Juan Antonio Parejo

La locura ajusticia a la cobardía (3-2)

Derrota merecida de los Citizens en el último minuto tras un partido mezquino. Cristiano marcó el gol de la victoria en un Madrid que dejó en el banco a Özil y Modric. Los últimos veinte minutos, de absoluto infarto.

 

Champions League

Real Madrid 3
Manchester City 2
Ficha técnica
3 – Real Madrid: Iker Casillas; Arbeloa, Varane, Pepe, Marcelo; Xabi Alonso, Essien (Özil, 65), Khedira (Modric, 72); Cristiano Ronaldo, Higuaín (Benzema, 72), Di María.
2 – Manchester City: Hart; Maicon (Zabaleta, 72), Nastasic, Kompany, Clichy; Barry, Javi García, Silva (Dzeko, 63), Touré Yayá, Nasri (Kolarov, 35); Tévez.
Goles: 0-1, m.69: Dzeko. 1-1, m.76: Marcelo. 1-2, m.85: Kolarov. 2-2, m.86: Benzema. 3-2, m.90: Cristiano Ronaldo.
Se acostumbra a decir que el fútbol son emociones. Para los aficionados, taquicárdicos, desde luego. Para Mourinho y Mancini este martes, desde luego que no, ultraconservadores ambos. Salió el Madrid con Khedira y Essien acompañando a Alonso y Ramos castigado en el banquillo. El italiano no iba a ser menos y juntó a Javi García y Barry por detrás de Touré y con el equipo defendiendo en dos líneas a quince metros del área. Dos sorpresas en los Citizens: Maicon y Nastasic.
 
El Manchester City comenzó agrupado en torno a Javi García y Kompany, todo un baluarte ayer. Sin Modric ni Özil, los blancos se movían con el balón pero lentos y sin movimiento por delante, sin que nadie además pudiese interpretar y descifrar posibles movimientos de los atacantes en ataques estáticos. Madrid y Manchester City buscaban con ansia cualquier contra y a los diez minutos llegó. Tévez buscó oxigenar a su equipo, que se olvidó de apoyarle, pérdida y si el Real Madrid está enfrente, ya se sabe, contragolpe casi letal. Casi porque Joe Hart le sacó una mano espectacular a Cristiano Ronaldo. Primer aviso para los citizen, que no volvieron a sacar la cabeza de su caparazón. Como muestra, era más fácil ver a Silva de lateral que en zonas del 11 o del 10.
 
Los de Mourinho, tensionados, industriales y sin imaginación, se movían con pesadez. Khedira y Essien no hacían sino solaparse. El ghanés a veces no sabía ni que hacer, el alemán solo aparecía para llegar dentro del área. Y en el minuto 20 llegó. Higuaín erró de nuevo un mano a mano y el rechace le cayó a Sami, que la envió alta. Da la sensación que el ex de River define en el mano a mano como quien golpea una piñata cumpleañera: con los ojos cerrados y al bulto.
 
La dinámica no cambiaba y Maicon constantemente hacía aguas en el costado derecho, mientras que Di María torturaba a Clichy y a Barry, por el siniestro y por el carril de la mediapunta, clarificando las escasas ideas de su equipo. Rara vez pasaban los citizen de la medular, salvo en galopadas de Touré o en las contadas ocasiones en que Silva podía recibir a menos de cincuenta metros de Iker Casillas. Nasri, inédito, habría de retirarse lesionado. Las alarmas blancas, sin embargo, no sonaron. Ni un tiro a puerta en el primer tiempo. Y tardaría en llegar. El Real Madrid pudo haberse ido al descanso con una renta tranquila de dos goles, pese a mostrar una imagen decididamente mejorable e inútilmente reservona.
 
Con la reanudación, la tónica no varió. Di María se empeñó en agitar el partido y pronto se sumó Marcelo, con un par de disparos peligrosos desde la frontal. No parecía que el encuentro fuera a resquebrajarse por ningún lado, previsibles los locales, pusilánimes los visitantes. Radicalizando su mensaje, Mancini retiró a Silva cuando mediaba el cuarto de hora del segundo tiempo. Nadie supo por qué.
 
Pero tampoco pudo nadie explicarse como le pudo salir bien. Cazó Touré un balón suelto en su propio campo y libre de vigilancias, se lanzó a la aventura. Nadie pudo pararlo y asistió a Edin Dzeko para que abriese el marcador en el primer lanzamiento al arco de Casillas. Fue entonces cuando Mourinho abrió la puerta de la locura, introdujo a Özil, Modric y especialmente Karim Benzemá , mutando el partido en un correcalles. Que tanto el alemán como el croata comenzasen en el banquillo debe de ser una especie de enigma maya. Quedaban veinte minutos, pero para el Madrid parecía que solo quedaba uno. Agarró el partido por la tremenda y Marcelo lo empató de un derechazo desde fuera del área que tocó en Kompany. El conjunto madridista tradicionalmente se desempeña de maravilla en situaciones enfebrecidas, pero volvió a llover maná en medio del desierto para el City cuatro minutos después. Falta lateral aislada que bota Kolarov, bote manso y Casillas que se la tragó.
 
¿Jaque mate? Ni un minuto transcurrió hasta que el balón le llegó a Benzema en la frontal del área. De espaldas, se giró y con la zurda la puso en la base del poste izquierdo de Joe Hart. Así se las gasta un tipo con talento, sobre el que solo Mourinho sabrá el motivo de su suplencia. Para entonces, ya no había líneas ni repliegues, sino veintidós hombres en estruendosa carrera de un lado para otro. Y el balón llegó a quien no debía llegar, a Cristiano Ronaldo, en el perfil izquierdo del área. Buscó espacio y ángulo de disparo y Joe Hart, sobresaliente durante 89 minutos, se le ablandaron las manos en el último.
 
Ya no habría tiempo para más y el Manchester City acabaría siendo sentenciado de la manera más cruel posible pero con toda justicia, vistos sus méritos. Bálsamo temporal para el Real Madrid y para un Mourinho que por milímetros estuvo cerca de perder en lo que hubiera sido una derrota sonrojante por lo extravagante de su alineación. Poco consuelo hallará Mancini, que hizo presa de su equipo merced a intentar defenderse de principio a fin en los últimos cuarenta metros, como si de un equipo bielorruso se tratara y no del orgulloso campeón inglés.
 

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Juan Antonio Parejo