Andrés Weiss

West Auckland, los primeros campeones del mundo

La historia suele elevar al culto a los grandes, y olvidarse de los primeros. Los ‘mineros’ de West Auckland se fueron a Italia a principios de siglo XX y han permanecido en la oscuridad. No así para sus aficionados, que afirman con orgullo ser los primeros campeones del mundo.

 

 

Lock and Stock es una película de culto. Para los amantes del fútbol inglés, por la acertada aparición de Vinnie Jones como matón secundario, para los amantes del buen cine británico, por ser el filme que lanzó al estrellato a Guy Ritchie, y para los amantes de las películas en general. Hay un detalle que realza el nivel medio de la película: la buena caracterización que hace de la sociedad británica de finales de los 90. Decir que el Imperio Británico se construyó a base de tazas de té, y que no pueden ir a la guerra sin él. Es decir, hacer pivotar tu vida alrededor de la caliente teína, que reina en Inglaterra desde el siglo XIX. Todo, por culpa de Sir Thomas Lipton.

Hasta el año 1890, el té era una bebida de aristócratas, de la burguesía. Por su alto precio, mayormente, debido al coste de los intermediarios, y por las costumbres reinantes en la demografía inglesa. Pero Thomas Lipton, que todavía no había sido nombrado “señor”, cambió el paradigma del té en Inglaterra de forma radical. Comprando personalmente una plantación en Sri Lanka, abarató costes y lanzó una campaña atrayente y vinculante con la clase baja, generalizando el uso de esta bebida como la bebida popular de toda la sociedad inglesa por igual. Algo, por cierto, que se le daba muy bien. El marketing y la publicidad.

Como pequeño impás en forma de anécdota, hay que mencionar cómo en 1881, con su imperio de supermercados Lipton al alza, consiguió enganchar a toda la ciudad de Glasgow a uno de sus escaparates, en el que exponía el queso más grande del mundo, habiendo incluído monedas de oro en su interior y provocando que la gente se volviera loco por comprarlo. Su vida, como se puede imaginar, es una locura. Natural de Glasgow, acabó dando a parar en Italia a finales de la década del 1900, siendo nombrado Caballero comendador de la Corona Italiana por todos sus logros. El “antes” no es importante, pero sí el “después”. Porque como agradecimiento, Sir Lipton decidió organizar y patrocinar un torneo internacional de fútbol en Italia, fabricando un trofeo que sería entregado permanentemente al ganador una vez consiguiera hacerse por segunda vez con la victoria. Una condición extraña, pero que se cumplió a rajatabla. Aunque ya llegaremos a eso más tarde.

El torneo, para que estuviera a la altura del legado aventuresco y emprendedor de Lipton, debía ser internacional. Y debía involucrar a equipos del más alto nivel. Así fue como el Stuttgarter Sportfreunde alemán, el FC Winterthur suízo y un once formado por jugadores de la Juve y del Torino fueron invitados para participar. Y por ser de las islas, un equipo inglés debía tomar parte del campeonato. Pero cuando se le planteó a la FA enviar un equipo en representación del país, esta se negó a participar en ello. El torneo siguió de igual forma. Y el West Auckland FC, del condado de Durham, en las cercanías de Newcastle, Sunderland y Middlesbrough, es invitado para jugar. Se celebrará en abril de 1909. En plena semana santa.

Cómo llegó el West Auckland a participar, siendo un humilde equipo de la Northern League que no destacaba demasiado, pues había rematado la temporada 1908/09 en 10º puesto -siendo 12 equipos-, es una pregunta muy acertada. Para su respuesta hay distintas teorías, pero ninguna da una respuesta completamente acertada. Al menos, que se sepa.

Hay quien cree que Sir Thomas Lipton le pidió a su asistente que invitara al “W.A.” para participar en el torneo, y hubo un grave malentendido. El W.A. puede ser el West Auckland, pero se cree que era el Woolwich Arsenal, como se conoció al Arsenal hasta 1914, que había llegado a las semifinales de la FA Cup en 1906 y 1907 y había ascendido recientemente a la First Division. Otra teoría es que escogió al West Auckland por su cercanía con Escocia al jugar en la Northern League, y al ser el propio Lipton escocés. Aunque deja dudas por el rendimiento mediocre del equipo en la competición. Una tercera opción es que uno de los árbitros que dicta sentencia en esta competición era un trabajador en Lipton, y que propuso una invitación en la liga y el West Auckland decidió dar un paso al frente. Sea como fuere, ellos fueron los elegidos. Tenían que costearse un viaje del norte de Inglaterra al norte de Italia. Unos 1600 kilómetros actuales, con los trazados ferroviarios de hoy en día. Entonces, puede que fuera incluso la misma extensión, pero tus huesos y tu mente lo sentían el triple.

