Alvaro Oleart

¿Panem et circenses? No, gracias

 
«El fútbol no es cuestión de vida o muerte, es mucho más que eso». Bill Shankly
 
El poeta romano Juvenal inventó la peyorativa expresión «Panem et Circenses», unas palabras que resumen a la perfección la relación actual de la sociedad con el deporte. ¿Qué valor tiene el deporte en la sociedad actual? Los diarios deportivos MARCA y AS están situados entre las 22 páginas web más visitadas de España y entre las 750 del mundo. La victoria de Rafa Nadal en la final de la Copa Davis fue vista por 4 millones de espectadores solo en España, batiendo a cualquier programa rival. La final de la Copa del Mundo de fútbol de 2010, de la que España salió campeona, fue la emisión más vista de la historia de la televisión.

 
¿Es positivo el hecho de que el mundo del deporte sea tan seguido, más incluso que cualquier debate político? Depende. Sin duda dice mucho de la sociedad en la que vivimos, gran parte de la cual (entre los que me cuento) ha perdido prácticamente la esperanza en la política, por lo que, fuera del trabajo, la máxima ilusión se centra en el deporte. 
 
No hay nada de malo en seguir el deporte, yo mismo soy un auténtico enfermo del deporte, pero nunca deberíamos perder la perspectiva de la realidad. El deporte es importante, pero no es lo más importante del mundo. Tal y como nos ha demostrado Gary Speed (el seleccionador galés que hace poco más de una semana se suicidó) y al contrario de lo que predicaba Bill Shankly, el deporte es mucho menos que una cuestión de vida o muerte.
 
El único caso en el que el deporte es mucho más que una cuestión de vida o muerte es precisamente cuando puede salvar vidas. Este caso se dio en la Copa del Mundo de rugby de 1995, cuando Nelson Mandela logró unificar los intereses de blancos y negros para que apoyaran a los «springboks» (la selección sudafricana de rugby). Así, no solo fueron campeones siendo a la vez los anfitriones, sino que también se consiguió mejorar la relación entre dos sociedades enfrentadas y evitar numerosas muertes.
 
Este caso no se ha vuelto a repetir y, lo peor, cada vez es más difícil que el deporte sea capaz de hacer algo parecido. Y es que, a pesar de que la final del pasado Mundial fue vista por toda España, la campeona, dicho país sigue igual de dividido en todos los sentidos. Como nación y como país, no contenta con las polémicas y disputas surgidas en el parlamento, España ha trasladado este belicoso clima al mundo del fútbol, donde ya se ha olvidado que el fútbol es para disfrutar.
 
Tanto en los bares como en las redes sociales cada vez se habla más de fútbol y menos de cosas verdaderamente importantes. Solo así se puede entender el suicidio de Gary Speed: ¿cómo sino se puede entender que un hombre que participaba constantemente en programas televisivos, que pasaba gran parte del tiempo con gente, con mujer e hijos; se suicidara sin que nadie notara algo extraño? No debemos dejar que su muerte haya sido en vano, quizá a partir de ahora debamos preocuparnos menos por el Manchester United y el Chelsea para empezar a invertir el tiempo en cosas que sí sean importantes, como lo son las personas cercanas a cada uno. 

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Alvaro Oleart