David Dorado Díaz

Previa 2017-18: Tottenham Hotspur

El Tottenham arranca una temporada vital en su historia. Los Spurs convertirán Wembley en su hogar durante los próximos nueve meses con el objetivo de convertirlo en un fortín que les permita estrenar el nuevo White Hart Lane con un billete para la Champions League.

Empieza la cuarta temporada de Mauricio Pochettino en los Spurs con una importante diferencia respecto a las anteriores campañas. El estadio de Wembley será el terreno de juego donde el club londinense disputará sus partidos como local, ese mismo estadio donde el técnico argentino suma solo una victoria y un empate en los seis partidos oficiales que ha disputado. Una variable que se antoja tan decisiva como lo fue White Hart Lane, aunque en diferente signo, durante la temporada anterior, donde solo se escaparon cuatro puntos en sendos empates frente a Liverpool y Leicester. Los otros dieicisiete duelos ligueros del Tottenham en casa se saldaron con victoria local.

Quizás ese sea el principal argumento para pensar que el Tottenham no podrá pelear por un título que ha rozado los dos últimos años, pero que dos fenómenos tan dispares como el de los sorprendentes Foxes y el robusto Chelsea le negaron. Pero eso mismo fue lo que muchos pensaron cuando se escapó el título la primera vez y fue entonces cuando los chicos de Mauricio dieron un paso más. Los Spurs han conseguido juntar al que seguramente sea el mejor once del país.

Hugo Lloris parece haber encontrado en la pareja de centrales belgas Toby Alderweireld y Jan Vertonghen a los argumentos perfectos con los que minimizar sus «famosos» errores. La polivalencia de Eric Dier permite una variedad que Victor Wanyama y Mousa Dembélé aceptan con tal de tener el balón. Los laterales cubren toda la banda sin problemas, mientras que la movilidad de los mediapuntas tienen su acelerador en un Christian Eriksen que ha conseguido dar el paso adelante, en forma de regularidad, que muchos le exigian. Algo que habrá aprendido del que es ahora mismo el símbolo del club, una bestia competitiva llamada Harry Kane que suma goles y botas de oro a un ritmo que no se había visto anteriormente, exceptuando si preguntas en St. James’ Park o en Ewood Park por un tal Alan Shearer.

Un bloque tan competitivo como el que han logrado formar en el norte de Londres está encontrando el primer problema durante el mercado estival. Y es que el dueño Daniel Levy está siendo incapaz de firmar a alguien que logre sumar a la plantilla y que no tenga que salir por la puerta de atrás como, por ejemplo, Clinton Njie, traspasado al Olympique de Marsella tras haber sumado solo ocho partidos de liga en su etapa en Londres. Con evidentes carencias a nivel de plantilla, quizás una de las claves que les ha impedido poder levantar algún título, los Spurs parece que terminaran completando su banquillo en el “Levy Time”, es decir, en la recta final de mercado. La primera pieza en llegar debería ser la que cubra la baja de Kyle Walker, traspasado al Manchester City por la asombrosa cifra de 50 millones de libras.

Porque la presencia de Kieran Trippier parece asegurar un lateral de unas características similares a las de su predecesor, pero en caso de lesión -algo probable analizando casos similares en el pasado- no habrá nadie con la experiencia suficiente para que el equipo no se resienta. Ahora mismo, el canterano Kyle Walker-Peters (sin relación alguna de parentesco con el ya exjugador del club) es el único recambio para Trippier.

Algo similar podría pasar en el mediocampo, donde Dembélé tiene a un jovencísimo Harry Winks a sus espaldas, pero pese a sus buenas actuaciones se antoja un sustituto demasiado frágil para el nivel de excelencia donde se encuentra el equipo. Algo que tal vez Ross Barkley, el principal objetivo del verano, podría remediar pese a no ser enteramente su posición. Ronald Koeman ya ha hecho público que el jugador inglés no quiere seguir en el Everton, así que solo es cuestión de llegar a un acuerdo con el precio.


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Y es que el gran punto de apoyo de Pochettino cuando aparecen las criticas por su reducido número de jugadores disponibles son los jóvenes. La academia Lilywhite tiene la suerte de tener a un encargado sin miedo a darles oportunidades a los chicos que surgen de la cantera. Este año está destinado a observar un repunte en el crecimiento de los canteranos después de que exhibiera síntomas de menguar durante la temporada anterior. Las actuaciones del ya mencionado Kyle Walker-Peters y de Josh Onomah (cedido al Aston Villa para continuar su progresión como organizador) durante la Copa del Mundo sub-20 han confirmado que Kane o Danny Rose pueden tener continuidad con esos chicos junto al central Cameron Carter-Vickers cuando les llegue el momento de dar un paso adelante.

Mientras tanto, parece esencial que las lesiones respeten a las piezas clave ante la escasa profundidad de la plantilla, que es justamente una de las ventajas (además de la no participación en Europa) que tuvo el campeón Chelsea el curso pasado. Las ausencias de Kane -por dos veces-, Alderweireld, Erik Lamela o Danny Rose fueron esquivadas con éxito gracias al resurgimiento de un Heung-Min Son tras sufrir el síndrome del primer año o un Ben Davies que cumplió con un rol algo diferente al que sus cualidades parecían permitirle optar. El surcoreano anotó 14 goles y dio seis asistencias en una temporada en la que, además, dio muestras de su polivalencia, ocupando tanto las bandas como la posición de falso nueve ante la ausencia de Kane. Davies, por su parte, cumplió con creces tanto en el lateral como en el carril izquierdo.

Y quizás este año se exija lo mismo de actores secundarios como Vincent Janssen o Georges-Kévin N’koudou que apenas aprovecharon las oportunidades en el año de su debut. Porque no todos los años Pochettino podrá adaptar a su equipo a cambios tan apropiados como el paso al 1-3-4-2-1, un sistema que permitió potenciar el rendimiento de varias piezas claves como los carrileros o Eriksen hasta resultar casi imbatibles durante varios tramos de la temporada.

Aunque si este equipo tiene un punto negro -Wembley aparte-, ese es el momento de salir a competir a Europa. Donde equipos como Bayer Leverkusen, Borussia Dortmund o Gent han sacado los colores al Tottenham, tirando por la borda buena parte del mérito logrado en las competiciones locales.

Así es como los Spurs afrontan una nueva temporada clave para el futuro. Porque sin el nivel económico de sus rivales, al menos hasta que estrene su flamante nuevo estadio, sus estrellas parecen estar en el punto de mira de los grandes y sin Champions League, todo el castillo de naipes podría derrumbarse. Todo el club, desde Levy hasta Pochettino, es consciente de la importancia de estrenar el nuevo estadio con un billete para la Champions League bajo el brazo. Quizás por eso, este equipo empezará el año mirando a la cuarta plaza para seguir el guión de otras temporadas soñando con un final feliz que parecen estarse ganando año tras año.


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David Dorado Díaz