Toño Suárez

El Arsenal saca petróleo en el Emirates (3-1)

Los de Wenger, faltos de ambición e intensidad en gran parte del encuentro, acabaron goleando a un Norwich que se limitó a defender el resultado inicial. Los Canaries se adelantaron en el primer tiro a puerta. Un discutido penalti abrió la puerta de la remontada de los Gunners.

 

Premier League

Arsenal 3
Norwich 1
Ficha técnica
3 – Arsenal: Lukasz Fabianski, Bacary Sagna (Oxlade-Chamberlain, 81), Laurent Koscielny, Thomas Vermaelen, Kieran Gibbs, Mikel Arteta, Jack Wilshere (Walcott, 60), Aaron Ramsey, Santi Cazorla, Gervinho (Podolski, 60), Olivier Giroud.
1 – Norwich: Mark Bunn, Russell Martin, Sebastien Bassong, Michael Turner, Steven Whittaker, Jonathan Howson, Bradley Johnson (Fox, 61), Alexander Tettey (Jackson, 91), Robert Snodgrass, Kei Kamara, Grant Holt.
Goles: 0-1, m.56: Turner. 1-1, m.85: Arteta (p.). 2-1, m.88: Giroud. 3-1, m.90+2: Podolski.
Soy muy fan de Wenger. Quizá sea ya el único que le quede pero siempre fui muy fan de ir a contracorriente. Cuando lo vi tan serio y cejijunto antes del inicio del encuentro, algo me dijo en mi interior que la cosa no iba bien, tal es nuestra compenetración espiritual. Cierto es que Arsène no es mucho de reírse. Risueño el muchacho no es, para qué nos vamos a engañar. Pero ese ceño fruncido y la batalla que sostenía con la cremallera de su chilaba, chaleco salvavidas hasta los tobillos, que por más que porfiaba con ella no quería subir, me hizo pensar que la cosa iba a acabar en tragedia. Casi fue así.
 
Para alguien que no haya visto el partido y solo reciba la información del resultado, la idea que tendrá será que el Arsenal ganó bien y con contundencia al Norwich. Un 3-1 es un resultado que refleja cierta solvencia y una cierta superioridad. Nuestro despistado seguidor también sacaría la conclusión de que un partido con cuatro goles no ha podido ser menos que un encuentro trepidante, una hemorragia incontrolada de testosterona en el campo, un no parar. Un vivo sin vivir en mí, vamos. Estaría en el mismo error que cometería el espectador casual, ese que está de paso y ni sabe, ni conoce ni le importa un pimiento el desarrollo de la Premier. Pensaría, en ese ratito que aguantaría delante de la pantalla, antes de que el pulgar de su mano derecha le trasladara a otra experiencias televisivas, que los dos equipos que tenía ante sus narices nada se jugaban en el envite, que estaban allí porque tenían que estar pero que seguro les apetecería estar en otra parte. Tal era la indolencia.
 
Y es que el Arsenal se jugaba en el choque de hoy, para información del despistado del ágil pulgar, no descolgarse de los puestos que dan acceso a Liga de Campeones, exigua aspiración para el otrora campeón, aunque en estos tiempos de crisis que corren un billete de ida para la máxima competición europea de clubes no es presente baladí. El Norwich, por su parte, quería pescar algo en Londres para seguir conservando ese pequeño colchón de puntos que, de momento, le alejan de terrenos pantanosos. Y estuvo a punto de conseguirlo.
 
Gran parte del partido la posesión del balón fue para los de casa, aunque no sabían qué hacer con él. No había intensidad, no había intención. Toque descafeinado, cochinero, ramplón. Los defensas del Norwich, ante esta situación, estaban encantados de conocerse, solventaban sin ninguna dificultad los desordenados ataques de los locales y hasta se permitían el lujo en ocasiones de salir con el balón controlado para intentar montar alguna contra. Cierto es que no lograron culminar ninguna ni llegaron a molestar en ninguna ocasión a Fabianski que se pasó gran parte del encuentro sin tocar un solo balón.
 
