Carlos Martín Río

Previa 2013-14: Fulham

Esta temporada, la principal novedad en Craven Cottage no se encontrará sobre el césped sino en los despachos. Tras dieciséis años al frente de la institución, Mohamed Al-Fayed ha decidido desprenderse del club. Arranca una nueva etapa bajo las riendas del paquistaní Shahid Khan que desea mantener los mismos principios de ambición y sobriedad. El Fulham representa la ambición tranquila.

 
Posición la temporada anterior: 12º
Pronóstico para la próxima temporada*: 14º
Probabilidades de ganar la liga: 2000/1 (bet365)
 
Cuando Mohamed Al-Fayed compró el Fulham en 1997 por poco más de seis millones de libras, prometió que lo llevaría hasta la Premier League. Dicho y hecho. En los dieciséis años que ha durado su etapa al frente de la institución, el club se ha consolidado en la máxima categoría (a la que ascendió en 2001) gracias a un crecimiento sostenible, saneado, tranquilo, que se aleja del estruendo al que nos han acostumbrado algunos de los riquísimos propietarios de nueva generación que han ido llegando a la isla. Pese a su conocido gusto por la excentricidad y lo kitsch –capítulo aparte merece la célebre estatua de Michael Jackson- el empresario egipcio se marcha de Craven Cottage con una ovación unánime y satisfecho por el objetivo cumplido de haberle proporcionado un sitio fijo entre los grandes a este pequeño equipo de barrio que, sin desentonar en este circo global llamado Premier League, mantiene intactas las características tradicionales –casi folklóricas- propias del club más antiguo de la capital británica. Al-Fayed, de 84 años, decidió este verano cerrar el ciclo. Se desprendió de su joya por más de 150 millones de libras. La inversión, en todos los sentidos, ha sido redonda.
 
Así pues, la gran novedad de esta temporada que comienza al oeste de Londres no va a estar sobre el terreno de juego, sino en el palco y en los despachos del Cottage. Shahid Khan, el paquistaní más rico del planeta, que se hizo de oro con la industria automovilística y que también posee a los Jacksonville Jaguars de la NFL, asume el timón con la responsabilidad de cambiar las menores cosas posibles para no poner nerviosa a una masa social a la que le sobra desconfianza, realismo y conformismo.
 
Y lo cierto es que el año I d.A. (después de Al-Fayed, se entiende) se parece bastante a los cuatro o cinco anteriores. La aspiración máxima, sobre todo después de la experiencia maravillosa de 2010, tiene que ser volver a la Europa League. A la vez, el realismo dicta que lo primero que se debe asegurar es la permanencia, que el resto ya llegará si tiene que llegar. La mezcla de ambos valores, ambición y sobriedad, es la clave para que la nueva gestión goce de salud mental.
 
El técnico holandés Martin Jol, que cumple su tercera temporada al frente del equipo, tuvo problemas la campaña pasada para que el compás 4-2-3-1 por el que le gusta apostar sonara afinado. Tras un buen arranque, el equipo se fue desinflando e incluso llegó a temer por la permanencia. La bajas de Moussa Dembélé, Danny Murphy y, sobre todo, Clint Dempsey, hicieron daño. Lo peor es que, un año después, estos nombres aún siguen sin tener un sustituto claro. El belga y el inglés dejaron un agujero en el centro del campo que aún sangra. La voluntad de Steve Sidwell, la entrega de Giorgos Karagounis o la potencia de Mahamadou Diarra son determinantes, pero no aportan la clarividencia necesaria. La llegada esta temporada del ghanés Derek Boateng (Dnipro) ayudará a apuntalar las posiciones, pero no ofrecerá demasiadas variantes ofensivas. Las esperanzas en este sentido recaen sobre el marroquí Adel Taarabt, fichaje estrella que llega cedido del QPR. Si actúa en una posición más retrasada, en el doble pivote, podría contribuir a que la bienintencionada maquinaria de Jol, que apuesta por mandar y atacar con el balón, parezca un poco más engrasada. Pero seguirá faltando un mediocentro capaz de de mover el balón con criterio y dar ese pase certero. El mercado aún no está cerrado.
 
