Juan Antonio Parejo

El oficio de darle sentido al juego

Actualmente, la figura del centrocampista organizador está más lejos que nunca de la extinción, contraponiéndose y con éxito, a la figura tan extendida del mediocentro físico, diestro al quite pero cojo para el pase y la distribución. Hablamos de jugadores que neutralizan esas capacidades atléticas de las que carecen con un sentido del posicionamiento y lectura del juego claramente superior a la media, resultando más que efectivos para el repliegue y para una cualidad para la que a menudo son denostados: el robo.

 
Dentro de su Boring Arsenal de los años 70, Nick Hornby siempre sintió una especial devoción por Liam Brady, prototipo del centrocampista pasador, fino y técnico, futbolísticamente inteligente e imaginativo, capaz de elevarse sobre el barro que atrozmente cubría los campos de la Inglaterra de entonces. Una especie que, prejuicios mediante, se ha contrapuesto con la típica imagen del futbolista británico: esforzado, corajudo, fuerte, con desplazamiento pero con escaso talento. En cualquier buceo por hemerotecas del fútbol inglés de los 80 nos toparíamos necesariamente con futbolistas como Glenn Hoddle o Graeme Souness, que vuelven a derribar ese mito.
 
Ya en los 90, irrumpiría un pelirrojo de apellido Scholes que vino a enlazar con esta sagrada estirpe. Como sucediera con Andrea Pirlo (representante de la vertiente italiana, conocida como regista), Paul Scholes comenzó cerca del área rival para paulatinamente irse acercando a la propia, para dar origen al juego propio, para dotarlo de sentido, de principio y de final al contrario. Hablamos de otro mediocampista que viene a demoler los tópicos ingleses: apenas supera los 170 centímetros de altura. Físicamente, la naturaleza no fue en exceso generosa con él, pero sí con su cabeza. Pocas mentes funcionan tan rápido y con un porcentaje de error tan mínimo. Lástima que la carrera de este excepcional futbolista esté ya en su ocaso.
 
Actualmente esta especie está más lejos que nunca de la extinción, contraponiéndose y con éxito, a la figura tan extendida del mediocentro físico, diestro al quite pero cojo para el pase y la distribución. Hablamos de jugadores que neutralizan esas capacidades atléticas de las que carecen con un sentido del posicionamiento y lectura del juego claramente superior a la media, resultando más que efectivos para el repliegue y para una cualidad para la que a menudo son denostados: el robo.
 

El playmaker es una especie contrapuesta al estereotipo del futbolista inglés

Arteta, Parker o Britton han retomado el testigo de Brady, Hoddle o Souness

Mikel Arteta es uno de los más fieles representantes de este gremio. Curiosamente, cuando en el Everton jugaba más cerca del área fue fichado por el Arsenal, con la amenazante sombra de Fábregas encima. Y sorprendentemente, cuando su carrera parecía estar en las últimas, se ha destapado como un sensacional mediocentro, más aún este año, cuando el poderío físico de Song también emigró a Barcelona. Proyectado como el ancla del Arsenal, el vasco se despliega constantemente dentro del característico fútbol asociativo que propugna Wenger, llegando a ser su piedra maestra. Y no solo en el ataque, sino también en transiciones defensivas, con su sentido del posicionamiento y la anticipación. Mikel es también dueño de ese sentido de la pausa tan mediterráneo, a pesar de nacer junto al Cantábrico y criarse futbolísticamente en la muy donostiarra Bahía de la Concha, en cuyas arenas compartió faenas con otro maestro en estas lides: Xabi Alonso.
 
En el norte de Londres y con un componente quizá más típicamente británico, encontramos a Scott Parker, indiscutible con el Tottenham y también con los pross. El mediocampista londinense deambuló por el Chelsea y el Newcastle hasta que por fin encontró su sitio en el West Ham, donde a pesar descender en 2011, llegó a ser nombrado mejor jugador de la Premier League. De rasgos similares a Mikel, Scottie es quizá algo más intenso, más bullicioso y más fuerte de lo que aparenta, más vertiginoso, casi a la medida de su equipo, aunque paradójicamente, en el Tottenham pisa poco el área. A la hora de defender, domina como pocos el arte de replegar y adelantarse al rival, por lo que no es casual que sus entrenadores del Tottenham lo emparejen junto a centrocampistas de un claro e indiscutible perfil ofensivo, como Modric o Dembelé. De nuevo, vemos en Parker a un jugador que sostiene el peso de su equipo, tanto en ataque como en defensa.
 
Con un perfil similar al anterior y madurado en Swansea junto a otro centrocampista de peso como Leon Britton, encontramos a Joe Allen, recién emigrado a la ribera del Mersey. Con toda una carrera y varios aspectos de su juego áun por desarrollar, el joven galés es también un maestro a la hora de recibir, de asociarse, de comenzar la distribución, de enganchar con Gerrard o Suárez y por supuesto, de replegar, achicar encimar y robar, de detectar al instante cualquier fuga inminente en las transiciones rivales. En suma, de enseñorearse de la divisoria.
 
Los tres, probablemente los más emblemáticos, representan ese modelo de jugador, el playmaker inglés, el regista italiano, el volante español. Junto al extremo, quizá hayan corrido en alguna épocas el peligro de desaparecer de los tapetes de medio mundo, pero hoy su reivindicación es evidente y ahora que está tan en boga y se valora tanto el dominio del juego mediante el balón, su comparecencia resulta más que necesaria.
 

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Juan Antonio Parejo