Juan Antonio Parejo

A grandes problemas, grandes soluciones

Al igual que las victorias, las derrotas también tienen más de un padre. Pero Mancini es el principal responsable del repetido fracaso europeo del Manchester City y de la derrota del vigente campeón ante su acérrimo rival. Se antoja complicado que Roberto Mancini siga más allá del verano en el Etihad.

 
Todo el crédito que Roberto Mancini pudo conseguir con el gol de Sergio Agüero en el descuento ante el QPR en la última jornada de la pasada edición de la Premier League lo debió perder en los primeros cuarenta y cinco minutos contra el Real Madrid, en lo que era la última llamada para evitar el enésimo fiasco europeo y ante un rival de postín. Más allá de que se pudo llevar un saco en apenas media hora, si algún lector sabe a qué jugó ese día el Manchester City, que nos escriba remitiendo la respuesta y de paso, le pagamos una ronda. Aquí, aún no sabemos nada, salvo que terminó por despedirse de la Champions de manera estrepitosa y humillante, teniendo tiempo para meter a James Milner por Carlos Tévez cuando el partido ya terminaba. Ah, y el pasado domingo, aunque la imagen fue sustancialmente mejor, tiró tres cuartas partes de la Premier en el Etihad. Dónde, solo Mancini lo sabrá, dejó al Apache en el banco y dio la titularidad a Balotelli. No hizo falta ser un genio para vislumbrar el resultado de tal decisión.
 

El destino de Mancini parece marcado con el marchamo de la destitución

Los desastres del City también se deben a la baja forma de hombres clave

A riesgos de ser tribuneros y simplistas, no son muchas las ocasiones en las que una responsabilidad se puede focalizar con tanto énfasis en una sola figura, aunque bien sabemos que al igual que las victorias, las derrotas también tienen más de un padre. Sin embargo, por primera vez, parece que el destino de Mancini parece ya marcado con el marchamo de la destitución en cuanto acabe la temporada. Cuando una figura pública es atizada una y otra vez, es necesario darle la vuelta al calcetín e indagar en algunos de sus logros. Para descubrir la mano de Mancini en algunos de los éxitos del City es preciso hasta remontarse en el tiempo. Podríamos retroceder hasta la semifinal de FA Cup de 2011, donde el intenso pressing citizen ahogó al Manchester United y Scholes acabó por regalar el gol a Touré y el pase a Wembley. También podemos contar la de veces que el Manchester City sacó partidos difíciles adelante por puro aplastamiento, cuando Mancini recurría a su plan B, metiendo a Touré de mediapunta, como ante el Newcastle en St. James’ Park la pasada temporada. O nuestra memoria es escasa o realmente ya no podemos citar más ejemplos.
 
Para explicar los recientes desastres del City, se recurre también a la baja forma de hombres capitales como Touré o Agüero. Más allá de si es cierto o no, o de si físicamente están un punto o dos por debajo de lo habitual, lo cierto es que apenas se dispone de dinámicas o patrones de juego a los que el futbolista pueda agarrarse en momentos de baja forma. A falta de inspiración, un jugador del Manchester United o del Borussia Dortmund, por ejemplo, puede reiniciar, recurrir al manual de instrucciones y orientarse en base a sus códigos. En el City, sobra decir que no existen.
 

El City dispone de un inmenso talento en todas sus líneas

Sus ambiciones han sido limitadas por el conservadurismo

Por otra parte, de todos es conocido no solo la amplitud de recursos de la que dispone el Manchester City, sino el inmenso talento que atesora en todas y cada una de sus líneas, desde Joe Hart hasta el Kun, pasando por Touré, Kompany, Tévez o Silva. Una plantilla a todas luces comparable a las de Barcelona, Real Madrid o Bayern de Múnich e incluso algo superior a la de sus vecinos del Manchester United. Una descomunal acumulación de efectivos de primer nivel no solamente desperdiciado en un porcentaje considerable, sino que además sus ambiciones han sido continuamente limitadas por el conservadurismo, casi enfermizo, de Roberto Mancini. Y no solo en el terreno de juego. Y es que ya saben todos ustedes, el Manchester City aún no está preparado para ganar la Champions League…
 
Las olas de críticas a Mancini cada vez son más grandes. Pocas veces, sin embargo, más justificadas. Quizá sea grave señalarlo como tal, pero lo cierto es que el entrenador italiano no parece sino un lastre para las posibilidades de un equipo cuyos mimbres le hacen merecedor de poder soñar con cualquier tipo de victoria. Pocos finales, al mismo tiempo, parecen más claros que el de Roberto Mancini al final de esta temporada, consumido como parece, la totalidad del crédito ganado por el ex delantero de la Sampdoria. E incluso aunque acabase por ganar la Premier, posible pero más que difícil, no semeja tener otra escapatoria. Y pocos despidos pueden estar más justificados. La apuesta de Al Mansour, si de verdad desea empezar a rentabilizar una parte de la inmensa millonada de petrodólares invertidos, debería empezar por dejar de huir hacia adelante y cortar de cuajo.
 
¿Guardiola? Eso ya no lo sabemos. No somos amantes ni practicantes de la rumorología, aunque ni el dinero ni el nivel de la plantilla serían un problema, por supuesto. ¿Le ofrecerían un proyecto fiable?. Bueno, para algo habrán aterrizado en Manchester Txiki Beguiristáin o Ferrán Soriano. Repuntar la marcha debería comenzar por un capataz de prestigio y capaz, que llegase con ideas y voluntad férrea de desarrollarlas. Material, tendría de sobra. En cualquier caso, a grandes problemas, grandes soluciones.
 

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Juan Antonio Parejo