Solo Cazorla y Sagna intentaban ser verticales, atacar, jugar al fútbol. Un centro del campo formado por Cazorla, Arteta y Wislhere suena muy bien, en principio, pero solo el asturiano demostró una vez más que, junto con su paisano del Swansea Michu, han sido los mejores fichajes este año de la Premier League si tenemos en cuenta la relación calidad-precio. El juego de Arteta es más oscuro, más de contención, es ese esfuerzo tan apreciado para los entrenadores como poco vistoso para los espectadores y Wilshere, entre que sale de una lesión y el trabajo que hizo Tettey sobre él muy poco pudo demostrar. El de Lugo de Llanera y el francés se echaron el equipo a la espalda, ayudados por un muy correcto Giroud que intentaba culminar los centros de su compatriota desde la banda. En la primera parte no hubo suerte pero ellos tres fueron las únicas balas del cañón gunner. El Norwich seguía cómodo en el partido, el Arsenal no inquietaba demasiado, el empate no era malo y siempre hay la posibilidad de meter un gol en una jugada a balón parado…
 
Entre murmullos del respetable, algún que otro bostezo, con nuestro espectador de gatillo fácil a distancia y el despistado en otros menesteres ya hacía tiempo, el partido llegó al descanso. Miradita en la nevera a ver si hay algo más que telas de araña, un paso rápido por dependencias reservadas para “cambiarle el agua al canario” (el águila real lo llaman los que se ponen más míticos con el evento), nueva miradita en la nevera a ver si se ha producido el milagro de los panes y los peces en su interior y al sofá de nuevo.
 
Y es que el milagrero no estaba para llenarme a mí la nevera porque se había ido a Londres, el muy truhán, a hacerle un trabajito fino al Norwich. En el 56, Snodgrass sirvió al corazón del área un balón de falta, tocado, fantástico que hubiera sido un pecado que no hubiera acabado en gol. Así lo pensó también Turner que, después de llevarse con el cuerpo a los dos centrales locales, conectó soberbio testarazo que acabó en la mallas. Fue la primera vez en el partido que las manos de Fabianski entraron en contacto con el balón: para recogerlo de entre las mallas.
 
Mi amigo Arsène no entraba ya en su chilaba. Mojado como un pollo por la fina lluvia que caía en Londres, tocó a rebato más que nada porque no le quedaba otra. ”Mejor eso que la tocata y fuga de la Champions”, debió pensar y sacó al campo a Walcott y a Podolski por el desaparecido Wilshere y el cómico Gervinho.
 
La cosa empezó a cambiar. Si el Norwich estaba atechado con el empate con la victoria se sintió más a gusto aún y el Arsenal siguió haciendo lo mismo, pero un poco más rápido. En el 78 y tras un pase de pecho en el área de Giroud, Podolski reventó el balón contra el larguero, mano salvadora de Bunn mediante.
 
En el 82 todo el Emirates respiró cuando el juez de línea avisó al colegiado que Camara se quería quedar con la camiseta de Giroud antes de que acabara el partido y que consideraba, por tanto, que eso era penalti. El árbitro no pudo estar más de acuerdo con su colega y señaló el punto fatídico entre las protestas de jugadores y cuerpo técnico del Norwich. Arteta se encargó de transformar el penalti, empatar el encuentro y comenzar de esa manera con los minutos locos del partido.
 
En el minuto 87 combinación de Cazorla con Chamberlain que se va como un tiro hacia el área, pared con Podolski y centro al área pequeña que Giroud se encargó de transformar en el 2-1. Un jugadón para confirmar la remontada. Hasta Arsene rió.
 
Faltaba aún la guinda al pastel y Walcott, en fuera de juego, sirvió un balón a Podolski que golpeó con violencia al fondo de la red. Era el minuto 91. Partido finiquitado pese a que hubiera aún seis de descuento.
 
Flojo partido del Arsenal pese a la victoria y el Norwich que se puede meter en problemas si sus perseguidores puntúan en sus partidos. Aún queda mucha tela por cortar.
 

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Toño Suárez