Una puerta que estaba destinada a abrirse
Bob Bradley al Swansea. Ha sido el gran movimiento en este parón de selecciones, que además ha ganado todavía más presencia mediática ante la falta de otras noticias, como es habitual en estos parones. El conjunto galés ha confiado en el reputado entrenador estadounidense para liderarles y llevar a cabo el principal objetivo del club: evitar el descenso.

La trayectoria de Bob Bradley ha sido verdaderamente singular. Tras pasar por los lugares más exóticos, aterriza en la Premier League para hacer resurgir a un Swansea que quiere mantenerse en la élite y encadenar su sexta temporada consecutiva en la élite. Quieren recuperar esa magia que desprendía el club cuando llegó a la Premier League. La historia del club sigue siendo muy especial. Hace ya más de una década, superaron la adversidad cuando casi nadie creía que lo pudieran hacer cuando evitaron abandonar el fútbol profesional tras esquivar un más que cantado descenso en cuarta división. Aquello fue el punto de inflexión sobre el que se catapultaron para llegar años después a la Premier League. Pasaron por el banquillo Kenny Jackett, Roberto Martínez, Paulo Sousa y Brendan Rodgers, que fue quien completó el asalto definitivo a la Premier League. Después, salvó al equipo de manera magistral y el Liverpool se hizo con sus servicios. A continuación fue el turno de Michael Laudrup, Garry Monk y Francesco Guidolin. Los tres mantuvieron en sus respectivas andaduras al club en primera división. Pero de manera paulatina el equipo fue perdiendo en cierta medida ese encanto tan particular. Con nuevos dueños mayoritarios, depositan su confianza en Bradley.

Muchos han criticado o por lo menos dudado de su contratación. La Premier League puede ser un entorno hostil, sobre todo cuando entras por primera vez. Pero hasta los mejores entraron en algún momento por primera vez en la liga de fútbol más seguida del planeta. En esta ocasión se juntan varios factores: el declive general de un Swansea que pelea por no bajar unos años después de ganar la Copa de la Liga y de disputar la Europa League; la llegada de propietarios extranjeros después de la ascensión del club hasta la cima con dirigentes locales; y que el nuevo entrenador comparta nacionalidad con dichos dueños. Jason Levien y Steve Kaplan han apostado por una persona que comparte nacionalidad con ellos. Desembarcaron con Guidolin en el cargo y el primer cambio de técnico que hicieran se iba a mirar con lupa fuese quien fuese el sustituto. El equipo, pese a mostrar signos de mejora, no terminaba de despegar. Y la presión por mantener el presente estatus del club es grande. Bradley no es conocido realmente entre el gran público, lo cual por sí mismo esa una de las principales razones de las que se duda de sus capacidades. Sin embargo, con más de treinta años de experiencia en los banquillos, Bradley llega para demostrar que es capaz de dar resultados en la Premier.

Sus comienzos fueron bastante prematuros. Después de jugar a fútbol a nivel universitario en Estados Unidos no tenía grandes visos de futuro para convertirse en profesional. A raíz de ello decidió pasar con 23 años a la dirección técnica. Se estrenó como primer entrenador de un equipo en 1981, un año después de terminar su andadura como jugador, en la universidad de Ohio con los Ohio Bobcats. Pasó dos años al frente del equipo antes de probar suerte como asistente en el equipo de fútbol de la universidad de Virginia, los Virginia Cavaliers. Un año más tarde regresó a la universidad en la que jugó: Princeton. Con los Princeton Tigers estuvo como entrenador durante once temporadas, ganando dos títulos regionales y llegando en una ocasión a las semifinales nacionales. Tras ello le llegó la llamada de la recién formada Major League Soccer en 1996, doce años tras la desaparición de la última liga profesional de fútbol en el país, la NASL.

