Ilie Oleart

Suárez se extravía en el bosque

El mordisco de Luis Suárez a Giorgio Chiellini y la posterior sanción ha desatado tal furor mediático por parte de defensores y detractores que resulta complicado llegar a la raíz del asunto: un hombre sumido en graves problemas que un traspaso difícilmente aliviarán. 

 
“Los árboles no te dejan ver el bosque” reza la expresión en español. Pues bien, en pocas controversias actuales existen tantos árboles como en el caso Luis Suárez.
 
Tras el mordisco del jugador uruguayo al italiano Giorgio Chiellini, los medios sensacionalistas ingleses se lanzaron sobre Suárez cual felinos sobre una presa herida. Sus homólogos uruguayos no tardaron en reaccionar y denunciar una campaña orquestada desde Europa para presionar a la FIFA y obligarla a condenar al astro sudamericano. Las reacciones posteriores a la sentencia del máximo organismo mundial han sido todavía más virulentas, siguiendo una espiral que ha dejado retratados a todos los involucrados.
 
Tratemos de olvidar los fanatismos y analizar el caso con frialdad. Comencemos por los hechos.
 
Durante la temporada, los medios ingleses sin excepción se han rendido al talento de Suárez. Ha comandado a su equipo, el Liverpool, hasta la zona alta de la tabla y fue votado por sus compañeros (PFA) y por los periodistas ingleses (FWA) como el mejor jugador del año. ¿Denota eso animadversión contra él? Todo lo contrario. Suárez parecía rehabilitado y así lo reconocieron los medios.
 

La FIFA es una entidad corrupta. Sí. ¿Qué tiene eso que ver con Suárez?

La prensa inglesa vilipendió a Suárez después del mordisco, no antes

Tras la victoria uruguaya ante Inglaterra, el comentario fue unánime: “Ojalá Suárez fuera inglés”. Otra de las frases más recurrentes fue: “Si Rooney fuera uruguayo y Suárez inglés, Inglaterra habría emergido victoriosa”. Una vez más, reconocimiento del talento del uruguayo, sin síntoma alguno de animadversión. Suárez se había convertido en uno de los protagonistas del Mundial con un solo partido.
 
Pero su carácter acabó por traicionarle una vez más. Con 0-0 en el marcador y Uruguay eliminada, Suárez perdió los nervios una vez más y mordió a otro jugador por tercera vez en su carrera. Pegarle un bocado a un rival es insólito. Hacerlo tres veces denota un problema psicológico grave.
Tras el incidente, los medios uruguayos se prestaron a negar lo ocurrido a pesar de la existencia de imágenes más que esclarecedoras del lance. Desde el capitán Lugano hasta el entrenador Tabárez pasando por el presidente del país, todos negaron la mayor. No solo quedaron en evidencia sino que le hicieron un flaco favor a Suárez.
 
Los tabloides ingleses hicieron leña del árbol caído. Suárez y su entorno acusaron el verano pasado a la prensa inglesa de hostigar al jugador y de obligarle a abandonar el país. Cuando surgió la oportunidad de vilipendiar a Suárez, algunos medios no la desaprovecharon.
 
La FIFA sancionó a Suárez con nueve partidos y cuatro meses sin jugar en su club. Pocos discutirán que la primera parte de la sanción es más que proporcionada considerando los antecedentes de casos similares en Copas del Mundo y los de Suárez en este tipo de controversias. La segunda parte ya no es tan justificable. ¿Por qué el Liverpool debe verse privado de su máxima estrella durante más de diez partidos por una tropelía cometida con otro equipo durante una competición en la que no participa? Y en este caso, ¿por qué el club de Anfield no puede recurrir la sanción?
 

La defensa a ultranza orquestada desde Uruguay le hace un flaco favor

Han llegado incluso a recordar el gol fantasma de Hurst en 1966

En Uruguay se ha desatado una ola de odio hacia la FIFA. Ahora muchos recuerdan la muerte de trabajadores en Catar o las prácticas mafiosas de la organización. Pocos durante el Mundial se acordaron de eso. Y en todo caso, poco tiene que ver con Suárez. Como la extemporánea referencia al gol fantasma de Geoff Hurst en la final de 1966 que algunos medios uruguayos han recordado estos días, obviando la deteriorada relación entre FIFA y FA. Precisamente, la federación inglesa es de las pocas en el mundo que ha plantado cara a la FIFA y a sus opacas prácticas.
 
Dos interrogantes se plantean ahora. En primer lugar, cuál será el destino de Luis Suárez la próxima temporada y, en segundo, qué será de su carrera.
 
El Liverpool es consciente de que Suárez es su mejor jugador y que difícilmente encontrará otro igual (el caso de Gareth Bale y los Spurs está todavía muy fresco). Pero tras defenderle a capa y espada cuando se produjo el mordisco a Ivanovic, cuando hizo la peineta al público de Craven Cottage o cuando fue condenado por racismo, la paciencia comienza a acabarse en Anfield. Sus salidas de tono contribuyeron a acabar con Kenny Dalglish y Brendan Rodgers se pregunta si no ha llegado el momento de dejarle marchar. Una oferta de 80 millones de euros podría ser tentadora para el club de Anfield.
 
Pero lo más importante aquí es ¿qué hacemos con Suárez? La defensa a ultranza y la negación total desde Uruguay no le están ayudando. Igual que cuando un entrenador culpa de una derrota al árbitro y se niega a reconocer las carencias de su equipo, la negación que rodea a Suárez le impide ver el problema. Y si no lo ve, no lo puede arreglar. Desde Barcelona se apunta a que el Barça podría incluir una cláusula anti-mordiscos en el contrato de Suárez. Una protección legal para el club que poco hará en beneficio del jugador, más allá de dejarle sin sueldo cuando vuelva a las andadas. Suárez es el mejor jugador de la Premier League y uno de los mejores del mundo. Pero sobre todo es un ser humano que ha mordido a un rival en tres ocasiones. Y necesita ayuda.
 

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Ilie Oleart