Una historia londinense
Decía Oscar Wilde: “Perdona a tu enemigo, no hay nada que le enfurezca más”, o eso pensarían muchas personas con sangre fría. Dicen también que dos no discuten si uno no quiere y que las cosas se arreglan hablando, no dejando de hablar. Pero los protagonistas de la historia de hoy no son del mismo parecer, y a día de hoy las cosas siguen sin mejorar: hoy vamos a remontarnos décadas atrás y rememorar la rivalidad que mantienen desde el siglo XIX el Millwall y el West Ham.
Por Pedro Sánchez | 12/12/2018 West Ham Millwall

El partido entre los dos protagonistas de esta historia es conocido como el debi del Este de Londres, nombre dado por el East End, zona donde cohabitan (que no conviven) West Ham y Millwall. Esta parte de Londres es conocida como una de la más señeras -y durante muchos años pobre y decadente aunque a día de hoy muy regenerada- de la urbe. Por dar algún que otro dato más, en esta zona es donde se ubica Whitechapel, el lugar donde Jack el destripador puso fin a la vida de cinco prostitutas en 1888. Además ha sido la zona donde la Iron Maiden comenzó su carrera y en la década de los 60 fue la guarida de los gemelos Kray, dos de los gánsteres más importantes del Reino Unido. Sus habitantes reciben el apodo de “cockney”, cuya jerga endiablada y casi imperceptible hace de estos londinenses uno de los grupos más castizos y genuinos de los que pueblan la ciudad. Ahora, vamos con lo importante: la rivalidad entre Hammers y Lions.

El Millwall nació en 1885, en un lugar que era conocido como la Isla de los Perros (un lugar que estaba rodeado por el Támesis y cuyo único acceso eran los puentes de la zona) y que sería promovido por los trabajadores de  Morton (una conservera escocesa afincada la  zona). Tomarían los colores azul y blanco en homenaje a Escocia y, a su alrededor, se fueron agrupando los estibadores del puerto que hicieron del Millwall su seña más visible y firme. El equipo se asentó con firmeza entre los estibadores del puerto,  despertando una cierta envidia en los trabajadores del sector metalúrgico, quienes ansiaban tener también un símbolo común con el que disfrutar tras las duras jornada de trabajo en los muelles. Años después crearían el West Ham en 1895, equipo que vestiría de grana porque uno de sus primeros hinchas, que era natural de Birmingham, propuso adoptar la misma equipación que el Aston Villa.

Los dos equipos tenían aficiones fogueadas, curtidas y con mucho arrojo en ambos sectores del puerto de Londres. Ya en 1900 se datan los primeros incidentes entre ambos conjuntos debido a la proximidad y la pelea por la influencia sobre control en el puerto. Para colmo, los estibadores optaron por irse a New Cross, el astillero de Millwall, provocando que el resto de trabajadores se irritarsen a sobremanera y no se moviesen de sus lugares de trabajo, añadiendo más madera al fuego. Ya por entonces cada equipo tenia una masa social considerable, por lo que estos problemas no pasaron por alto. No obstante, el punto álgido de esta rivalidad acérrima llegaría en los años 60, donde la mezcla entre una crisis económica y una huelga general hizo que los trabajadores y aficionados de ambos clubes tomaran camino totalmente opuestos. Cuando se celebró la huelga, los estibadores del Millwall la secundaron en masa, cosa que no hicieron los obreros que pertenecían al  West Ham. Aquello fue el chispazo que acabó de prender el fuego en pleno auge de los grupos ultras, convirtiéndose en la excusa ideal para saldar viejas cuentas y echarse en cara viejas heridas.

Aficionados del Fulham en un partido ante el West Ham. (Matthew Lloyd/Getty Images)

Un ejemplo claro de esta contienda se vio en  el homenaje al ex jugador de ambos equipos Harry Cripps en ‘The Den‘, estadio del Millwall. Los aficionados del West Ham reventaron el encuentro al grito de "traidor", ya que Cripps había dejado el West Ham para fichar por el máximo rival. La gresca estaba puesta en bandeja, siendo esa tarde una de las peores de la historia del futbol inglés por lo dantesco y lo desagradable del contexto. Otro grave suceso ocurrió en 1976, cuando Ian Pratt, hincha del Millwall, falleció en una estación de metro víctima de una reyerta entre ambas aficiones. Aquel día los hinchas de los Lions juraron venganza y, como toda venganza que se precie, se serviría en un plato frío. El historial de enfrentamientos entre ambas aficiones seguiría estando salpicado de sangre y violencia, teniendo un nuevo episodio en 1978, dos años después del asesinato del aficionado Lion. La confrontación entre ambas aficiones se saldó aquella vez con 70 detenidos y numerosos heridos. Tras años sin verse las caras, en 2009, West Ham y Millwall volverían a coincidir en la Carling Cup. Toda Inglaterra sabía que habría problemas. Y como no podía ser de otra manera, los hubo

El incidente ocurrió en Upton Park, estadio del West Ham. Los hooligans quedaron días antes por internet para saldar sus cuentas y armar gresca, por lo que la policía estaba al corriente de lo que iba a pasar. Pese a los esfuerzos de los cuerpos de seguridad, una invasión de campo por parte de ambas aficiones fue lo que acabó por rebasarles. Tras el partido (el cual ganó el West Ham 3-1, pasando este a un plano secundario), los ultras Hammers mantuvieron choques con las fuerzas del orden mientras esperaban a los del Millwall a la salida para seguir con la “fiesta”. Los heridos se contaban por decenas, habiendo incluso un apuñalado. Dichos altercados fueron muy violentos y, según la prensa y diversos expertos, fueron considerados de gravedad extrema por las pocas veces se había dado algo de esa magnitud en Inglaterra. De hecho, para encontrar aun disturbio similar, habría que remontarse mucho tiempo atrás. A día de hoy, pese al tiempo que ha pasado, ese odio sigue vivo, latente y sin visos de extinguirse. Por una parte están los Inter City Firm (grupo radical de los Hammers), y, por el otro, los Millwall Bushwackers (grupo radical de los Lions), estando aún uno en frente al otro, esperando la más mínima excusa para saldar viejas facturas y cuentas en un rincón del este de Londres. Un dato que llama la atención y hace ver la peligrosidad de la zona es que los días de partido, la policía no le recomienda a los vecinos que deambulen por los alrededores, intentando así evitar altercados o incidentes con los ultras locales. Sin duda,  esta no es una historia de fama o glamour como las de los otros derbis de Londres. Es, simplemente, una historia londinense más: la eterna pugna entre unos estibadores y unos constructores del este de la ciudad.

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