Ilie Oleart

Sepp, ¿por qué no hablaste antes?

Joseph Blatter, el presidente de la FIFA, ha generado un enorme revuelo tras sus comentarios minimizando el racismo en el fútbol. Su teoría es que «todo lo que sucede en un campo de fútbol se resuelve después con un apretón de manos». ¿Por qué no se le había ocurrido a nadie antes? 

 
El presidente de la FIFA, un suizo llamado Joseph al que se conoce popularmente como Sepp, ha generado una enorme polémica tras declarar que «el racismo no existe en el fútbol» y que lo único que sucede, de vez en cuando, es que dentro del campo un jugador insulta a otro. Pero nada que no pueda solventarse con un «apretón de manos» una vez concluido el partido.
 
Dos cosas me llaman la atención. La primera, es que ahora nos rasguemos las vestiduras por los comentarios del mismo individuo que dirige la organización más corrupta del mundo desde que Lehman Brothers y Enron desaparecieron del mapa. La institución que gobierna Sepp es la misma que adjudicó las próximas dos Copas del Mundo a Rusia y Catar, un país donde la temperatura media máxima en verano supera los 40 grados y que tiene una extensa tradición futbolística. En 1981, su selección sub-20 fue subcampeona del mundo. Hasta ahí alcanza su historia balompédica.
 
Sepp dijo hace poco que, para aumentar la popularidad del fútbol femenino, las mujeres deberían llevar shorts más apretados. Bien pensado. De hecho, podrían jugar en bikini y con barro. Ah, no, espera, eso ya existe y creo que no es un deporte.
 
El amigo Sepp es un tipo de soluciones simples, pero efectivas. Alguien le dijo que los homosexuales lo tendrían difícil para ir a Catar a presenciar la Copa del Mundo. ¿Su respuesta? Fácil, que no vayan.
 
Y la segunda cosa realmente sorprendente es el egoísmo de Sepp. Su mensaje es que uno puede cometer cualquier acto y saldarlo con un apretón de manos. La de problemas que nos habríamos ahorrado si lo hubiera dicho antes. Antolín Alcaraz no tendría que cumplir tres partidos por escupir a un rival. Al final del partido le habría dicho: «Eh, perdona lo del escupitajo, fue sin querer, cosas del momento» y asunto solucionado.
 
Una duda. ¿Que pasaría en el caso de Eric Cantona contra aquel aficionado del Crystal Palace? ¿Se considera que aquel lance formaba parte del terreno de juego? Porque el pobre Cantona estuvo ocho meses sin jugar. Bastaría con que se hubiera disculpado con el señor al que le propinó una patada («Pegdón, fue sin quegeg, ya sabes, no soy un hombge, soy Cantona») y listo. Bueno, tal vez le debería haber compensado por las costillas rotas, pero ese ya es otro asunto.
 
El método Sepp de resolución de conflictos puede marcar un antes y un después. Extrapolemos su sistema a la Historia del siglo XX. Imaginen a Churchill llamando a Hitler: «Oye, Adolf, ¿qué pasa con Polonia?». Y Hitler: «Uy, perrrdón, ya sabes, uno se calienta y se le van los tanques». Apretón de manos y una guerra menos.
 
En fin. El día que Sepp deje de decir y hacer tonterías tal vez le llame Blatter.
 

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Ilie Oleart