Leandro Bianchi

Especial David Moyes: 10 años en el Everton (I)

El pasado mes de marzo, David Moyes cumplió diez años al frente del Everton. Aprovechamos esta efemérides para repasar esta década al frente de los «toffees» de la mano de Leandro Bianchi.

 
Esta es la primera parte de un artículo sobre los 10 años de David Moyes en el Everton. Si deseas leer la segunda parte, haz clic aquí.
 
Marzo de 2002. El Arsenal se encamina a ganar la Premier de manera brillante, Ferguson sigue masticando chicle y catando distintos tipos de whiskies al frente del United, los hermanos Gallagher ven cómo su City deambula por la mitad de la tabla y el ruso Abramovich piensa dónde va a invertir todo el dinero que junta día a día. Ante todo este panorama, también está el Everton peleando denodadamente por no descender, una lucha en la que se encuentran también el Leicester, el Derby County, el Ipswich (que serán los que terminarán descendiendo), el Sunderland y el Bolton.
 
El día diez de ese mes, el Everton decide destituir a Walter Smith luego de una dura derrota en la FA Cup ante el Middlesbrough. Smith estaba llevando casi sin escalas al equipo hacia un descenso de categoría. En su lugar designaban a un entrenador escocés, de 37 años, que en su época de jugador había sido formado por el Celtic para luego pasar por equipos menores de Gran Bretaña (Cambridge, Bristol City, Shrewsbury, Dunfermline y Preston) y que como entrenador contaba solo con cuatro años de experiencia al frente del Preston North End. Con los «lilywhites» logró un ascenso en el año 2000 y se quedó en las puertas de otro a la Premier al año siguiente al caer en el play-off final ante el Bolton Wanderers, lo cual llamó la atención de equipos como Manchester City y West Ham United.
 
Arriesgada decisión del Everton, con Bill Kenwright a la cabeza, en darle la conducción a un entrenador con buen futuro a la vista pero poca experiencia para afrontar la delicada situación en la que se encontraba inmerso el equipo de Liverpool. Dos días después de la oficialización, el 16 de marzo, se producía el debut de Moyes en el equipo azul. Fue en Goodison Park, recibiendo al Fulham, y la cosa no pudo empezar mejor, ya que a los 30 segundos de partido el eterno Unsworth abría el marcador para Everton y ampliaba el héroe de la afición, Duncan Ferguson. Luego el equipo terminó sufriendo debido a la expulsión de Gravesen a los 30 minutos del primer tiempo y el posterior descuento del equipo londinense, pero logró quedarse con la victoria. A punto seguido se vinieron tres partidos de los cuales dos eran de vital importancia para la permanencia, el primero fue una infartante victoria ante el Derby County de visita por 3-4 y, después de un duro traspié en Saint James’ Park ante Newcastle, se produjo la victoria que dejaba casi sentenciada la permanencia en la Premier, 3-1 de local ante el Bolton. David Moyes completó la temporada, dirigió 9 partidos de los cuales ganó 4, empató 1 y perdió 4.
 
Con el objetivo cumplido, Moyes puso manos a la obra y comenzó a trabajar en lo que sería su primera temporada completa al mando de los Toffees. Días después de finalizada la temporada 2001/02 se deshizo de dos jugadores con fama de problemáticos para el vestuario como David Ginola y Jesper Blomqvist. Con un equipo con serios problemas económicos, factor que se convertiría en habitual hasta nuestros días, el club anunció un acuerdo con la empresa china Kejian, que patrocinaría al equipo e indirectamente impondría al equipo azul dos jugadores (léase paquetes) chinos. Un acuerdo beneficioso económicamente (los chinos colocaban dos jugadores en la Premier, la liga ganaba en audiencia e importancia en China y el Everton resultaba favorecido en lo económico) pero no en lo futbolístico (poca huella dejaron ambos jugadores: Li Weifeng jugó dos partidos antes de rescindir su contrato de mutuo acuerdo, mientras Li Tie llegó a disputar 33 partidos en la temporada aunque sus actuaciones forman más que mediocres). Con poco presupuesto, Moyes reforzó la portería con Richard Wright (quizás llamar refuerzo a “fachita” Wright es ir demasiado lejos) y la defensa con Joseph Yobo.
 
