Una de cada diez
Aunque es capaz de lo mejor y lo peor, el Tottenham ha vuelto a demostrar que puede sobreponerse a las adversidades y se coloca segundo después de unas semanas heroicas. ¿Será este el año de los londinenses?

Tengo la mala costumbre de empezar los artículos haciendo referencia a alguna vivencia personal o introduciéndolos con alguna frase que tenga relación con el contenido que se desarrolla en los párrafos consecuentes. Es entonces cuando me acuerdo de un profesor que tuve en la facultad con alergia al uso de la primera persona. “No sois importantes, la información lo es”, decía siempre. Si estuviera leyendo esto pensaría que sus clases no me sirvieron para nada, pero resulta imposible separar información y vivencias personales cuando me toca hablar de fútbol. Lo siento, profesor X.

Hace unos días me dirigía a Barcelona con la esperanza de que, al menos, el Tottenham marcara un gol para no estar congelada en mi asiento durante los 90 minutos. Sabía que no íbamos a pasar, que lo hecho, hecho estaba, pero que no todos los días se tiene la suerte de visitar el Camp Nou y de presenciar un partido de Champions League. Aunque fui muy razonable con las expectativas puestas en los Spurs, todavía contaba con un 10% de esperanza de que se pudiera obrar el milagro, porcentaje que se desvaneció por completo con el tempranero gol del Barcelona.

“Pues a disfrutar”, me dije a mí misma, conocedora de que estábamos recogiendo lo sembrado en la campaña de Champions. Es difícil sacar algo bueno de aquello cuando estás rodeada de aficionados culés, pero intenté recordarme lo afortunada que era de estar allí. Simplemente eso. Fue entonces cuando apareció en el marcador del Camp Nou el resultado del partido que todo aficionado Spur estaba viendo simultáneamente en su cabeza. El Inter perdía contra un ya eliminado PSV. Había que ser comedido: los italianos se alimentaban de orgullo y tenían todas las papeletas –y tiempo- para remontar.

Por el momento estábamos dentro, pero como fiel seguidora de los londinenses, lo malo iba a llegar de un momento a otro –sobre todo porque el equipo había fallado ocasiones que en otro día laborable hubiesen acabado en la portería rival-. “Hoy es uno de esos días”, le decía a mi padre, siempre confiado en darle la vuelta a la tortilla.

El marcador se reactivó y los primeros minutos dejaron claro que Mauricio Pochettino no contemplaba ningún cambio. Cerca de él, Ernesto Valverde -que había sido muy benévolo con su once inicial- sacaba a calentar a Lionel Messi para el deleite de todos los presentes. Iban a ser unos 45 minutos de infarto, pero por el momento, seguíamos clasificados a expensas de lo ocurriera en Milán.

Fue cerca del minuto 75’ cuando escuché a unos aficionados ingleses decir que el Inter había empatado. En ese momento volvieron a pasarse por mi cabeza todas las ocasiones desperdiciadas en la primera parte, la heroica remontada del Inter en San Siro, el nefasto -y bañado de rojo- empate ante el PSV… cuando ya estaba pensando en el tren que debía coger a las 6 de la mañana para volver a Madrid, Lucas Moura puso tablas en el marcador en el minuto 85’. Con el pitido final, tanto la afición como el propio Tottenham tuvo que esperar unos segundos para comprobar que el marcador de San Siro seguía intacto. Un griterío proveniente del tercer anillo confirmó lo que nadie daba por hecho: estábamos clasificados para los octavos.

Los jugadores del Tottenham celebrando la inesperada clasificación a octavos de final de la Champions League. (Clive Rose/Getty Images)

Quién nos lo iba a decir, teniendo en cuenta todo lo acontecido durante este primer tramo de temporada: un mercado de fichajes nulo, problemas con el estadio que se acrecentaban y una nefasta campaña de Champions League que estaba predestinada a terminar antes de lo esperado y mandarnos a Georgia los jueves por la noche.

Siempre he creído que ante la adversidad el Tottenham se hacía pequeño. Que los retos eran pruebas que rara vez se superaban y que en las grandes fechas el equipo rendía por debajo de las expectativas; ya fuera por falta de experiencia o por una mentalidad sustentada en el miedo al fracaso. Si a todo eso añadimos los recientes contratiempos, la temporada iba encaminada a su propio reciclaje; con la única diferencia de que poca cosa se iba a poder reutilizar de todo ese barullo.

Contra todo pronóstico, el Tottenham ha sabido refugiarse en el murmullo que rodea las instancias de Wembley. Un ruido que ha incrementado tras las salidas de Julen Lopetegui y José Mourinho de sus respectivos clubes, situaciones que han avivado la llama de la posible marcha de Pochettino de su proyecto más exitoso hasta la fecha –y ahora es cuando viene un lector/a y me dice que sin trofeos no hay éxito-.

La contundente derrota en el Emirates -un partido en el que los Spurs fueron apáticos y parecieron olvidarse de la importancia del encuentro- despertó a los muchachos de Pochettino, que desde entonces han conseguido clasificarse para la Champions League y acumulan seis victorias consecutivas en todas las competiciones, entre ellas dos recientes goleadas a Everton y Bornemouth. Además, tuvo su particular revancha con sus vecinos en la Carabao Cup.

Los últimos encuentros también han mostrado una verticalidad que hacía tiempo que el Tottenham no desplegaba en su juego. El equipo se gusta, combina rápido y es más dinámico. Aunque los Spurs siempre suelen contar con el mayor porcentaje de la posesión y control del partido, rara vez conseguían demostrar esa superioridad en el marcador, y en pocas ocasiones han sido capaces de sentenciar el encuentro antes del minuto 45’. 


"Contra todo pronóstico, el Tottenham ha sabido refugiarse en el murmullo que rodea las instancias de Wembley"

¿Cuánto durará? Probablemente poco. Los Spurs cuentan con una fantástica capacidad de volver al punto de inicio… o de empeorarlo. “They crack under pressure”, corean los medios ingleses siempre que éstos se quedan a metros de la gloria. La presión, dicen.

Es ahora cuando vuelvo a saltarme los consejos del Profesor X para deciros que los milagros solo ocurren una de cada de diez veces… o mil; y aunque la fortuna es caprichosa, parece que el Tottenham se vuelve a encontrar con un escenario idóneo para hacer historia.

Quizá sea el momento de creer en el ahora o nunca, el momento de centrarnos en nosotros mientras que la prensa y el mundo posa su foco en los Liverpool y Manchester, el momento de dejar el conformismo de un cuarto puesto y presentar una verdadera candidatura por el título…

…quizá este sea, por fin, nuestro momento.

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