Bruce Arena, del que fue asistente en Virginia, confió en él de nuevo para volver a desempeñar dicho rol en el DC United. Ganaron las dos primeras ediciones de la MLS (1996 y 1997). También de Arena había sido asistente brevemente en la selección nacional sub-23 de forma simultánea en 1996. Habiendo ganado las dos primeras ligas, Bradley fue a parar a uno de los nuevos equipos que ingresaban en la liga en 1998: Chicago Fire. Un equipo completamente nuevo como lo era DC United dos años atrás. Para sorpresa de muchos, consiguieron el doblete en su primer año de existencia. Bradley les llevó a ganar la MLS y la Copa, siendo nombrado técnico del año y ganando de nuevo la Copa dos años más tarde. El éxito de Bradley, con un equipo nuevo y pese a no volver a levantar un trofeo en sus dos siguientes (y últimos) años en la "ciudad del viento", le ha llevado a seguir siendo considerado a día de hoy el mejor entrenador de la historia de la entidad. Tras esta etapa, decidió marcharse a los New York Metro Stars, ahora conocidos como los New York Red Bulls. Con éstos, no obstante, no tuvo el mismo éxito. Tres campañas aceptables que terminaron sin ningún título de liga desembocaron en su salida.

Bob Bradley, entrenador de los Chicago Fire, dirige un partido en septiembre de 2000 (Jonathan Daniel /Allsport).

Su siguiente paso le llevó a Los Ángeles, para entrenar en 2005 a un nuevo equipo, Chivas USA. Un buen primer año que les vio alcanzar los play-offs acabó con él aceptando el cargo de seleccionador de Estados Unidos para reemplazar a Bruce Arena. Al frente de la selección tuvo unos reseñables cinco años que posiblemente se siguen infravalorando. A las primeras de cambio, en 2007, ganó la Copa Oro. En 2009, fue subcampeón del mismo torneo con un equipo casi reserva, ya que semanas antes jugaron Copa Confederaciones. Dejó un especial calado aquel torneo al vencer por 1-2 en semifinales a la imparable España. Perdieron en la final ante Brasil por 2-1, pero su papel quedó para el recuerdo. Un año más tarde, en el Mundial 2010 de Sudáfrica, llegaron hasta octavos habiendo ganado previamente un grupo en el que estaba Inglaterra. Bradley se despidió en 2011 quedando subcampeón de la Copa Oro.

Entonces dio un giro de 180 grados a su carrera yéndose a dirigir a la selección de Egipto, lo cual dio pie a la grabación de un documental sobre su andadura en el país de las pirámides. No fue fácil prever este movimiento ya que, además, aceptó el puesto meses después de que comenzasen unos años de gran inestabilidad política y social en el país. Para colmo, semanas después de llegar se produjo uno de los episodios más trágicos de la historia del fútbol egipcio cuando fallecieron 74 personas en un partido de la liga local debido a graves disturbios. A pesar de todo, Bradley no quiso renunciar. De hecho, lideró a un combinado egipcio que firmó una gran fase preliminar de la clasificación para el Mundial de Brasil, el gran y único objetivo que se le había encomendado desde su contratación. Pero pese a ganar su liguilla, la clasificación en África se reduce a cinco eliminatorias a ida y vuelta en el que se decide el quinteto de equipos del continente que acudirán a la gran cita. Se tuvieron que enfrentar a Ghana y cayeron con dureza. Pese a ganar en la vuelta en casa por 2-1, el 6-1 de la ida era insalvable. Para la desdicha de unos jugadores y de un entrenador que habían rayado a un espectacular nivel a pesar de las circunstancias, no pudieron cumplir el objetivo. El contrato de Bradley fue rescindido, poniendo así fin a una fascinante travesía.

Acabado su paso por Egipto a finales del año 2013, lo más fácil tanto por el momento del año como por comodidad era volver a un equipo de la MLS. Pero desde hacía mucho tiempo Bradley quería ir a Europa. De no haberse cruzado la selección egipcia probablemente lo hubiese hecho en aquel entonces. El gran problema era precisamente el momento del año futbolístico. Con todas las ligas más fuertes ya empezadas, la única opción era esperar a que algún puesto quedara vacante. En otra decisión que a todos pilló por sorpresa, firmó por un equipo de una liga que sigue el calendario natural, el Stabaek noruego. "Cuando el Stabaek se convirtió en una opción todo el mundo que sabía algo sobre ellos me dijo que no aceptase la propuesta, que sería una locura", vino a decir Bradley sobre su llegada al Stabaek. El que fuese campeón noruego en 2008 había sufrido desde entonces graves problemas económicos y habían acabado arruinados en segunda división. No obstante, tras volver al primer intento a la Tippeligaen (la máxima división del país) de la mano de jóvenes promesas, convencieron al nativo de New Jersey para hacerse cargo.

