Santiago Belmont

El tormento de Diego Costa

A la par que el Chelsea, su delantero titular está cuajando un mal año en la vertiente individual. Además del escepticismo sobre su rendimiento, el habitual polémico comportamiento en el campo no contribuye a mejorar la opinión sobre el ariete. El episodio de White Hart Lane ha podido ser la gota que ha colmado el vaso.

 
Diego Costa debutó oficialmente con el Chelsea un 18 de agosto del 2014, visitando al Burnley. Ese día marcó. La siguiente semana, el Chelsea recibió al Leicester en Stamford Bridge. Ese día también anotó. La próxima parada fue en Goodison Park, donde consiguió un doblete. Finalmente, en su cuarto partido con el equipo londinense, marcó su primer hat-trick frente al Swansea de local. Siete goles en cuatro partidos. Así de deslumbrante fue el inicio de Diego Costa en los Blues la temporada pasada.
 
El jugador hispano-brasileño se adaptó al esquema del Chelsea y a la Premier League como si en lugar de Brasil hubiera nacido en los suburbios de Londres. Producto de semejante comienzo de temporada, Diego se volvió una pieza fundamental en el equipo de Jose Mourinho. Es verdad que en los últimos meses de la temporada, su nivel y rendimiento fueron decayendo. Sin embargo, nunca dejó de ser una pieza fundamental del equipo y se mantuvo en buena forma. Culminó la temporada con 21 goles en 37 partidos, un promedio de 0,57 goles por partido.
 
Esta temporada, todo ha sido diferente para el de Lagarto. Lleva cuatro goles en 18 partidos disputados, cuatro amarillas y una sanción de tres partidos por su rifirrafe con Gabriel. Su rendimiento se ha visto negativamente afectado. Se le nota incómodo en la cancha. Pegándose a la banda cuando sus propias características lo obligan a mantenerse como un nueve de área. Errando pases y definiciones. Tomando malas decisiones. Diego Costa atraviesa su peor momento en Chelsea desde que fichó por el club inglés el año pasado.
 
Pero, ¿cuál es el motivo del mediocre rendimiento de Costa? Podemos decir que las razones son diversas. En primer lugar, el delantero presenta sobrepeso. Cosa que él mismo manifestó. Es cierto que Diego es un jugador fuerte y robusto pero, comparado con la temporada pasada, se le nota pasado de peso. Este exceso merma sobre todo su velocidad, sobre todo en la arrancada, determinante en los metros finales.
 
Además de la problemática de su contextura física, otra razón por la que las actuaciones de Costa se han visto perjudicadas son las bajas individuales del equipo. Con Cesc Fàbregas muy lejos de su mejor nivel, Eden Hazard desaparecido y el Chelsea en conjunto cada vez peor, las ocasiones de gol para Diego se han reducido considerablemente respecto a la temporada pasada. Y, por supuesto, su porcentaje de éxito también ha disminuido. Echar la culpa del bajón del hispano-brasileño a los otros jugadores sería falso. Pero, sin duda, es un motivo más.
 
Todos conocemos a Costa. Es un delantero letal. Pero en cuanto a su actitud, a su comportamiento, vive rodeado por la polémica. Para él, un partido es una batalla. El rival es el enemigo. Y todos los medios son válidos para vencer. Los futbolísticos y los no futbolísticos. Calentar a los zagueros rivales es un arma útil en esta guerra. No son pocos los rivales que Costa ha logrado expulsar a lo largo de su carrera. Esa actitud ha provocado críticas de la prensa inglesa y de los rivales por igual. Aunque pocas desde su propio bando. Los hinchas de los Blues están dispuestos a pasar todo por alto con tal de ver a su delantero marcar goles. El problema es que los goles no llegan y las triquiñuelas pierden su razón de ser.
 
Get Adobe Flash player

La actitud de Costa está traspasando el terreno de juego. El altercado que ocurrió entre el delantero y José Mourinho en los minutos finales del encuentro ante el Tottenham en White Hart Lane es la mayor evidencia de que existen problemas interinos en el club londinense. La actitud de Costa demuestra un egoísmo flagrante, además de una falta de respeto por el técnico y sus compañeros. Además de una desconexión absoluta con la realidad. Costa debería ser el primero en darse cuenta de que no está rindiendo como se espera de él. En lugar de lanzar petos, quizás debería hacer autocrítica.
 
Algunos le defienden argumentando que es una muestra de su mentalidad ganadora y sus ansias por ayudar al equipo. Pero aún siendo cierto, el equipo siempre pasa antes. Y el equipo está dirigido por el entrenador. Si el entrenador decide que un jugador no juega, no lo hace, así de simple. La actitud de Costa fue grosera y descortés. Tras el partido, Mourinho restó hierro al desencuentro pero lo cierto es que Costa volvió a ser suplente frente al Bournemouth.
 
Los medios no han tardado en hacer leña del árbol caído informando de que el Chelsea está buscando un nuevo delantero para enero. Entre los nombres que han aparecido en la prensa, se encuentran Thomas Müller, Edinson Cavani y Gonzalo Higuaín. Además, se dice que el Atlético de Madrid estaría interesado en repescar a Costa en el mercado invernal.
 
Costa tiene en su mano recuperar su mejor nivel. Solo depende de él. Si se centra en el fútbol y deja de pelearse con cualquier ser humano que entre en un radio de menos de doscientos metros, el Chelsea lo agradecerá. Sin embargo, si mantiene la misma actitud fuera y dentro de la cancha, ni los hinchas en Stamford Bridge con los cánticos de “¡Diego, Diego!” podrán evitar la salida del ariete del club londinense. 
 

Sobre el autor

Santiago Belmont