Santiago Belmont

Howe prolonga el milagro de los Cherries

Hace unas semanas, el Bournemouth, alicaido, pululaba por los puestos de descenso de la Premier League. Se llegó a rumorear con el despido del entrenador incluso. Sin embargo, a pesar de la pléyade de lesiones de los Cherries, ha remontado el vuelo hasta la mitad de la tabla. El aguante con el técnico, clave en la resurrección. 

 
El AFC Bournemouth. Un club el cual no se sabe su fecha exacta de fundación. Un club que tiene tan solo dos torneos ganados en su palmarés. Un club que participa por primera vez en la Barclays Premier League, esta temporada. Un club relativamente pequeño. Un club que es dirigido por Eddie Howe. Un Eddie Howe que en tres temporadas, llevó a los Cherries desde la tercera a la primera división inglesa. Un Eddie Howe que cambió radicalmente al Bournemouth. Y un Eddie Howe que hace un mes, estuvo muy cerca de ser despedido. Irónico, ¿no?
 
La temporada 2014/2015 fue, sin dudas, la mejor temporada en la historia del Bournemouth. Comparándola, además, con la 2013/2014, donde fueron notablemente un equipo de mitad de tabla y nunca pudieron aspirar a pelear por el ascenso. Las cosas cambiarían al año siguiente. Con los soberbios rendimientos de jugadores como Callum Wilson, quien fue incorporado esa misma temporada, Yann Kermorgant y Matt Ritchie, el Bournemouth fue un equipo completamente diferente. Añadiendo el gran trabajo de su técnico, Eddie Howe, quien fue el principal responsable de este radical cambio en el equipo de rojo y negro. El 3-0 frente al Bolton en el estadio Dean Court, fue el partido donde consiguieron oficialmente su ascenso a la Premier League. Los hinchas invadieron el terreno de juego cuando se escuchó el pitido final. Demostrando, así, su emoción por el momento que atravesaban. Por primera vez en su historia, eran un equipo de primera. Eran un equipo de Premier League.
 
Los Cherries comenzaron la temporada 2015/2016 con óptimas expectativas como debutantes en la Premier League. Cosa que no duraría por mucho tiempo. El inicio del equipo de Howe fue nefasto, arrancando con dos derrotas consecutivas. Luego de estas, el equipo del sur de Inglaterra parecía haber retomado su nivel, con dos victorias sucesivas en BPL y Capital One Cup. Sin embargo, en los próximos 9 partidos, los del sur de Inglaterra cosecharon 6 derrotas y 2 empates. Con 8 puntos de 36 posibles, andaban en el puesto 18 de la tabla, dentro de la zona de descenso.
 
Todo lucía mal. Bueno, realmente, todo lucía mal sobre el papel, sobre los resultados. Por más que estos no lo respaldaban, el Bournemouth jugaba bien. ¡Claro que sí! Quiero tomar como ejemplos partidos contra el Liverpool, Southampton y Newcastle. Es cierto, perdió los tres. No obstante, el rendimiento del equipo en estos tres partidos, no merecía 0 puntos de 9 posibles. El ejemplo perfecto es, sin duda, el encuentro frente al equipo de Steve McClaren. Bournemouth 0-1 Newcastle. Los locales tuvieron un total de 13 ocasiones creadas. Por otro lado, las urracas, tan solo 2, de las cuales 1 fue al arco, la cual fue el gol. La falta de efectividad de los Cherries, provocó la victoria del que tuvo mejor puntería, y no el que jugó mejor.
 
Un partido se gana con goles. Sin embargo, no es correcto juzgar a un técnico sabiendo que su equipo juega bien. Mas aún, cuando ese entrenador es el principal responsable de que el club esté en primera división, y no en la Football League One.
 
¿Por qué menciono esto? Porque fue la realidad. A mediados de Noviembre, Eddie Howe era uno de los favoritos a ser el próximo técnico despedido en la Premier League. Cosa que evidenciaban hasta las casas de las apuestas. Un entrenador que le brindó de todo al equipo, y que, además, cosechaba malos resultados por falta de efectividad, mas no por falta de juego, estaba a punto de ser destituido. El AFC Bournemouth estuvo cerca de cometer un gravísimo error.
 
Añadiendo, igualmente, las significativas lesiones con las que tuvo que sufrir el equipo. Jugadores que fueron claves la temporada pasada como Callum Wilson. Además de muchos de sus fichajes recientes, caso de Tyrone Mings, Max Gradel, Lee Tomlin y Christian Atsu. El grupo sufrió muchas bajas. Evidenciando lo mucho que la plantilla estuvo perjudicada. Y, aun así, Howe pudo conseguir que el equipo jugara bien, a pesar de no conseguir los resultados esperados.
 
Por suerte, al entrenador inglés tuvo continuidad al mando del club. Y no sabemos si los jugadores habrán comenzado a practicar definiciones y puntería en los entrenamientos, pero todo cambió. El equipo de Dean Court comenzó a plasmar su buen juego y rendimiento, en goles, y por lo tanto, en resultados. Luego del episodio frente al Newcastle, en los siguientes 5 partidos, los Cherries ganaron 3 y empataron 2. Incluyendo victorias en Stamford Bridge y frente al Manchester United de local. Además, claro, del dramático 3-3 frente al Everton en Dean Court. Donde, premio al empuje del equipo, siempre añadido de su buen papel futbolístico, marcaron tres goles a partir del minuto 80. Consiguiendo, así, un punto muy valioso frente a un rival complicado. La constancia y confianza en el entrenador, generaron los resultados esperados, producto del buen juego que ejercía el equipo.
 
Los Cherries marchan decimocuartos en la tabla actualmente. Ubicados a cuatro puntos de la zona de descenso. Si bien los de Howe aún tienen mucho por recorrer, se nota un cambio en el club. Si continúan rindiendo de esta manera, y expresando el rendimiento en resultados, los de rojo y negro se mantendrán alejados de la zona de descenso y podrán disfrutar su segunda temporada en la máxima categoría del fútbol inglés.
 
Juzguemos a un equipo por su manera de jugar en la cancha, siempre. Por su identidad de juego, por su rendimiento, por su fútbol. No hay que dejarse llevar siempre por los resultados conseguidos, ni por la posición en la que marcha en la tabla de posiciones. No sólo entreguemos la confianza a un entrenador que hace ganar a un equipo. Si no también a uno que lo hace jugar bien. Porque el que pierde jugando bien, en algún momento deja de perder. Y Edward John Frank Howe, lo sabe más que nadie.
 

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Santiago Belmont