Toño Suárez

Liverpool juega con fuego (otra vez) en Villa Park

Buena primera media hora del Liverpol que controló con autoridad el encuentro. El Aston Villa se sacudió poco a poco el dominio visitante y mereció un mejor resultado. Mignolet otra vez decisivo para los intereses de los Reds.

 

Premier League

Aston Villa 0
Liverpool 1
Ficha técnica
0 – Aston Villa: Guzan, Vlaar, Okore, Luna, Lowton (El Ahmadi, 65), Bacuna, Westwood (Helenius, 83), Delph, Weimann (Tonev, 73), Agbonlahor, Benteke.
1 – Liverpool: Mignolet, Johnson, Jose Enrique, Toure, Agger, Gerrard, Aspas (Cissokho, 69), Coutinho (Allen, 83), Henderson, Lucas, Sturridge.
Goles: 0-1, m.21: Sturridge.
Las pistas que la Premier League nos va dejando pese a que llevamos solo dos jornadas (el Aston Villa tres debido al adelantado que jugó el pasado miércoles el Stanford Bridge) nos indicaban que el partido de esta tarde en Birningham era uno de esos que uno no puede permitirse el lujo de no ver: el Liverpool había dejado un buen sabor de boca tras su encuentro inaugural frente al Soke City y el Aston Villa había pasado por encima del Arsenal como una apisonadora en la primera jornada y mereció mucho más que una derrota en la adelantada contra el Chelsea. Presumible juego de control y toque contra juventud, ilusión, muchas ganas…y Benteke.
 
El partido, en su arranque, hizo honor a las expectativas iniciales: vimos lo que esperábamos ver. El Liverpool se defendía del empuje inicial de los locales de la mejor manera posible: con posesión de balón: si tú tienes la pelota y el contrario solo hace que perseguirla tu portería no se resiente y la contraria tiembla: una de esas perogrulladas que es más fácil decir y contar en pesadas charlas tácticas de entrenadores de nueva ola que plasmar en un terreno de juego: Rodgers empezó a conseguirlo ya la temporada pasada y, parece que en ésta, los alumnos progresan adecuadamente. Solo les falta entender que cuando pierden el balón hay que recuperarlo lo antes posible,cuanto más lejos de su área mejor, mediante una asfixiante presión en la que debe colaborar todo el mundo: desde el central hasta los falsos nueves: conceptos insignificantes…
 
El Aston Villa no le disputó la posesión del balón al Liverpool en la primera media hora del encuentro: le dejaba llegar con más o menos libertad hasta tres cuartos de la cancha, con Gerrard y Leiva repartiendo (Allen se quedó una vez más en el banquillo de inicio) a Sturridge, Coutinho y Aspas todos ellos con mucha movilidad y cambios constantes en su ubicación y ahí apretaba o, al menos, lo intentaba.: si conseguía el balón, salida rápida a la contra y si no…siempre quedaba rezar.
 
Fruto de lo sembrado por unos y otros llegó la hora de recoger la primera cosecha: galopada de José Enrique por la banda que culmina con un centro al corazón del área: Coutinho amaga con controlar el balón pero lo deja pasar y Sturridge, después de llevarse a consecutivamente a Luna, Okore y Guzan, perfora la meta local. Era el minuto 20 y por lo que se estaba presenciando en el terreno de juego todo hacía indicar que al Aston Villa se le iba a hacer el partido muy largo: craso error.
 
El Liverpool se gustaba: tocaba el balón con alegría, iba por delante en el marcador…la tarde era agradable, los pájaros cantaban y hasta es posible que las nubes se levantaran (dato por confirmar)…era una tarde tan perfecta, tan idílica que ni se dieron cuenta que poco a poco su método de defensa, el balón, empezaba a parar por lugares bastante más peligrosos para sus intereses que antes . Podríamos decir que el Liverpool extravió el balón más que afirmar que el Aston Villa se lo arrebató. Los “villanos” poco acostunbrados al uso y disfrute del esférico aporreaban la puerta de entrada de la defensa del Liverpool más que intentar abrirla con la llave, que era el balón. El ariete para derribar la fortaleza, Benteke… exquisiteces y juegos de salón en una baldosa, los justos.
 