La primera mitad de la temporada 2002/03 fue excelente, el equipo encadenó entre octubre y noviembre una racha de seis victorias consecutivas, lo que le valió a Moyes su primer galardón como técnico del mes en noviembre, y antes de Navidad se encontraba entre los cuatro mejores de la Premier. El equipo exhibió mucho orden, priorizando el juego defensivo por sobre el ofensivo. Pero en el comienzo del año, el equipo no sostuvo el nivel y no pudo mantenerse arriba, la irregularidad se adueñó del equipo y en la última fecha con la derrota ante el Manchester United en casa se dilapidó la chance de ingresar a la Copa UEFA, plaza que fue a parar a manos del Blackburn Rovers. La primera temporada completa de Moyes al mando del Everton culminó con un sabor agridulce para el club, ya que estuvo muy cerca de conseguir la clasificación a Europa, pero el técnico fue nombrado técnico del año por la asociación de entrenadores. Como aspectos positivos a remarcar, hay que citar la aparición explosiva de Wayne Rooney con 17 años, bien secundado por Kevin Campbell y Tomasz Radzinski en ataque y Gravesen en la medular. Moyes consolidó como titular al lateral Tony Hibbert por sobre de Steve Watson. Con el paso de los años, Hibbert se convertiría en uno de los jugadores fetiche de Moyes.
 
Los números de la primera temporada fueron 17 partidos ganados, 8 empates y 13 derrotas, terminando en 7° lugar con 59 puntos, eliminación a manos del Chelsea en Stanford Bridge en la Carling Cup en 3° ronda y sorpresiva derrota ante el Shrewsbury en la FA en el primer partido. El goleador fue Campbell con 12 anotaciones.
 

En su 1ª temporada completa, fue elegido entrenador del año

Moyes hizo debutar a Wayne Rooney en la Premier con 17 años

Para afrontar la temporada 2003/04, Moyes logró mantener la base del equipo de la temporada anterior pese a los fantasmas que comenzaban a sobrevolar para llevarse a Rooney. El escocés agregó a su plantilla a Francis Jeffers (en su segunda etapa en el club luego de un paso por el Arsenal), Kevin Kilbane, el “gordo” Nigel Martyn para quedarse con el puesto de Wright y realizó una de sus primeras apuestas a desconocidos trayendo desde el Motherwell de Escocia a James McFadden. Moyes tomó decisiones como la de agregar gente a su cuerpo técnico para otros aspectos no directamente ligados al primer equipo (incorporó nutricionistas, psicólogos, etc.) y comenzó a tener más injerencia en las divisiones juveniles del club. El equipo no rindió acorde a las expectativas y navegó en la irregularidad todo el año. Nunca encontró su juego y se caracterizó básicamente por un juego de pelotazos frontales y poco juego por el piso. Encima, sobre el mes de enero, el Manchester United comenzó a tratar en serio la búsqueda de Rooney y empezó a trabajar sobre su psicología para convencer al incipiente joven a que atara su futuro al equipo de Ferguson. Cuestiones que no ayudaron para nada a un equipo que terminó en la 17° posición, muy cerca del descenso, aunque nunca estuvo en real peligro de bajar de categoría. El equipo cayó en 3ª ronda de la Carling y ante el Fulham en FA luego de jugar un replay. En el transcurso del torneo se vio un Moyes más duro e intolerante con la falta de disciplina de sus jugadores. El escocés mostró un carácter que hasta el momento no había sido descubierto, buscando constantemente inculcar ética y disciplina a su plantel. Eso llevó a algunos roces con algunos de sus jugadores e hizo que el equipo terminara dando lástima en sus últimos partidos (ganando uno de los últimos diez de la temporada). Como muestra basta con ver la apabullante goleada por 1-5 sufrida en la última fecha ante el City en Goodison.
 
