Wazza, el último acorde
Es hora de mirar hacia delante. Trece años más viejos, Wayne Rooney y el Manchester United zanjan un camino en el que lo han ganado todo. Con la marcha del delantero se va el último gran símbolo de los Red Devils triunfadores, y el pasado queda cerrado bajo llave con sólo el futuro por delante.

Dicen que lo bueno pasa rápido, lo malo se hace largo y la única manera de enfrentarlo es disfrutar del camino. Wayne Rooney contempló el pasado 24 de mayo a su afición celebrando el título de Europa League con el adiós ya grabado en la mirada. Él era la nota final de la sinfonía de Sir Alex Ferguson y la clausura de la obra quedaba en sus manos: tan importante es lo conseguido como saber marchar a tiempo. Con la despedida de Wazza, el pasado ya es pasado y el círculo se cierra para mirar hacia delante.

Los bandazos del Manchester United desde que Ferguson se despidió de Old Trafford han erosionado al club, que ha esquivado la crisis con triunfos menores ganados más con el escudo que con juego. José Mourinho, en su papel de resucitador, es de los que saca el mazo y moldea el proyecto hasta esculpirlo a su imagen. A cambio, su palmarés es la promesa de éxito inmediato. Aunque a un equipo de la magnitud de los Red Devils le cueste digerirlo, la era posterior a Sir Alex ha sido y sigue siendo una reconstrucción. Ni David Moyes era digno sucesor ni el grupo que formaron Paul Scholes, Ryan Giggs, Rio Ferdinand, Cristiano Ronaldo o Rooney iba a durar para siempre: nadie supo amortiguar la caída aunque el giro se pronosticara inevitable y drástico. Con la marcha del delantero inglés, sólo queda Michael Carrick como guardián del aura fergusoniana que dominó Europa. Pero tal ha sido el calado histórico de la trayectoria de Roo, que no hace falta esperar a que se retire Carrick para afirmar que los tiempos han cambiado.

Wayne Rooney celebra su famoso gol en el derbi ante el Manchester City (OLI SCARFF/AFP/Getty Images).

El futuro es una incógnita en la parte roja de Mánchester: ahora toca renovar a sus ídolos. Mientras los hombres que llenaron las vitrinas con títulos nacionales y la tercera Copa de Europa se iban apagando, nadie ha tomado el relevo en el puesto de mando. Old Trafford necesita estrellas que representen al United tanto como el diablo del escudo.

Quienes se emocionaron con Ángel Di María tardaron sólo un año en verlo partir. Hubo quien pensó que Depay sería el nuevo wonder kid, y hoy a un mancuniano Memphis le suena más a ciudad estadounidense que a jugador de fútbol. Anthony Martial despertó en algunos el sueño de hacerse con el nuevo Thierry Henry, pero la comparación ha acabado siendo una ofensa al legado de Tití. Zlatan Ibrahimović, a pesar de su carisma y talento descomunales, sólo ha sido un recurso de una temporada mientras sigue regateando como puede sus ya pesados 35 años. Aunque haya pasado su última temporada más tiempo en el banquillo, Rooney era aún capitán y referencia. El recuerdo de lo bonita que era la vida antes de empezar a levantar por obligación una casa nueva. La unión estaba abocada a su final: apelar a la gloria con un jugón en decadencia no es propio de la dimensión de la entidad inglesa.

A fin de cuentas, Wazza se ha convertido en sus trece años como Red Devil en un símbolo. Ha encabezado al Manchester United coetáneo de los transformados Manchester City y Chelsea, mastodontes capaces de aguantar el pulso con músculo financiero. Ambos se convirtieron en sus mayores rivales, pero los diablos, con Rooney en primera línea, suavizaron la rebelión con cinco ligas. Es un icono de la resistencia del club ante los intentos de destronamiento, de la pugna por Mánchester –su tijera en Old Trafford en el derbi de 2011 es historia de la ciudad– e incluso de la guerra con el Liverpool. ¿O acaso hay algo que Anfield odie más que un criado en el Everton, icono del Manchester United y ahora retornado a Goodison Park?

En Old Trafford deja el récord histórico de 253 goles en 559 partidos, un repóquer de ligas, una Champions League, un Mundial de Clubes, una FA Cup, tres League Cups, una Europa League y cuatro Community Shields. Vuelve al hogar en el que todo ha cambiado, a la caza de retos renovados. Porque de rojo no le ha quedado nada pendiente en la cuenta. Simplemente el Manchester United y él ya no se necesitan más.

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