundo mejor en la Premier: Sean Dyche. Comparten muchas cualidades y muchos métodos. Un empate a cero en el que ninguno fracasara podría haber sido lo más poético. Al de la gorra, no obstante, lo de la poética no le ha solido ir mucho.

El West Brom logró obligar al Burnley a llevar la iniciativa. Cuatro minutos después de arrancar se habían hecho con la ventaja. Ingenuos y demasiado aventurados desde el inicio los visitantes, los anfitriones robaron para explotar los excesivos huecos que les fueron concedidos. Centro de James Morrison desde la banda derecha, intervención errática por parte de Dean Marney, dejándole éste el balón de cara a Matty Phillips que se impuso al liviano central Ben Mee para darse la vuelta y reventar la portería que defiende Tom Heaton. Los Baggies tenían lo que querían. Nada mejor que una ventaja para poder ejecutar tu plan, más todavía cuando es el tipo de plan del West Brom. Gol y a asentarse atrás; a ver qué podían hacerles. Apenas acostumbrados a este tipo de situaciones, los jugadores Clarets no parecieron saber del todo cómo gestionar la situación. Fueron hacia arriba a buscar el empate, pero es muy difícil contra una retaguardia tan sólida y resolutiva como esta. Poco habituados también a enlazar muchos pases en campo contrario, los de Pulis aprovecharon para robar nuevamente y salir disparados a la contra. Se apoyaron sobre su referencia en ataque, el venezolano Salomón Rondón, para que éste recibiese de espaldas y le mandase al balón a un Morrison lanzado en carrera. Éste acabó marcando con comodidad ante la pasividad de un Ben Mee que no supo demostrar el poderío necesario en un central, siendo él lateral izquierdo en origen y hasta hace un año.

Todo salía a pedir de boca para el West Brom. Un Burnley demasiado valiente lo volvió a pagar antes de marcharse a vestuarios. Completamente fuera de su hábitat natural, volvieron a dejar demasiados espacios abiertos en defensa. Los cuales no fueron desaprovechados una vez más. Centro en esta ocasión desde el costado izquierdo de Matty Phillips y aparición del incombustible Darren Fletcher en el segundo palo para condenar a sus oponentes. Por mucho que el plan no había salido ni mucho menos como deseaban, al Burnley poco más le quedaba que seguir teniendo el balón y seguir buscando reavivar la llama. Se lamentó amargamente Dyche tras el partido sobre la ejecución del plan por parte de sus jugadores: “Hemos tenido dos partidos de este tipo durante la temporada, uno en Southampton y este aquí. Creo que extrañamente hemos sobre jugado, hemos intentado jugar demasiado. Sé que suena un poco a locura, pero es lo que hemos hecho contra un equipo que es lo que quiere que hagas; les gusta esperar atrás y contraatacar, y lo han hecho bien. A pesar de que como entrenador y cuerpo técnico les explicamos a nuestros jugadores que es lo que intentarían hacer.”

“Esa es a veces la frustración de ser un entrenador. Realizas sesiones, diseñas el plan para que esto no pase y pasa. Es en ocasiones la extraña psicología del fútbol. Hemos estado a millas de distancia de nuestro mejor juego esta noche, pero hay que reconocer el gran trabajo que ellos [el West Brom] han hecho”. No desistió Dyche durante el encuentro, introduciendo al descanso a un delantero como Ashley Barnes y en el tramo final a Andre Gray, tratando de al menos reducir la sangría del marcador para, sobre todo, la diferencia de goles general en la tabla clasificatoria. Rondón marcó la guinda con un estupendo giro sobre sí mismo en el área para fusilar las remotas esperanzas de un Burnley que cae de la mitad alta de la tabla mientras que el West Brom (9º) se mete en ella. Dyche, por su parte, quiso cerrar en la entrevista post-partido haciendo alusión a que este estadio, The Hawthorns, es uno maldito para él ya que aquí se rompió la pierna con 17 cuando jugaba en el Nottingham Forest y ha sido un sitio donde nunca ha sido capaz de ganar. Veremos si la próxima es la vencida.

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