Vieja guardia nunca muere
El balón viajaba por el cielo de campos embarrados, los porteros se dedicaban a parar, los laterales eran menos relevantes, los defensas vivían del tackle y el delantero era una figura parecida a un armario empotrado. La pizarra no era mucho más que segundas jugadas, saques de banda en largo y centros laterales. El fútbol ha seguido un proceso evolutivo: ahora el césped se cuida, las posiciones tienen una percepción distinta, han nacido nuevas ideas y se han modulado otras. Pero en la Premier League hay un bloque duro que se resiste al cambio, La Vieja Guardia.

Desde ya hace algunas temporadas, el fútbol en Inglaterra ha adquirido matices de entrenadores extranjeros. De Pep Guardiola a Jürgen Klopp, pasando por Mauricio Pochettino, Antonio Conte o Rafa Benítez. De miradas muy variadas respecto a la forma de practicar el fútbol. Si bien la cultura británica siempre ha tenido un acentuado tinte conservador, el deporte no iba a ser menos. No obstante, uno de los debates presentes durante el pasado Mundial de Rusia giró en torno a la figura del seleccionador inglés: las fuentes de las que Gareth Southgate había bebido para proponer un estilo de juego muy particular, que a día de hoy sigue reajustando.

La Vieja Guardia son seres mitológicos a los que se les mira con cierto escepticismo. De metodología tradicional y desafiantes de la pregunta de “¿qué significa jugar bien al fútbol?”. Aún en la búsqueda de una explicación racional, siempre están en algún banquillo de la Premier League. Son los Tony Pulis, Sam Allardyce, Alan Pardew, Mark Hughes o Roy Hodgson, capaces de seguir entrenando en una Premier League globalizada y cosmopolita.

Resulta imposible disociar a Tony Pulis de su gorra, las finas gafas y el chándal. Comenzó su carrera como entrenador en uno de los clubes donde jugó, Bournemouth. Como defensa, lo entrenó un sucedáneo como Harry Redknapp. Sin embargo, a los Cherries ahora les dirige un entrenador con una mirada completamente distinta: Eddie Howe, un técnico que escapa a los cánones ingleses más tradicionales.

A Pulis siempre se le ha relacionado con un tipo de fútbol muy particular. En una entrevista a The Guardian reconocía que trata de adaptarse a las posibilidades de su plantilla: “Es lo que he hecho en todos los sitios en los que he estado. He tenido muchos centrales que no sabían ni dar un pase, así que necesitas saber cuáles son tus puntos fuertes para trabajar sobre ellos”. Una de sus mayores hazañas como entrenador la consiguió en el Stoke City, club en el que ha estado más tiempo. Llegó a clasificarlo para la Europa League. No está al alcance de todo el mundo hacer cosas posibles en las frías y lluviosas noches de invierno en Stoke-on-trent. A día de hoy, Pulis lucha por conseguir el ascenso a Premier League con el Middlesbrough.

Los clubes ingleses confían en La Vieja Guardia. Uno de los máximos exponentes de dicha idea es Sam Allardyce. Con más de diez clubes presentes en su currículum, llegó la llamada de la Selección Inglesa. Los Three Lions, que venían de ser eliminador de la Eurocopa por “un país con más volcanes que jugadores” (como definiría Gary Lineker), apostó por la quintaesencia del fútbol británico. 67 días después, con tan solo una victoria en un partido disputado, la FA destituía a Allardyce tras verse involucrado en una trama de corrupción de fichajes. Sin embargo, apenas tres meses después de ser despedido de la selección, Big Sam volvió a encontrar asilo, esta vez en Selhurst Park.

Da igual el tiempo que pase o cual sea su trayectoria: Allardyce siempre encontrará un banquillo que ocupar. (Bryn Lennon/Getty Images)

El Crystal Palace se ha decantado durante los últimos años por entrenadores similares en cuanto a ideología a Allardyce. Desde 2013, Tony Pulis, Neil Warnock, Alan Pardew o Roy Hodgson -técnico actual- han pasado por el banquillo de las águilas. Por este motivo, la apuesta en verano de 2017 por Frank de Boer no podría terminar en un término medio: o triunfaba o explosionaba. El Palace no tuvo ni tiempo ni paciencia con el entrenador holandés, que trató de imponer su mirada, antónima a la de los entrenadores con un paso más reciente por el banquillo londinense, pese a tener material suficiente como para desarrollarla. Aunque superó por días la estancia de Allardyce con los Three Lions -estuvo diez más- el despido estuvo justificado: su equipo no anotó ni un solo gol.

La resistencia de los banquillos no siempre ha ganado adeptos. Tras un 0-0, José Mourinho, que entonces entrenaba al Chelsea, tachó al inglés de practicar “un fútbol del siglo XIX”. A lo que Allardyce, técnico del West Ham en aquel momento, respondió con un: “Me importa un pimiento. ¡Mala suerte, José!”. Sin equipo, pero con voz como comentarista, Big Sam criticó que se tratara a los británicos como “entrenadores de segunda clase” y criticó que “la Premier League se ha convertido en una liga extranjera en Inglaterra”. Y, aun así, pese a las nuevos idearios que visitan las islas, Howe y Sean Dyche -con sus similitudes y, a la misma vez, cientos de diferencias- se van asentando y erigiendo su estatus.

Hipotecamos el presente sin pensar en el largo plazo. ¿Es capaz La Vieja Guardia de dirigir un proyecto estable? Aunque se les contemple como elementos contraculturales, hubo una época en la que ellos marcaron las pautas, quienes empezaron a escribir el camino con una pluma que ha ido perdiendo la tinta. Pero La Vieja Guardia nunca muere. Y siempre vuelve.

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