Toño Suárez

El Bayern no hace prisioneros en el Emirates

El Arsenal culmina su semana horribilis tras la eliminación de FA Cup a manos del Blackburn Rovers con una penosa actuación en Europa. El Bayern solo necesitó seis minutos para sacar a los británicos del partido. El equipo de Wenger se aleja del único título que aún podía conquistar.

 

Champions League

Arsenal 1
Bayern Múnich 3
Ficha técnica
1 – Arsenal: Wojciech Szczesny, Bacary Sagna, Per Mertesacker, Thomas Vermaelen, Laurent Koscielny, Aaron Ramsey (Tomas Rosicky, 71), Lukas Podolski (Olivier Giroud, 71), Jack Wilshere, Mikel Arteta, Santiago Cazorla, Theo Walcott.
3 – Bayern Múnich: Manuel Neuer, David Alaba, Philipp Lahm, Dante, Daniel van Buyten, Franck Ribéry (Arjen Robben, 63), Toni Kroos (Luiz Gustavo, 73), Javi Martínez, Thomas Müller, Bastian Schweinsteiger, Mario Mandzukic (Mario Gomez, 78).
Goles: 0-1, m.7: Kroos. 0-2, m.21: Müller. 1-2, m.55: Podolski. 1-3, m.77: Mandzukic.
Aún recuerdo aquellos tiempos en los que pasarse una tarde metido en una tienda de discos me producía un placer sin límites. Tardes revolviendo en el cajón de los LP’s de saldo, más por lo exiguo del presupuesto que por otra cosa, con alguna que otra aproximación a los estantes que contenían los últimos éxitos del momento, solo para mirarlos, como aquel que babea delante del escaparate de la pastelería sabiendo que no habrá posibilidad humana ni divina de saborear uno solo de aquellos manjares que allí se exhiben, todos dulces y voluptuosos ellos. Gracias a mi forzada afición a los discos de saldo desarrollé un sexto sentido para adquirir grandes vinilos a precio razonable, no porque conociera a los intérpretes, ni mucho menos, sino por una depurada y patentada técnica que consistía en cuantificar lo que me gustaba la portada del disco: cuanto más arriba estuviera en mi escala perfectamente regulada, mejor era el disco: grandes fracasos contemplan mi estudiada maniobra, no os voy a engañar, aunque, para ser justos, algún éxito avala mi sistema.
 
Si convenimos que la Champions League es una inmensa tienda de discos (dadme ese capricho), el envoltorio que cubre un Arsenal-Bayern de Múnich es más que apetecible. Quizá no estaría en el estante de los grandes acontecimientos pero sí en el cajón de las “series medias”, lugar donde se encontraban artículos bastante apreciables, sin duda. Pero, una vez más, mi método de la portada fantástica me ha traído otro fracaso: igual es hora ya de dejarlo en el olvido.
 
El partido comenzó bien: el Arsenal, ejerciendo de equipo local, empezó tocando el balón con cierta soltura, combinando con sentido y acabando jugadas con centros de Santi Cazorla y Theo Walcott desde la banda derecha. Esos primeros minutos nos mostraron también a un Bayern valiente, arriba, presionando, haciendo dudar a los que pensábamos que se encerraría y cedería el peso del balón al Arsenal para luego, salir a la contra. La portada del partido se veía hermosa.
 
Pero solo fue la primera canción. Cinco minutos tardó el Bayern en desnudar al Arsenal y acabar con el partido. La primera de las muchas subidas por banda a lo largo del encuentro que protagonizó Philipp Lahm acabó en un centro a la frontal que, de media volea con bote de por medio, acabó en la mallas de Szczesny, impulsada por Toni Kroos. El Bayern se adelantaba y el Emirates enmudecía.
 
A partir del ahí, los alemanes asaltaron el feudo inglés, perfectamente asentados en el césped: Schweinsteiger y Javi Martinez barriendo balones, ahogando al centro del campo del Arsenal y repartiéndolos a Ribéry, fantástico, Müller, omnipresente, y Kroos, estelar. Plenos de potencia, colocación y finalización, los chicos de Jupp Heynckes querían demostrar que una eliminatoria de Champions se puede cerrar en el partido de ida y que, a veces, el factor campo atenaza más a los locales que a los foráneos. El Arsenal, mientras tanto, como decía el llorado Antonio Vega, persiguiendo sombras.
 