En la previa de la 3ra temporada de David Moyes al frente del Everton, los problemas financieros y el agente de Rooney condicionaron el futuro del club. La cabeza de Rooney ya no estaba en Goodison Park y buscaba una salida a toda costa. Con su marcha, Moyes veía esfumadas sus ilusiones de armar un proyecto a largo plazo con Wayne como estandarte. El joven maravilla no jugó los primeros partidos y el 31 de agosto fue transferido definitivamente al Manchester. Los augurios para el Everton no eran buenos. Moyes había apostado a Tim Cahill, un volante ofensivo que destacaba en el modesto Millwall, y en Marcus Bent, explosivo delantero del Ipswich para dar batalla, pero la baja de Rooney parecía menguar el poderío. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Parece ser que Moyes admitió errores en el manejo del plantel meses antes, bajó un poco la mano dura que había pregonado la temporada anterior, limpió un poco el vestuario (se marcharon Unsworth, Radzinski, Jeffers y Linderoth) y el equipo sorprendió a propios y extraños. El impacto de Cahill y Bent fue instantáneo, Gravesen se transformó en el alma del equipo y el equipo alcanzó un admirable orden táctico y defensivo. Moyes por primera vez le da andamiaje a los que luego se convertirían en sus sistemas tácticos preferidos: el 4-1-4-1 y 4-4-1-1, dependiendo del ojo que lo mire. El equipo base fue: Martyn; Hibbert (el bueno de Tony siempre presente), Stubbs/Yobo, Weir y Pistone; Carsley; Osman (otro jugador fetiche de Moyes que se ganó la continuidad), Gravesen, Cahill y Kilbane; Bent. El equipo era muy sólido y encontró a jugadores en un nivel muy alto. La partida de Gravesen (en excelente forma hasta entonces) parecía que podía resentir el funcionamiento, pero Moyes apostó por Arteta como su reemplazo y pegó un pleno, ya que el vasco se transformaría en amo y señor del mediocampo de los Toffees en lo que a manejo de balón y tiempos de partido se refiere. También en el mercado invernal llegó James Beattie para reforzar la delantera en búsqueda de mantenerse arriba en la liga. En conclusión, gran temporada del equipo azul que llegó a estar segundo en un momento del campeonato, culminando en 4° lugar, accediendo a la fase previa de la Champions League. Entre los momentos álgidos de la temporada destacan la victoria por 1-0 sobre el Liverpool en el derbi de Merseyside (con recordado gol de Carsley), al que no se le ganaba desde el año 1999 y otra victoria ante el United con un gol del interminable Duncan Ferguson. El máximo goleador de la temporada fue Cahill (posiblemente uno de los mejores fichajes de Moyes en estos diez años) pero acompañado por un gran reparto de goleo entre mediocampistas y delanteros. En las copas, hubo eliminación a mano del Arsenal en 3° fase de la Copa de la Liga y en octavos de FA por el Manchester United. Esa gran temporada le valió a Moyes ser considerado el mejor entrenador de la temporada por segunda vez y la firma de un contrato que lo ligaba por cinco años más al club.
 

A pesar de la venta de Rooney, Moyes llevó al Everton a la Champions

En su tercera temporada recibió su segundo galardón al mejor del año

Julio del 2005 fue un momento clave para el club de Goodison. La próxima participación en Champions League se convertía en una buena chance para que la institución diera un salto de calidad, aprovechara el mercado de transferencias e intentara posicionarse entre los cuatro de siempre a esa altura en la Premier: Arsenal, Manchester United, Liverpool y Chelsea. Pero entre los eternos problemas económicos y que los jugadores deseados por Moyes se convirtieron en objetivos imposibles, se desperdició una gran chance. No se armó bien el plantel, que quedó carente de jerarquía para afrontar las competiciones y al inicio de temporada (9 de agosto ante Villareal) solo habían llegado (además de fichar definitivamente a Arteta) Koldrup, Simon Davies y Neville (solo 4 días antes). Sobre el cierre del mercado, el escocés, como quien compra en tienda de retazos, incorporó a Nuno Valente, Mateo Ferrari y Andy Van Der Meyde. Sin lugar a dudas, fue el peor mercado de fichajes que haya realizado Moyes al frente del Everton: Koldrup solo jugó un partido a causa de las lesiones y dejó Goodison en el mercado invernal; Ferrari completó su préstamo jugando poco y mal; Davies fue disminuyendo en importancia con el correr de los partidos; Valente siguió por unas temporadas más pero nunca tuvo un nivel aceptable; la eterna promesa Andy Van Der Meyde estuvo cuatro años en el club en los que sufrió constantes lesiones y no llegó a jugar 25 partidos. Solo Neville sigue hasta nuestros días siendo un referente para el técnico, aunque su nivel futbolístico deje mucho que desear.
 