En ataque, las esperanzas siguen puestas en Dimitar Berbatov. Los goles del búlgaro (15 el curso pasado) son absolutamente imprescindibles. Es el amo y señor de la delantera. De su inspiración y, principalmente, de su compromiso con el proyecto depende el ansiado salto de calidad que abriría las puertas de Europa. Si Taarabt acaba actuando como medio centro, detrás de Berba veremos desenvolverse al artista Bryan Ruiz. El tico, que con cuentagotas ha ido dejando muestras de su extraordinaria clase, necesita hacerse notar con mayor asiduidad. En su tercera temporada debe explotar. Por su parte, Hugo Rodallega y Marcello Trotta ayudarán en lo que puedan en el capítulo del gol. Mladen Petric, no. El croata se ha marchado por la puerta de atrás tras solo una temporada en Londres.
 
En lo que a desborde se refiere, se espera mucho del joven sueco Alex Kacaniklic. Si la temporada pasada ya se sintió importante, en este curso tiene la oportunidad de pasar a ser imprescindible. Y más si tenemos en cuenta las dudas que despiertan el resto de jugadores de banda: los irregulares Ashkan Dejagah y Kieran Richardson y el eterno, aunque caduco, Damien Duff. En el capítulo de incógnitas siguen enquistados el eléctrico Kerim Frei y el mediapunta Patjim Kasami, dos futbolistas talentosos de los que se espera mucho pero que pronto –especialmente en el caso del segundo- empezaran a merodear por la delgada línea que separa la promesa del fracaso. Uno que está listo para dar el salto es el rápido y habilidoso guineano Buomesca Tue Na Bangna, Mesca para los amigos. Jol confía plenamente en él y puede ser una de las sorpresas de la temporada.
 
En defensa, la principal novedad ha sido la llegada del exfutbolista del Athletic Club Fernando Amorebieta. El central venezolano llega para reforzar una zaga donde Brede Hangeland, de 31 años, sigue haciendo horas extra. A su lado, Philippe Senderos nunca ha transmitido la confianza necesaria y la apuesta más segura sigue pareciendo la clásica combinación con Aaron Hughes. Amorebieta tiene una buena oportunidad para hacerse con esa posición que hoy pende de un hilo. En los laterales, destaca la continuidad del alemán Sascha Riether, cuya primera gran campaña como White le ha asegurado un sitio en la derecha. Al otro lado, nadie hace sombra a John Arne Riise, otro de los ilustres (y van unos cuantos) que ya pasa de la treintena. En el banquillo esperará su turno el emergente Matthew Briggs, que podría tener una oportunidad al fin tras un par de temporadas cedido alrededor de Inglaterra.
 
En la portería nos topamos con la gran novedad. El experimentado meta holandés Maarten Stekelenburg llega procedente de la Roma para ser titular, después de la marcha del veteranísimo Mark Schwarzer. El portero australiano, probablemente el mejor jugador del Fulham la pasada campaña, ha firmado su último gran contrato con los vecinos del Chelsea y ha dicho adiós evidenciando que el cambio generacional, por mucha resistencia que se oponga –la tendencia del Fulham a la conservación de los veteranos es clara- acaba siendo inevitable. Así pues, también se han marchado este verano jugadores que se colgaron la etiqueta de legendarios en el camino a la final de Hamburgo de 2010. Como Schwarzer, Chris Baird y Simon Davis ya son historia.
 
Cuando se abra el telón de la 13/14, acudirán a Craven Cottage los parroquianos de casi siempre. El río se irá enfriando con el paso de las semanas y les irá calando los huesos. Con suerte verán algún partido memorable, aunque saben que van a tener que sufrir uno o dos reveses de consideración. Si Jol da con la tecla, se ilusionarán al pensar en Europa, aunque si las cosas van tal y como se espera, se conformarán con quedar entre los diez primeros. Y con paciencia esperarán a ver a donde les llevan los aires de cambio que han empezado a soplar. Muchos lo observarán todo con escepticismo. Pero quizás, entre los murmullos, otros echarán la vista atrás y recordarán como, hace dieciséis años, el Fulham descubrió que la gloria no era para los grandes, sino para los valientes.
 
* Esta posición no es necesariamente la opinión del autor, sino la media de las personas que han escrito las previas.
 

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Carlos Martín Río