A pesar de que muchos les daban por acabados antes de empezar, Bradley demostró su valía dirigiendo al equipo hasta una meritoria décima posición. Sin recursos económicos, tiró de contactos para intentar mejorar la plantilla. Las incorporaciones fueron bienvenidas, pero no pocos coincidieron en que la clave de todo fue su gran desempeño, que le ayudó para revivir también la carrera de un futbolista que se convirtió en crucial: Adam Diomande. El jugador fichó por su actual equipo, el Hull City, cuando en el segundo año de Bradley soñaban con pelear la liga. Aun así, se alzaron con un espectacular tercer puesto que les dio acceso a las rondas preliminares de la Europa League. Bradley convirtió un equipo prácticamente arruinado en un aspirante al título desplegando un fútbol muy rápido y divertido, como apuntó nuestro compañero David Dorado, especialista de fútbol escandinavo, en uno de los podcasts de esta casa.

Habiendo efectuado semejante papel, Bradley sintió que era el momento de dar el siguiente paso en su carrera. A su puerta había llamado el empresario estadounidense Vincent Volpe, propietario del Le Havre, el club más antiguo de Francia. Bradley acudió a la llamada tomando las riendas sólo seis días después de despedirse de Noruega. Nuevamente, no requirió periodo de adaptación ninguno, manteniendo desde su llegada hasta final de curso al Le Havre al borde del ascenso a la Ligue 1. Sin embargo, no fue un final feliz de temporada. Se quedaron a un sólo gol de ascender. El Le Havre ganó 5-0 en la última jornada pero se quedó a un gol de superar al Metz por diferencia de goles. Pese a vender a su estrella, Lys Mousset, al Bournemouth por 7,3 millones de libras, el objetivo este año era ascender. Había sido un arranque aceptable de los chicos de Bradley, hasta que llegó el Swansea con una oferta que éste no pudo rechazar.

A lo largo de todo este camino, se había relacionado a Bradley con numerosos equipos de las máximas divisiones de Inglaterra o Alemania, entre otros. Cierto es que casi nunca fueron serios acercamientos, pero siempre había dado esa sensación de que estaba destinado a entrenar en una gran liga europea tarde o temprano. Y así ha sido, convirtiéndose en el primer estadounidense en entrenar en una de las cinco mayores ligas de fútbol de Europa. Durante toda esta trayectoria, Bradley ha demostrado sus grandes cualidades. Con recursos limitados o en sitios en los que empezaba de la nada ha rayado a un fantástico nivel. Dotado de una personalidad abrumadora, es un entrenador muy versátil que ha sabido sacar el máximo de cada situación con estilos de juego rápidos y bastante entretenidos de ver. En Gales les espera una situación difícil pero tampoco tan desesperada como parece indicar la clasificación. Si bien es cierto que la última victoria del equipo data de la primera jornada, el juego es relativamente bueno. De hecho, parecía ir mejorando con el paso de las semanas. Y de no haberse enfrentado a equipos de arriba (Guidolin fue despedido tras caer ante Manchester City y Liverpool en casa), quizás hubiesen obtenido más triunfos. En su primera rueda prensa al frente el equipo, Bradley, entre otras muchas cosas, hizo alusión al gran nivel de juego que ha caracterizado al club los últimos años y que él quiere recuperar. Porque Bradley sabía que acabaría llegando esta oportunidad. Y ahora, en Swansea, puede demostrar que también es capaz de brillar en la liga más potente del mundo.

Bob Bradley es presentado como técnico del Swansea en octubre de 2016 (Harry Trump/Getty Images).
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