El de Kinshasa, internacional con Bélgica, aglutinó los intentos locales por perforar la puerta de su compañero de selección: en el minuto 31 primer disparo a puerta sin mucha convicción; en el 40 y, tras un corner, recibe el balón de espaldas en el área acosado por Touré, se gira y golpea, luciéndose otra vez el portero de visitante: en el 43, Weimann dispara desde fuera del area y Mignolet se luce otra vez: si Brendan Rodgers hubiera tenido una toalla la hubiera arrojado al terreno de juego en señal de rendición: ni la tenía ni le hubiera servido de nada ya que, aunque el Liverpool estuviera al borde del KO, este gesto no tiene sentido en el fultbol y si el pitido del arbitro enseñando el túnel de vestuarios. Habrá que hablar con la International Board: nunca se sabe.
 
La segunda comenzó igual que acabó la primera: con un Liverpool hundido en su juego de toque, sin un plan “b” que usar para casos de emergencia y con un Aston Villa que empezó a pasarse el balón con un poco de intención cuando se dio cuenta de que no era una granada de mano de la que había que deshacerse con celeridad. Aun así, no había ocasiones claras de gol: algún ¡uyyy!, quzá algún ¡ohhh!, pero poco más.
 
Mal lo debió ver Brendan Rodgers: su equipo había pasado de rey a vasallo sin deshonra de por medio: así, a pelo; y claro: le dio miedo. El momento “amarrategui” planeaba por el estadio: fuera Aspas (muy correcto una vez más) y dentro Cissokho: lateral por delantero; eso sí: con truco: si este momento de flaqueza lo vistes como una forma de meter a Coutinho al centro y dejar a su nuevo lateral como “interior profundo e incisivo” metes el autobús igual…pero con mucha más clase. No hay que tenérselo en cuenta al bueno de Brendan: una mala tarde o un coagulo cerebral peregrino que se niega abandonarte, puede tenerlo cualquiera.
 
El Liverpool naufragaba y el Villa saltaba sobre su casco para asegurarse de que no reflotara: el el minuto 69 y tras un corner botado por Weimann Benteke conecta un remate de cabeza descomunal que Mignolet despeja con la vista. En el 74, un mal despeje de Kolo Touré es desaprovechado por Agbonlahor; en el 78 Tonev prueba desde fuera: Cissokho igual ya no era ni tan interior, ni tan profundo.
 
Si en el partido inaugural el fuego que se ocasiono así mismo el Liverpool lo apagó Mignolet tras detener un penalti a tres minutos del final y que hubiera supuesto la pérdida de dos puntos contra el Stoke en el de hoy, el ATS que hizo la primera cura tras el disparo en el pie que se hizo así mismo el Liverpool fue otra vez el belga: y es que ese regustillo que te deja ser el héroe de la película debe enganchar: en el 85 disparo a bocajarro de Benteke solo ante Mignolet que el cancerbero belga desvía a corner: el Liverpool, pese a la cura, se desangraba.
 
No dio tiempo para más. El Liverpool volvió a demostrar que, con posesión de balón, es un equipo bonito de ver, incisivo, alegre, de esos equipos que gusta ver y que ilusiona pero que, si alguien le discute la posesión del balón y se lo arrebata, es un equipo vulgar, con infinitas carencias defensivas que un equipo de los grandes, algo que aspira a volver a ser el Liverpool, aprovecharía sin compasión. Bipolaridad de guante blanco.
 
Y el Villa, por su parte, acabó el encuentro, una vez más, con la sensación de que volaron, al menos, dos puntos de Villa Park que, sumados a otros tres (que igual debieron ser dos) que volaron el Stamford Bridge hacen que un equipo con una clara apuesta por la juventud, esté un poco más abajo de lo que merece en la clasificación. Llegarán tiempos mejores a Birmingham.
 

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Toño Suárez