Algunos vendieron parte de su mobiliario, pidieron préstamos, y hasta tuvieron que dar anillos de boda o compromiso en los Cash Converters de entonces. Estaban invirtiendo toda su vida, literalmente, en un viaje histórico. Iban a ser el primer equipo inglés en hacer un tour por Italia. Así es como, nada más salir de la mina -pues el “combinado inglés” estaba formado por trabajadores del carbón– se suben a un tren que les lleva hasta Dover, de ahí van en barco hasta Calais, de ahí en tren nuevamente hasta Turín y finalmente el día 11 de abril, juegan el primer encuentro.

En esa expedición iban Jimmy Dickinson, Rob Gill, Jack Greenwell, Rob Jones, Tom Gill, Charlie «Dirty» Hogg, Ben Whittingham (o Whittington, depende de a quién leas), Douglas Crawford, Bob Guthrie, Alf «tot» Gubbins, Jock Jones, Tucker Gill,  MSC (Sidney) Barron, que era el Secretario del equipo, y Dave “Ticer” Thomas, capitán del conjunto y abuelo a la postre del Dave Thomas, leyendas leyenda en el QPR y fue hasta en 8 ocasiones con la selección inglesa. En su primer encuentro ante el conjunto de Stuttgart, vencen por 2 tantos de Whittington (o Whittingham) y Dickinson. Entonces avanzan a la final, que se celebrará al día siguiente, y en la que también derrotaron, en esta ocasión por 2 a 1, al Winterthur suízo. Con goles de Rob y Jock Jones, de los que no hay constancia de un parentesco, aunque podría ser que sí. Así vuelven a casa tras haberse convertido en unas nuevas celebridades de la zona.

Pero tendrían que regresar para poder quedarse el trofeo de forma definitiva. Tal y como sucede en 1911, cuando vuelven a embarcarse en una aventura interminable y vuelven a Turín, para confirmarse como campeones. Esta vez sí, con un equipo enteramente formado por jugadores del club. Y si bien las fechas del viaje, y de las semifinales, están difusas, siguiendo el ejemplo de lo sucedido en 1909 -partidos en el segundo fin de semana de la Semana Santa-, y que la final se disputó el 17 de abril, lunes santo, se puede intuir que llegaron el día 15 a Italia y el 16 comenzaron la competición. Esta vez, contra equipos diferentes.

Llegaba el FC Salzburg de Suiza, que hoy en día mantiene su estatus de club importante en el país helvético, y junto al West Auckland tendrían a la Juventus -o Juventers para los ingleses- y al Torino como dobles anfitriones. Haciendo frente a los de Salzburgo en su semifinal, los derrotaron sencillamente con un nuevo 2-0 a su favor, lo que les dejó solos ante el peligro, debiendo echar por tierra todas las esperanzas que la Juventus tenía de resarcirse de su derrota dos años atrás. Pensando, además, que lo que habían logrado los ingleses había sido de auténtica casualidad y no había forma de que lo repitieran, y que la Juve no ganara ese partido. Y cuando menos se lo esperan, reciben el golpe de gracia definitivo. Y van 6 abajo en el marcador, con un auténtico set limpio y sin paliativos en contra. Pudiendo hacer al final su primer tanto en un córner aislado, para elevar un poco su honra. Pero no cabe duda. El West Auckland es, con todo merecimiento, el primer campeón del mundo. Sin comillas que valgan. Y, por tanto, el trofeo les es entregado de forma permanente. Y retornan a casa.

La vuelta a Inglaterra fue complicada. He aquí una nueva intrahistoria a la consecución de su hazaña, si es que faltaban detalles legendarios. Cuando vuelven se dan cuenta de que la copa ha desaparecido. Les han robado. Y estando en la más absoluta bancarrota, “Mr Lanchester”, el dueño del edificio que era la sede del club, les presta 40 libras para seguir a flote. En dinero “actual”, más de 3500£. Con el tiempo, recuperan el trofeo -al menos una réplica verificada por Sir Thomas Lipton-, pero la deuda con el señor Lanchester no ha sido saldada, así que este aceptó el trofeo, su único bien y el más preciado, como salvaguardia de estas 40 libras. Permaneciendo de esta forma en la red familiar hasta que, en noviembre de 1960, el West Auckland peleó por recuperarlo.

Enviaron un convoy a casa de la viuda, en Liverpool, y aceptaron sin dudarlo un segundo la oferta que esta misma les planteó para su compra, de 100 libras. Y tras reunir el dinero, el trofeo volvió a casa, casi 50 años después.

Una historia que aún ha tenido añadidos posteriores, con el West Auckland enfrentándose a uno de los filiales de la Juventus en abril de 2009, rememorando el 100 aniversario de un hito histórico para todo el fútbol inglés. Un viaje, eso sí, esta vez subvencionado por la FA. El ser humano, a veces, no es el torpe animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Aunque en otras ocasiones sí se convierte en el primer conjunto en ganar la copa del mundo. Y en mostrarlo de forma orgullosa en los carteles de entrada a la ciudad. West Auckland, un pueblo de campeones, le pese a quien le pese.

 

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Andrés Weiss