Con todo este panorama y una derrota en casa ante el Villareal por 1-2 en la fase previa de ingreso a la Champions la cosa pintaba negra. Pero semanas después en España el equipo mostró otra cara y dio una dura batalla que, de no haber sido por el inexplicable gol que el árbitro Pierluigi Collina (en su partido de despedida) anuló a Duncan Ferguson tras un potente cabezazo a la salida de un córner, otra podría haber sido la historia, ya que ese gol mandaba el partido a un alargue. La temporada no siguió nada bien, el equipo perdió en la primera fase de la Europa League al perder la serie ante en humilde Dinamo Bucarest, que sentenció la serie en la ida al golear al equipo de Liverpool por 5-1 en Rumanía. Con este arranque y las lesiones maltratando a todo el plantel todo fue cuesta arriba y para mediados de octubre el equipo se encontraba en zona de descenso. Sin embargo, el equipo fue escalando paulatinamente, hasta culminar la temporada en 11° lugar, con 14 victorias, 8 empates y 16 derrotas y una pobre actuación en las copas inglesas al caer eliminado en la Copa de la Liga por el Middlesbrough y en la FA por el Chelsea tras jugar el replay en 4° ronda. Pasó una temporada repleta de oportunidades pero en la que el mal manejo de las incorporaciones dejó un plantel empobrecido y veterano de cara a todo lo que había por pelear. Soplaban vientos de cambio en el granja azul.
 
Había llegado el momento de renovar el plantel. A los retiros de Martyn y Ferguson se sumó la venta de Kilbane y la disminución de minutos para un histórico como Weir. Moyes había encontrado en Arteta el organizador ideal alrededor de quien armar el equipo, Cahill seguía mostrando una excelente forma como mediocampista de ataque y Yobo se había estabilizado en la zaga central. Había  que encontrar un portero confiable que ocupara el vacío dejado por el “gordo” Nigel, un acompañante que formara la dupla con el nigeriano en el fondo y una competencia para James Beattie en la delantera. David rompió el chanchito y se trajo a Andrew Johnson del Crystal Palace, en lo que sería (hasta ese momento) la transferencia más cara en la historia del club: 8,6 millones de libras. Con lo poco que quedaba de presupuesto abrochó el préstamo del portero estadounidense Tim Howard, relegado en el United, y la incorporación de un desconocido defensor central, Joleon Lescott. Las tres apuestas del técnico dieron excelente resultado: Howard no dejó dudas en la portería, a punto tal que el club lo transformó en fichaje permanente meses después de llegar, Lescott se erigió en uno de los mejores centrales de la Premier y Johnson pagó con goles lo invertido en él. El Everton tuvo un gran arranque, que incluyó una victoria por 3-0 ante Liverpool, una de las más abultadas de la historia contra el clásico rival. El equipo se apoyaba en una gran solidez defensiva conformada gracias a Yobo y Lescott (que rindió tanto de defensor central como de lateral izquierdo), la chispa creativa de Arteta y su pegada en las pelotas detenidas, la sorpresa y compromiso de Cahill y la cuota goleadora del “pelado” Johnson. Todo desembocó en un sexto puesto (15 victorias, 13 empates y 10 derrotas) al finalizar la temporada y el ingreso en la Europa League.
 

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Leandro Bianchi