Alguien dijo una vez que las cosas siempre son susceptibles de empeorar y así fue cuando, en el minuto 20, Van Buyten remató en carrera, viniendo desde atrás al primer palo, un córner cedido por el conjunto local. Szczesny repelió como pudo el cabezazo pero dejó muerto el balón en el área pequeña, que fue rematado a bocajarro por Müller poniendo el 0-2 en el luminoso. La sensación de que una sonrojante goleada se aproximaba empezaba a planear por el Emirates.
 
El monólogo del Bayern continuaba dejando al descubierto las vergüenzas del Arsenal, un equipo anímicamente hundido tras los últimos fracasos en las competiciones domésticas, con sus figuras desaparecidas en combate y con una dirección en el banquillo que, poco a poco, parece que ya no encuentra soluciones. Gracias Wenger por el pasado pero vete ya dejando hueco para el futuro. Una y otra vez, como un martillo pilón, Kroos y sus compinches ponían el corazón en un puño a una afición gunner que ya empieza a estar para sopitas, leche caliente y no para emociones de este tipo. Poco antes del descanso estuvo a punto de llegar el 0-3 pero el balón salió rozando el palo izquierdo de Szczesny tras remate de Mandzukic. El Arsenal necesitaba una tregua y el árbitro se la concedió señalando el final de la primera parte.
 
Igual fue porque Wenger leyó la cartilla a los suyos en el descanso o porque el Bayern bajó el pistón de su exigencia pero la segunda parte comenzó con un Arsenal distinto, con la vergüenza torera en modo “on”, más enchufado. Y si no lo estaba, Manuel Neuer se encargó de echarle una manita al espectáculo y al Arsenal en el minuto 54 con uno de sus ya míticos altibajos: un portero capaz de lo mejor y lo peor, carente de esa sobriedad que se les supone a los guardametas de los equipos de la alta sociedad. Esa salida a por uvas del alemán tras un córner botado por los locales permitió a su compatriota Podolski hacer el 1-2, resucitar una eliminatoria que estaba en coma y dar un poco de oxígeno a un Wenger al que ya empezaba a no correrle la sangre por las venas. De Neuer a Podolski, todo queda en casa y tiro por que me toca.
 
El Bayern despertó de su momentáneo letargo tras el regalo al adversario de su cancerbero y volvió a pisar un poco el acelerador volviendo a tomar el mando del partido: esa pequeña cabezadita que se había echado al volante le había salido bastante cara. El Arsenal volvió a su estado inicial, es decir, perseguir alemanes por el Emirates. Es cierto que le pudo salir muy caro al conjunto bávaro no haber cerrado la eliminatoria cuando en el minuto 72 Giroud, a centro de Walcott, fusiló la portería de un Neuer que repelió el violento disparo del francés, más que pararlo. Con dos latigazos puntuales, el Arsenal estuvo a punto de lavarle la cara a un partido que tuvo perdido desde el minuto cinco de la primera parte y que pudo haberse convertido en una tragedia griega a poco que el Bayern hubiera estado medianamente acertado cara al gol. Esas cosas que tiene el fútbol que hace que no siempre el que lo merece gane los partidos. Afortunadamente, todo sea dicho de paso.
 
Tras el susto, el Bayern decidió que no le gustaba cómo estaba sonando la música, tiró la partitura que había sacado en la segunda parte y recuperó la del primer tiempo haciendo bueno eso de que segundas partes nunca fueron buenas. Con la maquinaria afinada de nuevo siguiendo acordes pretéritos, Lahm, en su enésima subida por banda, centró al área y entre Mandzukic, que la quería dentro y Sagna, que la quería fuera, fabricaron el 1-3 que cerraba definitivamente un partido que hacía muchos minutos que sobrevivía con respiración asistida.
 
Algún coletazo más por parte y parte puso la guinda a un partido que se intuía mejor en los prolegómenos de lo que el principio, el nudo y el desenlace nos mostraron. Y es que, cuando uno no quiere (o no puede) dos no se pelean. El Bayern fue un coloso imposible de derribar, un bocado demasiado grande para los famélicos jugadores ingleses, hambrientos de títulos que se resisten desde hace años.
 
A Bogart y a Bergman siempre les quedará Paris. A Wenger y al Arsenal les queda Múnich. Si seguimos el guión, Ingrid voló lejos de Humphrey, como la Champions, parece, volará lejos del entrenador francés, una vez más.
 
Malos tiempos para la lírica
 

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Toño Suárez