Ilie Oleart

Rodgers, ante su partido más especial

Brendan Rodgers se ha convertido en uno de los técnicos de moda del fútbol inglés. Con solo 38 años, ha guiado al Swansea a la Premier League con su fútbol de toque. Pero pocos recordarán que hace veinte años su camino se cruzó con el de Sir Alex Ferguson, al que se enfrentará este sábado. 

 
Cuando un equipo modesto asciende a la Premier League, posiblemente lo primero que buscan sus aficionados en el calendario es el partido en casa contra el Manchester United. En el caso del Swansea, ese encuentro tendrá lugar este sábado.
 
El técnico de los Swans, Brendan Rodgers, de solo 38 años, es consciente de la importancia del partido: “La ciudad y el club llevan años esperando este tipo de partido. Será una ocasión fantástica, con la pasión de nuestros aficionados y la confianza de nuestros jugadores. Para mí, se trata de enfrentarnos a uno de los mejores clubes del mundo, a un entrenador que es un genio y nosotros intentaremos sacar un buen resultado”.
 
Sin embargo, para Rodgers existe un elemento personal poco conocido que el propio técnico minimiza. Para el Manchester United, Irlanda ha sido tradicionalmente un terreno fértil en cuanto a fichajes se refiere. Basta con recordar nombres como los de Johnny Carey, Jackie Blanchflower, George Best, Sammy McIlroy, Paul McGrath o Denis Irwin. Durante unos años, a finales de los 80, el joven Rodgers soño con unirse a ellos. “Era el típico jugador irlandés, me detectaron a los 13 o 14 años y solía viajar hasta allí. Fue poco después de que Ferguson fuera nombrado técnico”. Un año mayor que Ryan Giggs, Rodgers no logró convencer a los técnicos y se trasladó a Reading.
 
En una entrevista realizada por The Independent, responde a la pregunta sobre si cree que Ferguson le recuerda. “No creo, no era lo suficientemente bueno para ser recordado. Llegué al Reading con 16 años y abandoné el fútbol a los 20. Me di cuenta de que no sería el jugador que quería ser y me pasé a los banquillos y dediqué mi vida a eso”.
 
Si Rodgers jugaba de la misma forma en la que entrena, es comprensible que no tuviera éxito. Simplemente, era un jugador adelantado a su tiempo. Fue su padre Malachy, que murió hace dos meses a los 59 años, quién le inculcó esa visión. “Le encantaba Brasil. Veíamos los partidos por televisión, no en directo, pero es algo que he heredado, la forma de ver el fútbol”.
 
«Jugaba como extremo o centrocampista, tenía más técnica que velocidad o potencia. Jugué en las categorías inferiores de Irlanda del Norte pero eran equipos hechos para defenderse y no tener el balón. No era ese tipo de jugador y no disfrutaba”.
 
“En Reading sucedió lo mismo y sentía que existía una forma mejor de jugar al fútbol. Es mucho más difícil preparar a los jugadores para jugar de ese modo que simplemente chutar el balón hacia arriba. Pero ese era mi objetivo como técnico, ayudar a los jugadores a ser mejores técnicamente y comprender el juego tácticamente”.
 
Rodgers se hizo cargo del equipo juvenil del Reading y luego de su academia antes de irse al Chelsea cuando llegó José Mourinho. “José quería alguien para implementar este tipo de fútbol europeo y yo era uno de los pocos técnicos británicos que tenían esa influencia y conocimiento. No me conocía personalmente, me recomendaron. Había muchas solicitudes pero posiblemente quería a alguien que siguiera sus pasos en forma de técnico joven trabajando en un gran club. José confió en mí y me dio la oportunidad. Fue una gran influencia para mí”.
 
Mourinho le colocó como técnico de los reservas y eso le permitió fichar por el Watford como técnico en 2008. Tras solo seis meses, se fue al Reading, donde fue despedido tras solo cinco victorias en 21 partidos. Algo que le dolió, teniendo en cuenta el especial afecto que sentía por el club que le había dado su primera oportunidad como preparador.
 
“Aprendí de aquello y me permitió ser el que soy ahora. Cometí errores pero básicamente no era un buen momento. Mi forma de trabajar no era lo que necesitaban entonces”.
 
Y entonces apareció un trabajo que le iba como anillo al dedo: el Swansea, ascendido desde la League One por Roberto Martínez jugando un fútbol de pase poco común en la categoría y consolidado por Paulo Sousa. Rodgers demostró pronto su olfato fichando a Scott Sinclair, que marcó 27 goles la temporada pasada, incluyendo un hat-trick en la final del play-off. Cómo no, contra el Reading.
 
La última vez que el United visitó al Swansea era diciembre de 1982 y el conjunto galés venía de finalizar su mejor temporada en la historia, acabando en sexta posición. Pero la mala gestión financiera acabó con el club en la Cuarta División. Tal vez por eso, el verano pasado, Rodgers decidió no fichar al internacional español Marcos Senna del Villarreal, por miedo a romper su estructura salarial y su espíritu de equipo.
 
«He hablado con muchos técnicos de equipos ascendidos. Lo que suele causar problemas es el dinero”, dijo. “Nosotros nos hemos centrado en mejorar las infraestructuras. Y el hecho de que los jugadores sigan relacionándose con el público les mantiene con los pies en el suelo”.
 
Tal vez Ferguson no recuerde a aquel joven irlandés que apareció por Manchester hace veinte años. Pero harán bien en no confiarse cuando se enfrenten al brillante técnico en el que se ha convertido.
 

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Ilie Oleart